Capítulo 6: intocable

2355 Words
...Centrado en el Coronel... Una vez Charlie se retiró, el Coronel miró a sus hombres, quienes inmediatamente salieron del bar, dejando a 3 de ellos en su interior para que la dueña no fuese a creer que planeaban irse sin pagar, aunque ella era lo suficientemente inteligente como todos los presentes como para saber que los soldados no salieron armados sólo para tomar aire. Aquel sujeto estaba celoso del trato que recibían los soldados, él sabía que jamás podría competir contra ellos, era un sujeto de una ciudad lejana, pero que odiaba por donde quiera que iba a los guardias y soldados del reino, ya que a él nunca le permitieron ser parte de ellos. No tenía lo suficiente como para pasar las pruebas de selección, actuaba y luego pensaba, por lo mismo, las pruebas en las que involucraba pelear, él atacaba sin pensar en sus puntos débiles y eso lo hacía fallar, además había una altura establecida y él no la tenía. Sus amigos maldecían a la mujer que había causado todo este alboroto, sin saber que se trataba de un hombre, de hecho, hablaban de él como si fuese algo que debían poseer, incluso si no se lo permitían. Eso los llevó a decir "Podemos abordarla cuándo salga" creyendo que aquella bella chica vivía lejos del recinto. Lo que ellos no sabían es que el Coronel y sus hombres los seguían con sigilo de cerca, no era difícil escuchar lo que ellos hablaban, ya que hablaban bastante fuerte y eso les facilitaba oír incluso si estaban lejos. No podían atacarlos en plena calle, sino que se esperaron a que entraran en el bosque, donde el Coronel les ordenó a sus hombros a rodear el perímetro donde ellos se instalaron cerca de un riachuelo. Cuando el Coronel apareció frente a ellos, los cinco hombres sacaron sus armas imaginando que había venido solo, sin embargo, soltaron sus armas cuando vieron a su alrededor, sabiendo que contra 7 soldados no podrían pelear. —Ya la solté, ¿qué más quieres? —le preguntó aquel sujeto que comenzó todo— no es para tanto, aquella prostituta de igual modo será mía— añadió haciendo un gesto obsceno con sus manos, aunque antes de que pudiese meter su dedo en el orificio que estaba creando, el Coronel dejó caer su espada con un movimiento rápido y limpio sobre sus muñecas, cortando sus manos. La sangre salpicó el suelo, pero el Coronel se movió antes de que pudiera ensuciarse, escuchando sus gritos, mientras a sus acompañantes los demás soldados les cortaban la garganta. El sujeto gritaba de dolor, intentó escapar, pero le hicieron un corte en las piernas que inmediatamente lo tiró al suelo. Suplicar un perdón no servía de nada, el Coronel le cortó el pene, luego las orejas, quitó sus ojos con mucho cuidado y finalmente se fue, dejándolo agonizando de dolor mientras les ordenaba a sus soldados que 4 de ellos se encargaran de ocultarlos. —Hagan un agujero y entiérrenlos a todos juntos, no aquí, busquen un sitio apartado donde nadie pueda encontrar sus restos— ordenó. —Si señor— dijeron todos a la vez. —Y tú, limpia mi espada— le ordenó al primero que vio, acercándose en el proceso a una lámpara de aceite que había colgado fuera de una casa, buscando cualquier índice que le avisara a "Samantha" lo que había hecho. El ver su camisa con rastros de sangre era desalentador, así que como tercera orden mandó a que tiraran su camisa y como uno de los soldados estaban impecable, le sonrió y sin tener que decir nada, con temor el soldado se quitó su camisa para entregársela a su superior. —Gracias, prometo no ensuciarla— dijo riendo, caminando de regreso al bar para reunirse con aquella bella chica que lo tenía engatusado gracias a esa dulce y coqueta mirada que lo volvía loco. No hacía falta decirles a sus hombres que no dijeran nada sobre lo ocurrido, ellos llevaban el suficiente tiempo con el Coronel Conrad como para saber que no se le debía cuestionar, su temperamento es complicado y si él no decía algo, ellos no tenían permitido "suponer" ni decir "Creí que..." El Coronel podía ser muy flexible para algunas cosas, pero muy severo para otras, así que como este era un tema serio, una vez el Coronel se fue, todos prometieron jamás mirar a la chica del Coronel, ni siquiera mencionar su existencia a otras entidades, a menos que el Coronel así lo pidiera. —¿Qué tendrá aquella chica que ha logrado causar semejante masacre? —preguntó uno de ellos, viendo como sus compañeros parecían igual de curiosos que él. —A juzgar por la reacción que tuvo, no me sorprendería si el Coronel se acaba casando con ella. —No, debe ser algo pasajero, el Coronel no se casaría con una mujer que vende sus caricias. —El Coronel no habría hecho esto si fuese algo pasajero— le aseguró otro. —Debe ser muy especial...— murmuró otro, casi en un susurro. —Que lastima, debí probarla cuando tuve oportunidad— se lamentó uno de ellos, a lo que todos lo miraron casi diciéndole "Será mejor que quites ese pensamiento de tu mente si no deseas morir" —Desde ahora vamos a fingir que esa mujer no existe, no la miraremos, no le hablaremos y ni siquiera pensaremos en ella, ¿entendido? —Sí señor— dijeron todos a la vez, llevando a cabo el pedido que el Coronel había ordenado. ...Narra Charlie... Esta es la primera vez que debido al trabajo tengo tantas ganas de salir corriendo, quería llorar por algo que mi mente pensaba y que pudo haber ocurrido si el Coronel no se hubiese acercado. Ahora no entendía por qué él se estaba tardando, cada segundo que permanecía a solas mi mente se llenaba de otros pensamientos desafortunados, incluso llegué a sentir miedo al pensar en lo que pasaría conmigo si se enterara de que soy un chico. Esa mirada no era como las que yo conocía, esos ojos tenían una oscuridad que revelaba cuan insignificante es para él quitar una vida, algo esperable, ya que es un Coronel y antiguamente era un soldado que era enviado a batallas entre dos reinos. El día en el que el Coronel se entere de mi verdadera imagen, estoy seguro de que esos ojos me mirarán de ese modo y sabré que estoy a punto de morir. Me da miedo de sólo pensar en ello, el Coronel es un sujeto al que yo miraba con ojos dulces, pensaba que era un hombre amable, caballeroso y atento, sin embargo, olvidé que hay mucho por conocer de su personalidad. Él podría estar usando aquella actitud para conquistarme, pero es posible que una vez me tenga en sus manos, él sea como aquellos hombres de los que he oído, aquellos que se dedican a conquistar a jovencitas para casarse con ellas y luego ser violentos, irrespetuosos y... La puerta se abrió dejando entrar al Coronel, mis pensamientos rápidamente se detuvieron debido a la sorpresa que me dio, incluso me asusté por el modo rápido en el que se abrió la puerta y obviamente él lo notó. —Lo siento, no quería asustarte— me dijo cerrando la puerta despacio— ¿Estás bien? —Sí— respondí bajando la mirada, sintiendo que quizás era mejor irme. Yo sabía que si me alejaba cuando él se estaba acercando, podría enfadarlo y hacerlo en un momento así, me asustaba. Él me abrazó, por un instante mi cuerpo se relajó tras sentir sus cálidos brazos envolviendo mi cuerpo con cariño, además con dulces palabras me decía "No te preocupes, todo está bien ahora" sin saber que, debido a la situación, su presencia me relajaba a la par que me asustaba. Él me acercó a la cama donde nos recostamos de lado para permanecer abrazados, su calidez me gustaba, realmente adoraba el modo en el que sus dedos se rozaban con ternura por mi espalda, tratando de iniciar un tema de conversación con el que yo olvidara lo ocurrido. No pude hacerlo, no podía mirarlo a los ojos debido a que pensaba en que quizás sus ojos me mirarán con desprecio en un futuro cercano... —¿Samantha?— nombró tratando de llamar mi atención, pero debido a la situación olvidé que ese era mi nombre cuando estaba trabajando— hey...— susurró buscando mi mirada. Como deslizó su mano por mi mejilla derecha, levantó mi mirada de su pecho para que mis ojos pudiesen recaer en los suyos, mi corazón se acercó durante aquel pequeño instante al imaginar que me miraría con aquella mirada cruel, sin embargo, pronto me relajé al ver esos ojos tiernos con los que siempre me mira. —Ya todo está bien, no dejaré que nada malo te pase, ¿por qué estás tan asustada? —me preguntó acariciando mi mejilla con ternura. —Usted se irá y ellos quizás regresarán— respondí con parte de la verdad, pues no sólo aquellos hombres habían logrado asustarme. —No, no lo harán, con lo asustados que estaban, no se atreverán a pisar este lugar nuevamente— me decía con completa seguridad, como si pudiese garantizar que jamás tendría que lidiar con ellos de nuevo. —¿Cómo está tan seguro? —pregunté con temor, creyendo que quizás él había hecho algo. —Digamos que es un presentimiento— respondió robándome un pequeño beso que acabó creando una sonrisa en sus labios— venga, dame una sonrisa... —me pidió e inevitablemente mis labios se la dieron. —Coronel, hoy he conocido mucho sobre usted— comenté deslizando mi mano por su mejilla— me hizo feliz verlo en el mercado y nuestro inadecuado, pero placentero momento frente al lago me ha dado una mayor alegría, ya que pude conocer más sobre usted, incluso lo vi reír y sin duda disfruté de ello. —¿Pero? —Pero también conocí un lado que me asusta— respondí con sinceridad, notando como sus ojos me miraban con preocupación— olvidé que usted es un hombre de guerra, es alentador saber que un hombre como usted cuida de los habitantes de este reino, eso de cierto modo me tranquiliza, es sólo que...— titubee creyendo que, si era demasiado sincero, él se enfadaría conmigo— no quisiera que me viese de ese modo jamás... —No lo haré— me aseguró rápidamente. —Coronel, prométame que aun si hago algo que no le gusta, o si escucha algo de mí que le resulta desafortunado, usted jamás me mirará con aquella frialdad, ni mucho menos con aquella sed de sangre que parecía satisfacer su apetito de soldado— le pedí viéndolo directamente a los ojos. —Te lo juro— respondió acariciando mi mejilla— te aseguro que no podría verte así aunque quisiera...—susurró acercándose a mis labios. —Espero lo recuerde en el futuro...—susurré atrapando sus labios con mayor confianza. No sé si vaya a cumplir su promesa en caso de que descubra la verdad sobre mí, pero al menos podré recordarle este momento e intentar conseguir su perdón. Como aún era temprano, pensé en que lo mejor sería besarlo con aquellos tonos coquetos que él me ha enseñado, sabiendo perfectamente que serían el inicio de caricias coquetas. Él sabía lo que estaba tratando de buscar, fue él quien me ha enseñado a usar los besos como un portal a deleites mucho más apasionantes, sin embargo, cuando intenté deslizar mi mano por su pecho y viajar hasta su entrepierna, el Coronel tomó mi mano y la subió hasta su mejilla, sonriendo en medio del beso. Yo inmediatamente corté el beso en busca de una explicación, deseaba hacerlo esta noche, lo de aquella instancia en el lago no era suficiente como para calmar el apetito que sentía al tenerlo conmigo, sin embargo, besó la palma de mi mano y me sonrió dulcemente. —¿Qué pasa? —le pregunté acercándome a su cuerpo. —Será mejor que durmamos... —¿Dormir? —pregunté confundido. —Sí, dormir— repitió con diversión— no te olvides que mañana deseo ir contigo a pasear, fuiste tú quién dijo que no podríamos ir si lo hacíamos como aquella vez. —Sí, pero... —¿No quieres salir mañana conmigo? —Claro que sí— respondí viéndolo con una sonrisa— aunque también deseaba un poco de usted, Coronel. —Te lo daré, pero primero tendremos nuestra cita, ya después vemos que surge. —Está bien— accedí abrazándolo con cariño— ¿a dónde iremos? —Ya verás...—susurró atrapando mis labios dulcemente— descansa... —Me iré a mi habitación— le anuncié, robándole un beso antes de alejarme de sus brazos. —Pero...— intentó detenerme. —No sería correcto dormir con usted, mañana tendremos una cita y no quiero caer en la tentación— le fui diciendo a la vez en la que acomodaba mi vestuario— nos vemos mañana. —Espera— dijo levantándose de la cama para envolver mi cintura— un beso más y ya... Yo se lo di, fue un beso tierno con el que pude pasar varios segundos apegado a sus labios, incluso envolví su cuello con mis brazos y me pare de puntitas para tener un mayor alcance de sus labios. Ya para cuando lo cortamos, su sonrisa se copiaba en mis labios y nos despedimos. Yo me fui rápidamente a mi habitación para quitarme todos los accesorios de chica y así dormir con mayor comodidad, deseaba descansar cuanto antes para no tener sueño mañana durante nuestra cita, aunque al dejarme caer a la cama no podía evitar rozar mis labios con mis dedos. Sus besos me gustan demasiado, me tratan con ternura al igual que sus dedos, además el que quiera tener una cita conmigo claramente significa que está interesado en mí más de lo que estaría un simple cliente... Espero que esta noche pueda soñar con él, estoy seguro de que sería un sueño encantador.
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