Luego de aquel desvergonzado momento frente al lago regresamos al pueblo con bastante calma, en realidad parecía que no deseábamos llegar a nuestro destino, teníamos su yegua como transporte, pero estábamos caminando y charlando mientras la yegua nos seguía de cerca.
Me gustaba el poder conocerlo un poco más, él me contaba sobre su familia, mencionando que su padre era un antiguo soldado que se retiró antes de llegar a convertirse en Coronel, esto debido a que se casó con una mujer de otro lugar.
Yo escuchaba con atención como el Coronel Conrad hablaba sobre el matrimonio de sus padres, sorprendiéndome por la decisión que tomó su padre en el pasado sólo por estar con ella, ¡renunció a ser Coronel! Sólo debía aceptar el título oficialmente frente al rey, sin embargo, días antes de la ceremonia presentó su renuncia, aceptando en el proceso sólo ser un soldado.
Sonaba como una historia digna de contar con orgullo, yo estaba fascinado por oír al Coronel hablando de sus padres, ya que los míos no se amaban, ni siquiera se casaron, nací fuera del matrimonio, lo que me hizo recibir desalentadores comentarios por parte de la gente, quiénes aseguraban que era un pecado tener un hijo fuera de un matrimonio consagrado por la iglesia.
Recuerdo que en el pueblo en el que nací, la gente me solía llamar "Demonio" y hasta me lanzaban piedras o cualquier objeto que tuviesen a su alcance, esto debido a que ellos aseguraban que los niños nacidos fuera del matrimonio eran hijos de demonios.
Era cosa de creencias, ya que en este pueblo eso es algo que no he visto mencionar, o también puede que sea debido al hecho de que no he visto a una mujer soltera y embarazada.
Por esto mismo me encantaba oír sobre sus padres, el Coronel no lo contaba con mucha motivación, de hecho, cuando dije "Qué romántico" acompañando mis palabras con un suspiro, él carcajeó diciendo "No tiene nada de romántico"
—Pero fue un hombre que renunció a su posición como futuro Coronel para estar con la persona que amaba— le decía con emoción— ¿no le parece romántico?
—No, actualmente mi padre y mi madre pelean hasta porque sale el sol— me respondió riendo.
—¿Por qué?
—No lo sé, cuando pregunté, mi padre dijo que ese era su modo de entretenerse.
—¿Entretenerse? —pregunté confundido.
—Claro, mis padres ya tienen una edad, es natural que luego de 35 años de casados quieran buscar un nuevo modo de entretenerse— me fue explicando con una sonrisa.
—Pero entonces no lo hacen con maldad, simplemente están jugando...
—Bueno, no lo sé, cuando voy de visita los libros que mi madre le lanza a mi padre me parecen bastante maquiavélicos.
—¿Entonces usted no haría algo así por amor? —pregunté curioso.
—No— respondió riendo— sería estúpido reiniciar a mi posición como Coronel, me ha costado llegar aquí, he tenido que competir con muchos ancianos con medallas y sin duda, sería humillante irme cuando todos ellos aseguran que "El jovencito no tiene lo que se merece"
—¿Hay mucha rivalidad?
—Sí, todos los soldados son competitivos, pero los de alto mando sin duda son capaces de cualquier cosa para sobresalir frente al rey— me fue contando mientras su rostro se volvía más serio— soy el Coronel más joven, fui elegido tras salvar la vida del príncipe heredero en una batalla campal.
—¿Cómo un regalo de agradecimiento?
—Sí, exacto, por lo que pasar de capitán de escuadrón a Coronel, fue algo que molestó a muchos tenientes, sargentos y demás soldados— me respondió deteniendo su paso un instante— realmente detestaba como me miraban, así que me convertí en el mejor para humillarlos en cada oportunidad en la que ellos lo intentaban— añadió con una sonrisa juguetona en sus labios— eso me dio un bonito hogar, cenas con el rey, invitaciones a hogares que usualmente no sería invitado, incluso pude comprar un terreno para que mis padres vivieran cómodamente, aunque rechazaron a los sirvientes, si conocieras a mi madre, te sorprendería lo terca que puede llegar a ser.
—¿Quiere hacer todos los quehaceres del hogar por su cuenta?
—Sí, ella dice "Es mi marido, yo debo atenderlo" aunque siento que en realidad no quiso sólo para poder pelear con mi padre sin que otros la viesen— me decía mientras reía.
—Debe ser una buena mujer...— murmuré tratando de imaginar en cómo sería físicamente.
—Hmm...—soltó haciendo una mueca de "No sabría decirte"— supongo que fue una buena madre, aunque siempre nos sorprendía su puntería, es sin duda mejor que muchos arqueros de este reino, ¡tiene una puntería increíble! Cada que estábamos haciendo alguna travesura, su zapato golpeaba nuestras cabezas aun cuando ella estaba a varios metros de distancia, incluso a veces me llegaba un golpe "Por si acaso" —contaba con una sonrisa, recordando su infancia con ternura— cuando me quejaba al llevarle su zapato de regreso, me decía "Estabas muy callado, seguramente estabas haciendo algún destrozo"
—¿Y lo estaba haciendo?
—No, era un niño tranquilo, pero como mis hermanos eran unos diablillos, ella asumió que todos lo éramos.
No podía evitar centrar toda mi atención en él al escucharlo hablar, me resultaba fascinante oír como su infancia parecía estar llena de calidez, no importaba si su madre era ruda con ellos, es obvio que lo hacía porque se preocupaba por sus hijos y deseaba que se convirtieran en hombres de bien.
El Coronel tiene 10 hermanos, son 6 hombres y 4 mujeres, aunque el Coronel es uno de los menores y el último integrante es una joven de 15 años.
La mayoría de sus hermanos y hermanas están casados, él sólo mencionó a 4 (incluyendo a la joven de 15 años y a él) que aún no se casaban, aunque sus hermanos estaban por hacerlo pronto.
—¿No ha pensado en casarse?
—Todavía no, aunque hay unos ojitos azules que me hacen planteármelo— comentó viéndome con una sonrisa que me logró sonrojar.
Me hacía feliz oírlo decir aquello, pero yo sabía que no era una buena opción para él, por un lado, porque soy un chico y obviamente no podría ocultarlo por siempre, mientras que, por otro lado, sabía que si escuchara mi pasado sin duda se alejaría.
No pertenezco a una familia, ni siquiera sé que se siente tener un hermano y ser regañado por una madre, la mía era indiferente conmigo, me daba órdenes y ni siquiera me llamaba "Hijo"
Ella jamás permitió que yo la llamara "mamá" y cada que lo hacía, me golpeaba fuertemente la boca diciéndome entre gritos histéricos "¡No me llames así!"
Para variar tampoco podría darle hijos y en la actualidad, un matrimonio sin hijos es algo que muchos juzgarían...
Gracias a esto sé que no puedo enamorarme de él, no sería correcto, dañaría su reputación y debido a lo que escuché sobre aquellos sargentos y comandantes, seguramente el Coronel Conrad sería material de burla si llegasen a enterarse de que se casó con alguien como yo...
Por supuesto que como ahora lo nuestro se centra en lo físico, una vez llegamos al bar subí a mi habitación para limpiarme y cambiarme.
Él guardó sus cosas en una de las habitaciones que le facilitaron, creo que también se bañó, ya que al bajar se había cambiado de ropa y estaba compartiendo cervezas con sus hombres.
A mí me dejaron de mesero, estaba de un lado a otro sirviendo jarras de cervezas, mientras en ocasiones algunos clientes me trataban de seducir, incluso otros idiotas deslizaban su mano por mi trasero, añadiendo un "Qué bonita mercancía"
A esa clase de sujetos les servía con rapidez y me iba del mismo modo, era desagradable como hablaban, aunque cuando debía servir a los soldados donde el Coronel estaba, lo hacía con bastante lentitud y constantemente miraba a quién yo consideraba el más guapo de todos.
—¿Por qué no te quedas un rato? —me preguntó tratando de abrirme espacio para que me sentara con ellos, del mismo modo que hacían mis compañeras quienes estaban sentadas en las piernas de algunos soldados.
Ellos estaban jugando cartas, había dinero sobre la mesa y era evidente que todos deseaban ganarse el premio mayor.
—Lo siento, debo servir las mesas— me disculpé viéndolo con tristeza.
—No creo que te regañen si te quedas un ratito con nosotros— me trataba de convencer.
—Dentro de media hora estaré libre— anuncié dedicándole una sonrisa.
—¡Hey, muñeca, trae otra cerveza! —me gritó uno de los sujetos que yo consideraba desagradables.
Yo miré al Coronel dedicándole una mirada cansada antes de retirarme e ir a buscar otra cerveza para servirle, el sujeto estaba sentado con la espalda apoyada en la pared y con las piernas abiertas, este miraba en dirección a la mesa de los soldados mientras yo tomaba su jarra vacía y escuchaba los horribles comentarios de sus amigos.
—Malditos soldados, se llevan a las mujeres más bonitas— se quejó uno de ellos.
—Por eso prefiero beber, seguramente ellos le dan dinero extra y no tengo plata suficiente como para competir— añadió otro.
—¿Y si pagamos por una? —preguntó aquel que estaba casi desparramado en la silla, con la espalda apoyada en la pared— la podemos compartir entre los cinco — añadió viéndome con ojos lujuriosos.
Yo los miré con asco, queriendo retirarme cuanto antes, sin embargo, aquel sujeto me tomó del brazo y se atrevió a deslizar su mano por mis muslos desnudos, diciendo "Usemos a esta, está bonita y ese Coronel parecía tener interés en ella"
—Suélteme— dije tratando de alejarme de su agarre.
—Sí, me gusta, aunque no tiene tetas.
—Pero tiene un buen culo— añadió otro, levantándose de su asiento para ponerse por detrás de mí y acorralarme contra la mesa.
Yo intenté escapar, pero entre todos me sujetaron y aquel que ideó esto, me puso sobre la mesa con las piernas abiertas, deseando romper la prenda que cubría mi pecho, sin embargo, sus manos se quedaron quietas en los tirantes, ya que tenía una espada cerca de su cuello.
Era el Coronel, este estaba apretando su cuello con su brazo izquierdo, mientras que con el derecho mantenía la espada firmemente empuñada, rozando suavemente el cuello de aquel hombre.
Hasta ahora nunca había visto al Coronel tan serio, sus ojos tenían una expresión intimidante que me hacía pensar en que se trataba de otra persona, además le hablaba entre dientes a su víctima, como si se estuviese controlando.
—Quita tus asquerosas manos de ella— le ordenó.
—Es una puta, está aquí para servirnos, ¿o es que acaso crees que has sido el único en usarla?
—No lo repetiré de nuevo— le dijo, acercando la espada incluso más que antes, dejándome ver como un fino hilo de sangre estaba bajando por su cuello.
Por supuesto que los otros cuatro sujetos abrieron espacio para alejarse de mí, alejando sus manos de mi cuerpo, algo que también hizo aquel sujeto que parecía querer desafiar al Coronel, sin embargo, antes de que la situación se volviera más complicada, la señora Paulina se acercó y echó a los sujetos quienes una vez fueron forzados a pagar, se marcharon refunfuñando.
El silencio del lugar me ponía nervioso, sobre todo porque el Coronel no apartó la vista de aquellos sujetos hasta que salieron del local, sólo entonces guardó su espada y se giró, deslizando su mano por mejilla, mientras la señora Paulina daba la orden de continuar con la música.
—¿Estás bien? —me preguntó buscando mi mirada, flexionando un poco sus rodillas para quedar a la altura de mis ojos.
—Lo siento...— me disculpé.
—No es tu culpa, no debes disculparte— me dijo viéndome con ternura— ve a mi habitación, yo hablaré con tu jefa.
—Pero no quiero causar problemas...
—Le diré que estoy pagando tu servicio, no se opondrá frente a eso— me aseguró, antes de besar mi frente— ve, iré enseguida.
—Está bien...— accedí retirándome tal cual él me pedía, deslizando en el proceso mis manos por mi desnuda piel, abrazándome a mí mismo.