EL REGRESO DE JANE | PARTE 2

2222 Words
Jane Smith se despertó muy temprano aquella mañana y a pesar de no haber dormido casi nada una enorme sonrisa se dibujó en su faz mientras se estiraba sobre la cama. Las mantas se aferraron a su cuerpo y rio con fuerza al recordar la fecha: el día había llegado. Jane Smith había esperado 7 años, 7 largos años para regresar a Estados Unidos. No era que odiase España, era una país realmente bello: sus pintorescas calles, su música, su arte, la gente, pero nunca se sintió parte del lugar. Su corazón nunca estuvo por completo en Madrid, mucho menos en Sevilla o Barcelona. Su corazón siempre la esperó en Estados Unidos junto al hombre que amó de niña y al que nunca olvidó. Un hombre prohibido. Se paró de golpe y corrió al baño para cepillar sus dientes antes de darse una larga y relajante ducha. Cantó alegremente como si fuera una gran artista bajo el chorro de agua fría e imaginó el ansiado re encuentro. Se imaginó a sí misma como la princesa del cuento de hadas que finalmente llegaba a la ansiada cita con su príncipe azul. Ahí estaba él, el mejor amigo de su madre, con los mismos ojos azules profundos y enigmáticos que tanto amaba. Su sonrisa amplia y blanca. Su anillo en la mano izquierda y aquél arete azul brillando en su lóbulo. Le vio exactamente igual que hacía siete años atrás cuando la dejó en el aeropuerto, cuando en un arranque infantil decidió confesarle al hombre 18 años mayor sus sentimientos. No se quedó lo suficiente para ver la reacción de German, no se quedó lo suficiente para saber si era o no correspondida. Era apenas una joven de 16 años que temerosa corrió hacia la puerta que la llevaría a abordar su avión a España. No quería ser rechazada. Sentir el rechazo del hombre que llevaba amando desde muy niña le rompería su corazón por completo. Ella quería conservar su corazón intacto, deseaba mantener la esperanza de que algún día, al igual que en su más locos sueños, German White sería su esposo, el hombre con quién formaría una bella familia. Sus mejillas se sonrojaron bajo el agua y en cuanto terminó de ducharse fue nuevamente a su recámara. Su maleta ya estaba lista. La había hecho con tantos días de anticipación. Había sacado y metido el contenido una y otra vez en un intento de memorizar lo que llevaba que perdió la cuenta. Realmente no tenía muchas cosas y lo poco que tenía lo había vendido hacía poco más de un mes. Lo único que extrañaría, tal vez, era al gato de su vecino que de vez en cuando se colaba por su ventana para saludarla. Copo de nieve era un gato enorme, gordo y cariñoso. Ojalá Copo de nieve fuese suyo y pudiera llevarlo de vuelta a casa. Al pensar en "casa", Jane supo que no se refería a Estados Unidos como su casa sino a German. Ese hombre era su casa y su hogar estaría a donde quiera que él fuera. Poco importaba si German no lograba corresponder su amor. Ella ya se había fijado la meta de conquistar a su primer amor; usaría todo lo que estuviera a su alcance para que el hombre cayera rendido a sus pies. Pero si no ocurría, entonces... sí, Jane ya lo había pensado. Existía la posibilidad de que German nunca la amara, que ni siquiera la deseara, incluso podría odiarla. Bien, Jane le seguiría amando. Jane estaría cerca de él porque al menos verlo le haría feliz. Él era su hogar y eso nunca cambiaría. En cuanto estuvo vestida un maullido desvió su atención y giró hacia la ventana sonriendo amplio al ver a su gordo visitante. —Copo de nieve —exclamó alegre tomando al gato entre sus brazos—. Creí que no vendrías a despedirte. ¿Me extrañarás? Un maullido por parte del gato pareció confirmar la respuesta del felino. —Oh, yo también te extrañaré mucho. Promete que cuidarás a tu amo, ¿vale? Ese tío ya está bastante viejo y te necesita más que yo. El gato maulló de nueva cuenta. —Pero no te preocupes seguiremos siendo amigos, seremos amigos por siempre. Mientras hablaba sus dedos se deslizaban amorosamente por la cabeza del felino y sus labios daban dulces besos a sus orejas. —No debes temer, soy una persona que siempre cumple sus promesas. Además, mi corazón puede albergar a las personas por mucho tiempo, algo así como para siempre. El gato comenzó a ronronear y Jane acompañó el sonido con una dulce risa. Con cuidado lo dejó sobre el suelo y caminó hacia su alacena sacando el último sobre de comida para gatos que tenía allí. Tomó el platito de Copo de Nieve que ella misma le compró y no dudó en alimentarlo. El gato comió con gusto. —Ojalá pudieras venir conmigo, Copo de Nieve —suspiró—. Suelo llevarme mejor contigo que con el resto de los seres humanos. Además, estoy segura de que amarás a German, él también es como un gato —habló risueña, con sus ojos brillando ante la imagen del hombre—. Es muy parecido a ti, solo que tú eres un gato y él es algo así como un tigre blanco. Se rio de sus propias palabras y solo salió de sus pensamiento cuando el teléfono móvil sonó. Respondió sin ver la pantalla. —¿Sí? —Jane. La chica escuchó la voz de quien menos quería escuchar ese día. Rubén, su ex novio o ex casi algo. Realmente no sabía ni qué era o había sido el chico. Fueron compañeros en la universidad y se hicieron amigos, tan amigos que a sus espaldas él comenzó a decir que eran pareja. Cuando Jane se enteró no le dio importancia, siempre había sido respetuoso con ella y parecía estimarla, así que lo dejó pasar. Hasta que un día la besó. Aquel fue el inicio del fin. Jane Smith jamás le perdonaría haber sido besada. Sus labios y toda ella pertenecían a German White. La palma abierta de Jane había ido a parar a la mejilla de su amigo. "—¿Qué te pasa? —Cuestionó con molestia. —¿Qué te pasa a ti? —Gritó la chica tomando sus cosas de inmediato. Estaban en una banca del Instituto—. No puedes ir besando a la gente así como si nada —habló desesperada tallando sus labios con desesperación. —¡Eres mi novia! —¡Estás loco, Rubén! Tú y yo no somos nada, nunca lo hemos sido. Mientras hablaba comenzó a alejarse del chico. —¡Lo somos! Todos lo saben. Nunca lo has desmentido —argumentó mientras la seguía. —Solo lo dejé pasar porque eras mi único amigo. —¡¿Qué?! La tomó ferozmente del brazo obligándola a girarse y mirarlo de frente. —¿Me usaste? —¿De qué estás hablando? —Sí, Jane. ¡Me usaste desde el principio! Tú sabías que yo estaba enamorado de ti y solo te aprovechaste de eso. ¡Bárbara tenía razón? Jane arqueó una ceja confundida. —¿Qué tiene que ver Bárbara en esto? —Ella me lo dijo —se echó a reír sin soltarla—. Fueron tantos los que me lo dijeron... Incluso mi padre. No puedo creerlo. ¡Me usaste! —Yo no te usé, Rubén. Yo siempre fui sincera contigo, sabes que mi corazón le pertenece a alguien más. —¡Estás loca, Jane Smith! Tu padrino nunca va a amarte. Es un hombre que te lleva casi veinte años, ¡prácticamente te dobla la edad! —Gritó agarrándola con mucha más fuerza. A ese punto más personas se acercaron a ver lo que ocurría. —¡¿Y eso qué?! —¿Te estás escuchando? No estás bien, Jane. —No, tú no estás bien, Rubén. ¡Sueltame! Me estás lastimando, j***r. —¡Rubén, pará! —Se escuchó la voz de Camila quien pronto llegó hasta ellos. Era su compañera de clase—. ¿Pero qué coño te pasa? ¡Suéltala! Gracias a Camila la mano de Rubén dejó de apresar a Jane y la chica finalmente pudo sobarse la zona enrojecida donde los dedos del chico quedaron marcados. —¡Estás loco! —Continuó gritando Camila. —¡Fue su culpa! Ella jugó conmigo, ¿entiendes? —¡Nada justifica que la trates así! ¿Eres gilipollas o qué? —Solo vete a la mierda y desaparece, Rubén —murmuró Jane huyendo del lugar." Las cosas no salieron bien después de eso. Rubén se encargó de hablar mal a todos de Jane, diciendo que ella se había aprovechado de él para hacer sus prácticas universitarias en la empresa de comunicaciones de su padre. Incluso llegaron a esparcirse rumores de que Jane y Rubén habían mantenido relaciones sexuales, haciendo quedar a Jane como la mala de la historia. Ella no sabía hasta donde Rubén era realmente responsable de esparcir tales chismes. Finalmente, la gente solo quería un poco para inventar historias sin parar. Ese fue uno de los motivos por los cuales Jane decidió adelantar su viaje de regreso a Estados Unidos, incluso a un semestre de acabar la carrera. Eso, aunado a una revista de chismes donde se rumoraba que German White estaba saliendo con una guapa modelo. Sí, Jane despertó una mañana y se dijo a sí misma que era tiempo de volver a Estados Unidos. Se comunicó con su madre, reservó su boleto y allí estaba, feliz y con todo listo para su regreso. También allí estaba Rubén a través del auricular. A quien menos quería escuchar. —No me cuelgues —se apresuró a suplicar el chico—. Por favor... —Justo eso haré. —Jane, por favor. —Dame una razón para no hacerlo, Rubén. —Sé que te irás. Solo quiero despedirme. —Te escuché, adiós. —¡JANE, LO SIENTO! —Gritó apenas un segundo antes de que la joven colgara—. ¡Lo siento! Fui un tonto, no sé qué me pasó. Fue el orgullo, fue... —Adiós, Rubén. Colgó. No tenía ganas de arruinarse el día con ese tema. Solo necesitaba pensar en la sonrisa del hombre que amaba y en esos ojos en los que quería perderse una vez más. Deseaba sentir su aroma, su tacto y sus labios... sí, sus labios. Era demasiado pequeña aquella vez que sus labios se rozaron por una fracción de segundo. Quería probarlo de nuevo. El solo pensamiento la enrojeció de golpe. Copo de Nieve maulló regresándola a la realidad. Se había terminado su alimento y ahora lamía sus patitas de forma graciosa. Jane no dudó en tomarle un par de fotografías más, le cargó e hizo una selfie de ambos. Luego suspiró y, tras lavar su plato, decidió llevarlo de vuelta a casa de su dueño. Llamó a la puerta y don Javier abrió tras unos minutos de espera. —Oh, señorita Jane. Copo de Nieve, ¿otra vez molestando a los vecinos? —No es molestia, don Javi —sonrió la chica—. Sabe que Copo de Nieve alegra mis días. Mire, aquí le traigo de vuelta, también el plato donde le doy de comer y su pequeña pelota. El anciano tomó al gato y los objetos que Jane le entregó consigo. —Cierto, ¿te irás? La chica asintió. Era mucho más blanca que el resto de chicas españolas, sus ojos y el acento al hablar siempre dijeron al mundo que no pertenecía a ese lugar. —Regresaré a Estados Unidos. —Eso escuché decir al portero esta mañana, pero no pensé que sería tan pronto. —Llevo un par de semanas preparándome para el viaje. El anciano sonrió con amabilidad. —Espero que la próxima inquilina sea tan educada como tú. No como esas personas que maltratan a Copo de Nieve. Jane rio. Entendía que para muchos que un gato se colara en su departamento podría ser un problema, pero nada justificaba el maltrato. Además, el señor Javier era bastante grande y Copo de Nieve era su compañero, no su prisionero. Le costaba trabajo vigilarlo todo el tiempo. —Seguro que todo estará bien. De cualquier forma, cuide mucho de Copo de Nieve, ¿de acuerdo? Y cuídese mucho, señor Javier. —Igualmente, niña Jane. Igualmente. Mucha suerte. Intercambiaron unas palabras más a modo de despedida y tras ver cómo la figura del anciano se perdía con el gato al interior de aquel departamento, Jane decidió regresar al suyo. Aún tenía que poner en orden su bolso de mano, comer algo e ir al aeropuerto. Su papá le dijo que tomara un taxi, no estaba de acuerdo con que Jane dejara la Universidad, así que no la apoyaba con su loca idea de volver a Estados Unidos. A ella no le importó. Un taxi estaría bien. Solo mandó un mensaje a su madre para confirmar su arribo. El mensaje que tanto esperaba llegó. Jane nunca pudo estar más feliz con aquel w******p. Nunca fue tan feliz al leer a su madre: [Nat Smith] >> Está todo listo. German irá por ti al aeropuerto. Te veo en casa. La joven sonrió. —Oh, German White... Jane Smith está de regreso.
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