A la mañana siguiente cuando desperté me alisté como cada mañana y bajé a desayunar con la señora Paulina, notando su preocupación al mirarme.
Sabía lo que me diría mucho antes de que lo dijera, por lo mismo me senté frente a ella y como siempre, la escuché en silencio, esperando a conocer primero lo que ella pensaba de todo esto.
—No debes juntarte con ese hombre, es realmente muy peligroso, si bien te protege como una damisela en peligro, eso no quiere decir que vaya a cuidar de ti cuando se entere, ¡Te matará! —me decía con angustia— yo deseo lo mejor para ti y ese hombre, sin duda es peligroso.
—Lo sé...— confirmé.
—Sólo Dios sabe lo que les hizo a los hombres que te atacaron, aunque no dudo que se lo tengan bien merecido.
—¿De qué habla?
—Él los siguió, no fui capaz de ver demasiado, pero sé que los siguió, ¿para qué lo haría si no es para darles una lección?
—Quizás sólo les dio un buen susto...— murmuré queriendo creer que no sería capaz de llevar el asunto demasiado lejos.
—Eso espero, pero en realidad no tiene importancia, aquellos malnacidos merecen mucho más que un susto, el problema es que me preocupa que te lastime si se entera.
—No estaré con él por siempre, sé que no me puedo enamorar, soy el primero que me lo dice— le traté de garantizar— pero quiero disfrutar de esto un poco, él es realmente encantador conmigo, deseo tener la oportunidad de estar con un hombre como él.
—¿Contigo o con Samantha? —preguntó viéndome con inquietud.
—Sabe a lo que me refiero...—murmuré bajando la cabeza— cuándo descubra lo que se siente estar con alguien que me trate con dulzura y sea capaz de cualquier cosa por mí, lo dejaré, haré desaparecer a Samantha y jamás se dará cuenta.
—Bien...— accedió con inseguridad— disfruta de esto mientras puedas, sólo no te enamores.
—Lo intentaré— dije en un tono juguetón.
—Charlie— me nombró con preocupación, por lo que enseguida reí.
—Vamos a desayunar, al mediodía saldré con el Coronel y no podremos vernos hasta la tarde.
—Está bien.
Su preocupación era algo que comprendía, incluso yo tenía mis propias inseguridades sobre este tema, aunque al menos deseaba quedarme con las experiencias vividas antes de que todo esto termine.
Al momento en el que el Coronel despertó, casi al mediodía, como suponía que haría gracias a un comentario que oí ayer por parte de sus soldados, al momento en el que despertó, me recordó nuestra cita y antes de salir me dijo "Quiero que uses mi regalo"
El vestido era algo más elegante, no quería estropearlo al subirme en su yegua, sin embargo, él dijo "No importa, te compro otro" y no nos fuimos hasta que me cambié de atuendo.
Sus comentarios al verme siempre iban centrados en "Lo hermosa que me veo" y sin duda, mis mejillas pronto se ruborizan cuándo sus palabras me suben al cielo, como si yo fuese un ángel, el único inconveniente es que sabía que aquellos comentarios no me los diría si supiese de Charlie.
Como esta era nuestra primera cita, siendo esto un momento romántico y que seguramente recordaría por varios años, decidí dejar de pensar en Charlie, deseaba disfrutar de Samantha hasta que no pudiese retener más esta mentira, así que me dejé cortejar y mimar.
El Coronel preparó un espectacular día de campo, uno donde no tuve que preparar nada, él trajo la comida, todo le caía en un canasto de mimbre, así que me dejé consentir y esperé con paciencia a que él me sirviera.
Se veía muy bonito cuando acomodó las cosas, tenía guardado dentro del canasto un mantel blanco, un almuerzo con una carne espectacular que iba acompañada de un puré suave y delicioso, también trajo un kuchen de chocolate, vino, aperitivos y para finalizar una ensalada.
Nosotros no almorzamos hasta varias horas después, primero buscamos un buen lugar donde estar a solas con bonitas vistas, luego dimos un paseo, hablamos y cuando nos dio hambre, él ordenó todo para almorzar.
Como la comida se había enfriado para ese entonces, hizo una pequeña fogata donde puso las ollas encima y luego las sirvió en los platos.
No eran ollas grandes, sino que eran 2 pequeñas donde caía sólo nuestra porción y parecía que faltaba espacio.
—¿Dónde compró todo esto? —pregunté observando con alegría lo hermoso que se veía todo.
—Olvidé el nombre de la mujer, pero tiene un local de comida, ¿cuántos puede haber en la ciudad?
—Hay alrededor de diez— respondí riendo.
—Bueno, en uno de esos lo pedí— decía con diversión— lo siento, soy malo con los nombres.
—El mío lo recordó bastante rápido.
—Sí, porque no eres cualquier chica— aclaró, deslizando su mano por la mía, acariciándome dulcemente mientras me miraba a los ojos.
—Coronel, ¿por cuánto tiempo se quedará esta vez?
—Todo lo que me sea posible, estoy esperando un mensaje del rey, así que mientras no llegue, no necesito pensar en irme— respondió haciéndome sonreír, ya que no deseaba que eso ocurriera pronto— espero no te importe tener que soportar mi compañía hasta ese entonces.
—Por supuesto que no, su compañía es algo que me encanta— confesé, notando como sus labios expandían su sonrisa— ¿qué hace usualmente en sus viajes?
—Trabajar, estoy a cargo de la seguridad del reino, así que debo asegurarme de que en cada ciudad o pueblo las órdenes del rey sean ejecutadas, aunque esto lo hago sólo si el rey no tiene un problema con otro castillo.
—Imagino que si hubiese otro problema, usted debe ser el primero en estar en el campo de batalla— murmuré.
—Sí, armando estrategias, lidiando con políticos y soportando ataques inesperados.
—¿En serio le gusta ser Coronel? —pregunté viéndolo con preocupación.
—Sí, me gusta mi puesto— respondió deslizando su mano por mi mejilla— no siempre estamos en ataque, no debes preocuparte.
—Pero sí en algún momento usted...
—No hablemos sobre ello— me pidió— es un tema triste para una cita, mejor háblame de ti.
—¿Qué desea saber?
—No lo sé, quiero saber muchas cosas, pero partamos por el principio, ¿dónde naciste?
El hablar sobre mí es algo que me pone incómodo, pero no deseaba que él pensara que no deseaba contarle, así que como ayer él me contó cosas sobre su infancia, yo decidí ser sincero con él y aclarar de una vez por todas ese tema.
Deseaba quitarme cierto peso de encima al decirle la clase de familia que tuve, incluso me preparé mentalmente para oír sus comentarios despectivos y hasta imaginé que él saldría corriendo, aunque, muy por el contrario, él me escuchó con atención, viéndome a los ojos en todo momento y entre más le iba contando, él más se interesaba en saber.
Era un poco raro, al Coronel no parecía importarle mi pasado, no me veía con lástima ni como una escoria, sino que parecía curioso y hasta tuve la sensación de que quería cuidarme, o al menos eso sentí cuando con cariño me abrazó, justo después de que le haya dicho lo que hicieron mis padres cuando se aburrieron de mí.
—Gracias por decirme todo esto— me dijo tomando mis mejillas, viéndome a los ojos con preocupación— debió ser difícil para ti soportar todo eso.
—Ahora estoy bien, no tengo el trabajo más decente del mundo, pero ninguno de mis compañeros me lastima, todos son amables, como una familia...
—¿Y no has pensado en tener una familia?
—A veces, pero no creo que eso sea posible.
—¿Por qué? —preguntó extrañado.
—No creo que alguien desee casarse conmigo...
—No digas eso, yo...
—Usted es un Coronel— lo interrumpí— debe pensar en alguien de su posición, alguien que no dañe su reputación.
—¿Acaso por ser coronel no puedo elegir a una persona diferente y que me guste? —preguntó acercándose a mis labios.
—Sí, pero debe ser alguien de buena familia...—susurré tratando de acortar la distancia.
—Según yo lo veo...—susurró rozando sus labios con los míos durante un leve instante— usted, señorita, es la única que me ha hecho sentir tan embobado...— confesó antes de atrapar mis labios dulcemente.
Me hacía feliz que él pensara de ese modo sobre mí, sin embargo, no puedo dejarme llevar por algo así, aún nos falta mucho por conocernos y es posible que entre más lo hagamos, lleguemos a un punto de decir "En realidad, no me gusta tanto"
Además, yo no puedo enamorarme, así que de por sí yo no soy conveniente para él...