Capítulo 9: no puedo aceptar

2343 Words
Al día siguiente, justo al despertar al mediodía debido a lo energético que estaba el Coronel, me levanté con pesadez y cansancio, sintiendo mis piernas un poco cansadas, pero hoy daríamos un paseo y no deseaba perdérmelo. Para ello me bañé y puse en el agua unos aceites que él me obsequió, lo que lograba pegarse en mi cuerpo durante el baño. Yo deseaba oler bien para él, siempre estamos apegados, así que deseaba que en todo momento se sintiera cautivado por mí. En cuanto a mi vestuario, elegí un vestido de color caramelo, este era una tonalidad suave que combinaba con el color naranjo del corset, el cual tenía un bordado con líneas blancas. Mi atuendo era normal, no me preocupé demasiado en verme elegante, sino que prefería verme bien, incluso estar cómodo para el día que esperaba tener hoy. Como estaba tardando demasiado al cepillar la peluca, opté por hacerle un peinado, uno que me enseñó Julieta cuando llevaba una semana trabajando como chica. Este consistía en hacer un cintillo con el cabello, de ese modo el desorden de mi peluca dejaría de importar al verme "peinada" y como mi cabello al mismo tiempo estaría suelto, las ondas que tenía le daban un toque bonito. Cuándo bajé, el Coronel estaba desayunando junto a sus soldados, aunque sus ojos rápidamente se centraron en los míos cuando me vio. —Desayunemos— me dijo abriendo mi silla para sentarme con ellos. —Buenas tardes, muchachos— saludé al ver como estaban con la mirada fija en sus huevos con tocino. —Hola, señorita Samantha— me saludaron todos al mismo tiempo, evitando mirarme. Antes no le prestaba atención a esto, ni tampoco solía hablar con los soldados que acompañan al Coronel, creía que no duraría tanto, además pensaba que no les agradaba por el modo en el que desvían la mirada cada que me acerco, sin embargo, como el Coronel se alejó un instante para pedirle mi desayuno a las chicas del día, decidí tomarme el atrevimiento de preguntar. —¿Qué ocurre? ¿Hice algo que los ofendió? —Claro que no, señorita— respondió quién creo se llama Julio. —¿Entonces por qué siempre bajan la mirada? Si les molesta mi presencia, puedo irme a otra mesa— ofrecí, arrastrando mi silla hacia atrás con la intención de alejarme. —¡No! —dijeron todos al mismo tiempo. —No lo haga, por favor— me pidió Julio— es sólo que, por decisión propia, decidimos no mirar a la chica del Coronel. —Vaya tontería— dije riendo— no es como si el Coronel les vaya a quitar los ojos sólo por verme. Ellos se miraron entre ellos y se rieron con cierto nerviosismo, animándose en el proceso a mirarme, mientras yo les sonría dulcemente. —Muy bien, así está mejor— comenté segundos antes de que el Coronel se acercará y poco después me trajeron mi desayuno, de ese modo pude comer con ellos mientras el Coronel me hablaba sobre el sitio al que iríamos hoy. —Si gustas, podemos pasar la tarde allí, ya sabes, tener un día de campo— sugirió. —Claro, suena bien para mí— accedí con una sonrisa— por cierto, nunca oí sus nombres— comenté mirando a sus soldados. —¿Qué? ¿Nunca se presentaron? —preguntó con extrañez el Coronel. —No, tus soldados son bastante tímidos cuando se trata de mí— anuncié. —Ya oyeron a la señorita, preséntense— les ordenó el Coronel. —Mi nombre es Tony, señorita— se prestó uno de ellos, poniéndose de pie de inmediato y como si yo fuese un soldado de alto rango, me saludó al llevarse los dedos a la sien, para luego sentarse. —Mi nombre es Julio— se presentó el siguiente, imitando a Tony. —Yo soy Daniel, señorita... En total eran 6, así que estaba: Julio, Daniel, Diego, Fabián, Leonardo y Tony Me aprendí sus nombres bastante rápido, ya que deseaba recordarlo para el futuro. Claro que mi presencia seguía poniéndolos nerviosos, así que una vez terminamos de desayunar, se despidieron de mí y se retiraron al decir que tenían cosas qué hacer. Como el Coronel y yo iríamos a dar un paseo, nos acercamos a mi jefa a quién debía pagarle por el desayuno. Mientras esperábamos a que mi jefa sacara cuentas, Romina hizo aparición y lo tomó del brazo, diciendo "Coronel, qué agradable es verlo tan temprano" Ella le estaba sacando plática, le hacía preguntas que cualquiera podría responder, usando la excusa de "Ser nueva" para tratar de ganarse una invitación por parte del Coronel para dar una vuelta. —Estoy ocupado— le dijo el Coronel para finalizar la conversación, antes de dirigirse a mí y ofrecerme su mano— ¿vamos, señorita? —Claro— accedí sonriéndole, ignorando a Romina en el proceso. Él y yo fuimos en busca de su yegua, aunque a diferencia de lo que solíamos hacer antes, ahora el Coronel tiene un carruaje abierto para dos personas donde no se necesitaban a tantos caballos para tirar de él, con dos era más que suficiente. Su nombre correcto era “Calesa” y es un coche de paseo, sólo se los he visto a los más adinerados. Este coche es con el armazón abierto, lo que lo diferencia de aquellos carruajes cerrados que usualmente había antes, además por si fuera poco el techo era plegable, lo que me hacía sentir asombrado por la comodidad que tenía, eso sin mencionar lo moderno que me resultaba, ya que no se necesita de un cochero. Los asientos de felpa rojo eran realmente blandos y cómodos, casi no se sentían los desperfectos de los caminos de tierra, además el color n***o que cubría la calesa le daba ese toque de “elegante” Me gusta este trasporte, nosotros podemos ver el camino y en la zona trasera guardamos las cosas para nuestro día de campo. Para esta clase de días, tenemos un local de comidas de nuestra preferencia, allí nos suelen dar todo lo necesario para tener un momento romántico con aperitivos y vino. —Coronel, vea esas vistas— le dije observando desde un cerro a la distancia la desembocadura de un río. —Es bonito, ¿quieres comer allí? —me propuso luego de haber viajado durante una hora. —Sí, me encantaría, estamos bastante lejos del pueblo y desde aquí las vistas se ven increíbles— respondí con emoción. —Bien, la señorita manda— dijo con una sonrisa, dirigiendo a los caballos hacia allí. Nos tomó unos veinte minutos bajar de aquel cerro, el camino no estaba seguro, así que me sugirió buscar otro sendero más transitado para regresar. A decir verdad, estaba fascinado por el brillo del agua, ¡el agua se veía increíble! Los grandes árboles se reflejaban allí, además había flores silvestres y era gratificante poder acomodarnos en un lugar así. Como el carruaje sólo lo utilizamos para nuestros paseos, este tenía en un baúl trasero una manta y unos cojines con los que podemos estar cómodos bajo la sombra de un árbol que buscamos para poder recostarnos acaramelados. —Coronel— lo nombré pensativo, me gustaba esto, pero no podía dejar de pensar en Romina— ¿cree que Romina es linda? —¿Quién es Romina? —preguntó confundido. —La chica de antes en el mostrador— respondí buscando sus ojos. —No tanto— respondió— es inapropiada, ni siquiera nos conocemos y ya deseaba pasear conmigo. —A ella parece interesarle usted— murmuré un poco celoso. —Es evidente, mi título atrae a muchas chicas. —Ya veo, así que conoce a muchas chicas...—murmuré más enojado de lo que esperaba. —Sí, visito muchos sitios, es evidente que me topo con 5 o 6 chicas interesadas en levantarme sus faldas— añadió sin darse cuenta de que yo estaba celoso. Él lo hablaba con naturalidad, esto era algo causal y sin importancia, lo que me hacía recordar la clase de persona que es el Coronel. Debe tener a una chica en cada pueblo o ciudad que visita, quizás incluso ha repetido lo nuestro con un par de ellas. No entiendo por qué creí que nuestros paseos eran tan especiales si seguramente tiene muchas mejores opciones en sus viajes. Por supuesto que no dije nada, no deseaba arruinar el agradable día, además aún ni siquiera almorzábamos como para quejarme de la situación. Para variar tampoco soy su esposa, es evidente que no tengo y no tendré ese derecho. No podría aceptarlo, si me caso con él es obvio que se dará cuenta de Charlie y morir en mi noche de bodas no suena lindo. Nosotros hablábamos como de costumbre, estábamos tranquilos y en ocasiones nos dábamos dulces besos, sin llegar a sobrepasar el momento. Estaba cansado, mi cuerpo no soportaría hacerlo ahora y él lo sabía perfectamente, por ello me trataba con ternura. —¿Te quieres meter al agua? —me preguntó, acariciando mi cabello con ternura. —No, no traje otra ropa, si me mojo me dará frío y no quisiera resfriarme— respondí. —¿Quién dijo que debías meterte con ropa? —preguntó en un tono coqueto. —Coronel, no sea inapropiado— dije riendo tímidamente, antes de notar que ya era tarde y que el sol se estaba bajando. Aún era temprano como para que anocheciera, pero como el viaje de regreso tomaría una hora, debíamos pensar en levantar nuestras cosas. Ya habíamos comido, hablado, reído y disfrutado del otro, ya no había nada que nos detuviera, por ello, tras pasar un largo rato fantaseando sobre cómo deseábamos poder volar para llegar más deprisa a los lugares, nos alineamos para tomar nuestras cosas e irnos. —¿Cree que algún día exista algo que nos permita volar? —pregunté observando desde nuestro trasporte algunos pajaritos volando a sus nidos. —No lo descarto, aunque seguramente les tomará muchos años— comentó con una sonrisa— no estaremos vivos para cuando eso ocurra, así que seguiremos viajando en carretas o carruajes. —¿Y para viajar a otros continentes? —pregunté curioso. —Para eso están los barcos— me recordó. —Sí, pero algo más rápido que esto— le hablé. —Tienes mucha imaginación— comentó riendo. —No creo que los caballos sean el único trasporte en el futuro— mencioné. —Bueno, son los animales más rápido, leales y fácil de amaestrar, hasta que no se descubra uno nuevo, no creo que dejemos a los caballos— murmuró. Nuestro tema de conversación duró más de lo que esperaba, el imaginar lo que podría existir en el futuro nos hizo sentir que el camino de regreso era mucho más corto, lo que era una hora y unos minutos más, se sintió como si sólo hubiesen pasado treinta minutos. Hablábamos sobre el futuro como algo fascinante, pensando en cómo sería tener un aparato más rápido para poder enviarnos cartas, o bien, un sistema más práctico para iluminarnos en casa. Había tantas posibilidades que acabamos usando el límite de nuestra imaginación. —Bueno, supongo que sólo nuestros tataranietos lo descubrirán— mencionó riendo. —¿Espera tener hijo, Coronel? —Claro, sería lindo formar una familia— mencionó viéndome con una sonrisa. —Bueno, si los llego a conocer les mencionaré que conocí a su padre y que fuimos amigos en nuestra juventud— comenté con una sonrisa, algo que no parecía causarle gracia. —¿Por qué hablas como si lo nuestro fuese pasajero? —preguntó frunciendo el ceño. —Bueno, no puedo decir que será largo... —¿Por qué? —A usted no le conviene estar con una persona como yo, tendría que renunciar a muchas cosas y no creo que sea justo— mencioné viendo el pueblo a los lejos. —Bueno, si puedo estar contigo, no me molestaría renunciar a un par de ellas— murmuró. —No, prefiero que busque a alguien más, bien ha dicho que 5 o 6 chicas de cada pueblo desean estar con usted, seguramente no le resultará difícil hallar una esposa. —¿Por eso lo dices? ¿Por qué estás enojada conmigo? —No, esto es algo que he pensado antes— confesé. —No me gusta que me intentes buscar esposa cuando sabes que la única que quiero como tal, está justo a mi lado— habló con disgusto, demostrando que, en efecto, le enfadaba que lo emparejara con alguien más. —Yo no puedo aceptar— dije viéndolo a los ojos tras él detener a los caballos— lo siento. —Ya veo, ahora entiendo que ante tus ojos sólo soy un cliente— habló, tomando las riendas de los caballos para dejarlos en su lugar. —Yo no he dicho que...—logre decir, antes de que él se bajara del carruaje— Coronel. —Regresa, necesito estar solo ahora mismo— me dijo, pero tras intentar detenerlo para hablar con él, le dio la orden a su yegua para que comenzara a trotar y como no me obedece a mí, terminé regresando al bar sin el Coronel. Creí que podría hablar con él cuando regresara, supuse que lo haría hoy, así que estuve esperándolo con tristeza, sintiéndome un estúpido por haberle dicho lo que dije. No es como si hubiese mentido, yo no podría aceptar casarme con él aunque quisiese… Aun si me las arreglara para que no se dé cuenta de que soy un chico, ¿cómo le explico que no puedo tener hijos? Él desea formar una familia, tiene la edad para pensar en ello y obviamente yo arruinaría su futuro. En el futuro quizás el tener hijos no sea tan importante, es posible que se cree otro método para tenerlo con la persona que amas, pero en la actualidad no es así... No puedo ser tan egoísta, no debo serlo... Tiene un futuro brillante y no deseo arruinarlo, no sería justo...
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