Capítulo 8: mi bella flor

2714 Words
Han pasado seis meses desde que conocí al Coronel, lo cierto es que ahora sé mucho sobre él, yo pensaba que llegaría al punto de decir "Esto no me gusta" e imaginé que su interés por mí desaparecería con el tiempo, sin embargo, después de tantas citas, besos y luego de gozar de tantos momentos de intimidad, no cabe duda de que me gusta muchísimo. Él viene cada cierto tiempo, a veces puede pasar una o dos semanas sin venir, pero entre más tiempo se aleja, más suele quedarse conmigo, de hecho, hasta piensa en comprar una casa en el pueblo para tener un lugar donde tocarnos libremente. Lo único que me molesta es que continúa pagando por las caricias que me da, sé que trabajo y pago mis deudas a costa de esto, sin embargo, me hace sentir raro cada que lo hacemos. Gracias a esto no puedo despegarme en la intimidad de mi profesión, lo que me hace pensar en que hay una parte de él que sigue mirándome como una prostituta. Claro que al mismo tiempo me confunde cuando me mira, besa o me pide que lo llame por su nombre, uno que actualmente me sé con total seguridad, pero sigo llamándolo Coronel y tampoco he dejado el "Usted" Me gusta tratarlo así, es algo que llevo haciendo durante mucho tiempo, así que se me hace raro llamarlo "Ryan" Mi jefa ha dejado de entrometerse en lo nuestro, ella actualmente me ve tan feliz que prefiere dejarme gozar de esto mientras dure, además Julieta y Alicia miran lo nuestro como si fuese algo realmente especial y romántico. Ellas son las primeras en molestarme cuando el Coronel regresa, ya que saben y es evidente que me gusta su compañía, incluso saben que no puedo dejar de sonreír cuando nos visita y se queda por varios días. Él es realmente muy encantador conmigo, es capaz de hacerme sentir embobado cuando estamos juntos, llegando al punto de ser capaz de tranquilizarme sólo con un cálido abrazo que me da paz. Nosotros hasta ahora nunca hemos dormido sin involucrar el sexo de por medio, prefiero no hacerlo, ya que si duermo tengo miedo de que la peluca se mueva y acabe descubriendo a Charlie. En cuanto a la intimidad, él respeta ciegamente aquella petición que le hice la primera vez que lo hicimos, él por muy calientes que esté, no me toca por delante ni tampoco hace mención de querer hacerlo, conoce mi opinión con respecto a eso y teme enfadarme si lo hace. En realidad, me gustaría que me tocara allí, aunque debo fingir que no estoy interesado y que me enfadaría si lo intentara. Hoy es uno de esos días donde espero que llegue, él me envió una carta avisándome que vendría pronto, por lo mismo, he estado contando los días para que regrese. Su carta decía que era posible que nos viésemos hoy, el problema es que no sé qué tan tarde será cuando eso ocurra. Me levanté temprano al pensar en que llegaría pronto, pero ya está por anochecer y sigo sin verlo. Como debo trabajar, sirvo y atiendo a los clientes como siempre, la única diferencia es que hay una nueva chica que aparentemente me detesta. Alicia y Julieta dijeron que ella estaba celosa de que los clientes me dieran propina sólo por atender sus mesas, incluso de cómo la mayoría comenta que soy "la más hermosa del lugar" Yo sé que lo dicen al ser una fruta prohibida, ellos desean acostarse conmigo, aunque como varios saben que hay un Coronel detrás de mí, no intentan acercarse por miedo de ser castigados por su espada. La chica es de cabello rojizo, sus labios siempre los pinta de rojo creyendo que así su tonalidad de piel se volverá más blanca, algo que he descubierto que le preocupa bastante, siempre utiliza mucho maquillaje, utilizando varios tonos por debajo de su color de piel, ya que busca verse bastante blanca. Todos sabemos que sólo los de la realeza tienen una tonalidad de piel blanquecina, a ellos les gusta presumir que su tonalidad de piel es a costa de lo maravillosa que es su sangre, aunque no es algo que me quite el sueño. Mi tono de piel no es excesivamente blanco, ni oscuro, así que tratar de demostrar que soy blanco es absurdo, además con el tipo de trabajo que tengo, sé que a los clientes no les importa la tonalidad de mi piel, sino que sólo buscan un agujero. Ella debería saberlo, según contó el día que llegó, ella trabajaba de esto en una ciudad a varios días de aquí, dudo mucho que con su experiencia no sepa que los clientes sólo la miran como un objeto de placer. Romina mencionó que en el club donde trabajaba antes, ella era la más codiciada, asegurando que es la más bonita e inteligente, además es una excelente bailarina y cantante. Cuando se presentó, todas mis compañeras se miraron entre ellas con una sonrisa juguetona, rodeando los ojos por su egocentrismo, sin embargo, no dijeron nada frente a ella, simplemente esperaron y se rieron una vez la jefa se la llevó a su habitación. Llegar a un sitio nuevo y asegurarle a todas que ella es la más bonita y que las dejará sin trabajo es estúpido, sobre todo porque todas la miran como un mono de feria y se divierten cuándo un cliente la rechaza. A diferencia del resto, ella es la única que parece disfrutar de este trabajo, es realmente muy coqueta y muy competitiva. Yo no pierdo mi tiempo discutiendo con ella, prefiero centrarme en hacer mi trabajo e ignorar su existencia. —Hey, señorita, ¿nos trae otra cerveza? —Enseguida— respondí, caminando hacia la barra donde estaba Romina hablándole a otra chica nueva. —Ahí va de nuevo, todos la tratan de "usted" ¿acaso no saben que es una zorra? —oí que decía con enfado. Yo planeaba responder cuando la música se detuvo y un silbido coqueto llamaba mi atención, uno que reconocí de inmediato y al girarme, sus ojos se encontraron con los míos. No me había dado cuenta de que se puso por detrás de mí, de haberlo hecho me habría lanzado a sus brazos con alegría. En este caso, él deslizó sus manos por mi cintura y con una coqueta sonrisa susurró un "Hola mi bella flor..." antes de besarme apasionadamente. La música obviamente continuó sonando, sólo se había detenido para cambiar de tema, así que, durante nuestro beso, la melodía suave que había de fondo inundaba mi corazón con satisfacción. —Lo extrañé...—susurré sobre sus labios al cortar el beso. —Yo también...—susurró con una sonrisa— por eso, no perdamos más tiempo— dijo tomándome en sus brazos, obligando a que mis piernas se envolvieran alrededor de su cuerpo al igual que mis brazos. Yo estaba riendo mientras sus ojos brillaban de felicidad por verme, aunque obviamente antes de irme, le avisé a Julieta que le llevara su trago al sujeto que me lo había pedido antes. —Yo me encargo, no te preocupes— me dijo ella sonriéndome. El Coronel me llevó a la habitación que siempre reserva para tener un momento de intimidad, uno donde pudiésemos recuperar los 17 días que pasamos lejos del otro. Al nada más entrar y aprovechando que la lámpara de aceite y velas estaban apagadas, me adentró aún con él en sus brazos mientras cerraba la puerta con su pie. No le puso seguro, seguramente porque sabía que nadie nos molestaría, aquí todos saben que esta habitación es plenamente suya y paga por ella aun cuando no está aquí. Esto es algo que también se les dijo a las nuevas, por lo mismo ellas saben que no deben traer a nadie a este lugar. Gracias a esto no me preocupó que no le pusiera seguro, sino que me dejé recostar en la cama donde él, como siempre, se aprovechó de la estructura de mi vestuario para tocarme. El tener una falta con los muslos descubiertos trae muchas ventajas en un momento donde no queremos alejarnos ni para desnudarnos, los besos no nos permitían hacerlo, parecía que habían pegado nuestros labios por el modo en el que no soltábamos la boca del otro. El disfrutar de esto era mejor que estar allí abajo sirviendo mesas, si bien me robaba el aliento, yo gozaba del roce de sus dedos en mi agujero y de lo hábil que era su lengua al batallar con la mía. —nnnh... —suspiré dirigiendo mi mano hacia su pantalón. —Lo siento, hermosa, pero no puedo más...—susurró abriendo mis prendas y bajó parte de su pantalón para acercar su erección a mi agujero. —Pero...—logré decir antes de que él atrapara mis labios y lo metiera. ¡No estaba listo! Debido a esto, el placer se mezclaba con el dolor y tenía sentimientos encontrados. Por un lado, me gustaba que estuviese dentro de mí, pero, por otro lado, me dolía... Él se fue moviendo suavemente, no parecía querer separarse de mis labios para que yo no pudiese quejarme, algo que le funcionaba bastante bien, ya que pronto dejé de pensar en ello. Su mano metiéndose por dentro de mi top me ayudó a olvidar aquel desafortunado suceso, estas siempre saben cómo tocar mi pecho para que mis caderas se muevan con velocidad. —Haah...—jadeó sobre mis labios, mientras yo los separaba para buscar un nuevo ángulo para besarnos con aquel tono mojado que utilizamos cuando estamos calientes— realmente fue difícil esta vez...— murmuró deslizando su mano por mi mejilla. —¿P-Por qué...? Ah... ¿pa-pasó algo malo? —No...— respondió juntando su frente con la mía— simplemente añoraba estar contigo... —No diga eso...— le pedí— hará que me confunda y no puedo enamorarme de un cliente... —¿Por qué no...? —preguntó dándome estocadas profundas— si es recíproco... —Coronel...—susurré dándole un dulce beso— no diga eso en un momento como este...— le pedí abrazándolo con mis piernas. —Tienes razón, me concentraré en lo que hacemos...—susurró acercándose a mis labios. —¡Ah...! Ahí... justo ahí...— le rogué. Siempre es grato hacerlo con él, se siente maravilloso cuando me embiste con habilidad y ternura, es como si realmente le gustara hacerlo conmigo, me hace creer que seré el único en su vida y en que sólo tiene ojos para mí. Es fácil enamorarse cuándo la persona te trata como si fueses lo mejor de su vida, es tan caballeroso, amable, tierno y parece que siente lo mismo que yo... Cuándo el deseo y nuestras jadeantes respiraciones se lograron estabilizar, nos metimos bajo las sábanas, por un lado, porque él se quitó su ropa según marchaba el tiempo en el que nos acariciábamos, mientras que yo me quedé sin la mía debido a que le molestaba que mi falda le impidiera apretar mi trasero. Por supuesto que cuidé que no tocara mi parte delantera, mi mano izquierda se mantuvo allí en todo momento, sujetando para que no brincara con sus potentes embestidas. Ahora estábamos ambos acaramelados y muy apegados, mi cabeza estaba contra su pecho, manteniéndome de lado para cubrir mi entrepierna con mi pierna derecha, la cual estaba en todo momento flexionada, casi formando un 4. —¿Y bien...? —preguntó depositando un beso en mi frente. —¿Y bien qué? —pregunté con una sonrisa. —¿Cuándo me vas a nombrar por mi nombre? Ni siquiera cuando hacemos el amor me lo dices. —Ya le dije que me gusta llamarlo Coronel. —Pero yo quiero ser más cercano... —Lo somos, yo adoro estar con usted, pero realmente me encanta tratarlo de este modo— le dije atrapando sus labios dulcemente. —Bien, en ese caso, también le hablaré de usted, señorita. —Hmm...—solté coqueto, deseando atrapar sus labios nuevamente, pero alguien abrió la puerta e inmediatamente cubrí mi pecho con las sábanas. —Oh disculpen, no sabía que esta habitación estaba reservada— habló Romina, manteniendo una lámpara de aceite en las manos, una con la que alumbraba la habitación para chismear. —Bien, ahora ya lo sabes y te puedes largar— le dijo el Coronel con enfado. —Lo siento, no quería molestar, es sólo que soy nueva y hay mucho que aún no sé, quizás pueda recompensarlo por el mal rato, ¿qué tal le traigo algo de beber? —le proponía coqueta, fingiendo que yo no estaba allí. —No me interesa, sólo vete y cierra la puerta— le habló el Coronel con bastante disgusto, por lo que ella simplemente miró en mi dirección con enfado antes de marcharse. —Debimos cerrar la puerta con seguro, además… ¿No cree que fue un poco rudo con ella? —pregunté preocupado de que debido a esto ella me trate de hacer las cosas más difíciles en el trabajo. —No necesito ser amable con ninguna chica que no sea usted, mi bella flor...— susurró acercándose a mis labios, haciéndome suspirar con felicidad. —Realmente es muy difícil no enamorarme de usted, Coronel...— murmuré aceptando sus labios, unos que me acariciaron con ternura mientras su mano se deslizaba por mi mejilla. —¿Te gusto...? —preguntó al cortar el beso. —Es...— susurré— es más que eso... —En ese caso, ¿por qué no te vas conmigo...? —me proponía— no tendrías que trabajar aquí, además... —¿Además? —pregunté curioso. —Puede que le haya hablado al rey sobre usted...—susurró bajito, casi avergonzado. —¿Qué? —solté atónito. —No le di demasiados detalles, simplemente me vio distraído y preguntó por la razón, así que acabé hablando sobre la muchacha que me tiene engatusado— me explicó con nerviosismo— y... quiere conocerte... —¿¡Qué?! —pregunté aún más sorprendido. —No te enfades, si no quieres está bien, aunque sería raro no llegar con la chica que ha hecho a la reina organizar un baile... —Ryan— lo nombré con cierto enfado. —Vaya... para regañarme si me llamas por mi nombre...— murmuró tratando de cambiar de tema al buscar mis labios. —Ryan— repetí posando mi mano sobre sus labios— ¿harán un baile sólo para conocerme? —Bueno, yo no lo diría así—respondió nervioso. —¿Qué dijo el rey? —Que haría un baile...— respondió— y puede que quizás haya dicho "No tienes excusa para no traerla, el baile será en su honor" pero nada importante, seguramente no notará que no fuimos... —¿Cuándo? —En tres meses... —Cielo...—suspiré nervioso— nunca he ido a un baile, mucho menos a uno en el castillo. —Pero bailas muy bien— me trataba de tranquilizar. —Para seducir a hombres, yo no sé bailar para esa clase de eventos, sin duda sería un desastre y no quiero humillarlo, ¿por qué no busca a alguien más? —No digas estupideces— me dijo con cierto enfado— estoy interesado en ti, no en alguien más. —Coronel, no puedo ir, no quiero que aquellos hombres de los que me habló tengan la oportunidad de humillarlo, por favor entiéndame— le pedí. —Te puedo enseñar a bailar...—susurró juntando su frente con la mía— por favor no vuelvas a pedirme que busque a alguien más, si no eres tú, entonces no querré ir... —Cielos, es tan terco— me quejé tomándolo de las mejillas— sería un honor acompañarlo, pero, ¿qué se supone debo hacer? —Fingir que me amas...—susurró. —No debo fingir algo como eso, es evidente que mi corazón le pertenece, Coronel. —¿Así...? —preguntó con alegría— si no lo escucho directamente, entonces no me daré cuenta...— murmuró en un tono juguetón. —Lo quiero, Coronel —confesé antes de atrapar sus labios completamente feliz, ya que es evidente que él se alegró bastante al oírme decirlo en voz alta.
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