Capítulo 5 "Palabras vacías"

1610 Words
Después de aquella conversación en la que ambos fuimos un poco más sinceros, me quedó un sabor amargo en la boca, vi la tristeza en el rostro de Archer, me sentaba muy mal. Hoy tendré un día bastante duro, me toca volver a ver la cara de Ezra, aunque una parte de mí quiere volver a verlo, la realidad es que no quiero tener que marcharme, pero tengo que hacerlo, tengo que soltarlo por el bien de mis hijas. Cuanto más tiempo pasan juntos la realidad es que más se apegan a Ezra y aunque me duela aceptarlo en mí no ve una familia, no como la vería en Melián. … Archer subió a las niñas atrás, les ayudó a colocarse el cinturón y emprendimos el camino que se volvió eterno hacia donde pronto sería nuestro antiguo hogar. Al llegar me dio un dolor en el estómago, no sabía ni siquiera que me hacía tanta falta ese sitio, pero sí que me hacía falta, lo seguía viendo como el hogar que me regaló tantos momentos felices. A veces creo que me aferré demasiado a creer que Ezra me amaba, porque no quería perder la oportunidad de saber lo que era una verdadera familia, tal vez si mis hijas no estuvieran en medio, lucharía hasta el final por quedarme con él, tal como me lo había pedido. Me aterra que ellas salgan dañadas, que un día él simplemente se vaya, que no sepa como mirarlas a la cara y decirles que no volverá, porque si se va con Melián, si de verdad ella está viva no volverá. —Por favor, quédate aquí con las niñas, no quiero que bajen —le pido. Veo que Hilda infla las mejillas, me mira como si hubiera dicho algo terrible, con tristeza reflejada en el rostro. —Yo quiero ver a Papá —dice Cloe con un tono de reclamo. —También yo —aprovecha en agregar Hilda en la misma postura. —Le pediré a su padre que venga hasta aquí a saludarlas, pero no pueden bajar —vuelvo a repetir y miro a Archer — No se los permitas. —No lo harán, te lo prometo que no lo permitiré —sonríe amargamente. En cuanto vi en sus miradas que estuvieron un poco más resignadas, una leve sonrisa de tranquilidad apareció en mis labios y me atreví a bajarme del automóvil. Aún tenía la llave, pero dado que no viviría más allí no vi la necesidad de utilizarla, en cambio, toqué al timbre y con las manos sudorosas me quedé esperando a que abriera. Cuando me topé con el rostro ojeroso de Ezra algo dentro de mí se estrujó, se veía fatal, demacrado, como si realmente llevara varias noches sin dormir nada. No quise preguntar al respecto, por supuesto que no lo hice, sabía la respuesta del porqué estaba así. Me quedó mirando como si me hubiera crecido un cuerno en la frente, como si fuera un ser de otro mundo, pero entendí por qué estaba de ese modo. Ezra pensaba que el paso de unos días fuera sería suficiente para que me arrepintiera de mi decisión, pensó que luego de unos días en otro sitio tomaría a mis hijas y volvería a casa, con la cabeza gacha, intentando regresar a lo que habíamos tratado de sostener por tanto tiempo. Eso no sucedería, ahora él lo entendía por completo, aun así ninguno de los dos se atrevió a pronunciar palabra alguna, tan solo se hizo a un lado y me permitió entrar. Una vez dentro de la casa, quería darme la vuelta, mirarlo, decirle que sentía que las cosas hubieran sucedido de ese modo, pero no dije nada, solamente avancé en pleno silencio. Caminé hasta la habitación de las niñas, donde había dejado las maletas listas esa noche antes de irme a la casa de Archer, respiré profundo antes de abrir la puerta, pero entonces él sostuvo mi brazo. —Azure, sé que aún estás muy molesta conmigo, pero nos merecemos una conversación —dijo con un gesto de genuina tristeza. Eso me revivió recuerdos del pasado, la última vez que palabras similares habían salido de su boca, había sido cuando rechazó a sus propias hijas y luego el arrepentimiento se lo empezó a comer lentamente. —No creo que nada de lo digas que pueda cambiar la decisión que ya he tomado, no puedo dar marcha atrás y no es porque no te ame Ezra, no pensé que llegaríamos a tanto —miré al piso con un nudo en la garganta que no me permitía pasar la poca saliva de mi boca— Es por nuestras hijas, no quiero que el día de mañana te marches por esa puerta y que no sepa qué decirles. —No voy a marcharme, lo estás interpretando de un modo que no tiene nada que ver con lo que en realidad está sucediendo —niega con el ceño arrugado. —Ezra, puede que sea así, pero no me voy a arriesgar, porque no voy a dejar que dañes a mis hijas, ellas están por encima de mí, de mis sentimientos, no les daré una infancia amarga, no voy a dejar que nuestras discusiones le arruinen la etapa más bonita de su vida, no dejaré que me vean en pedazos, incluso aunque en realidad lo esté —aseguro tomando con más fuerza el picaporte de la puerta. —Yo sería incapaz de hacerles algún tipo de daño —reprocha esta vez con demasiada molestia en el rostro. —¿Crees que ver a su madre llorando todo el día pueda ser bueno para ellas? Verme alcoholizada, verme sufriendo, vernos discutir, ver que ni siquiera nos damos una muestra de afecto, ver como han cambiado las cosas entre ambos, todo eso les hará que el día de mañana no tengan un futuro como el que espero que lo hagan —respiro profundamente y luego dejo salir el aire con pesadez. —No, sé que eso no es bueno para ellas, pero también sé que podemos arreglarlo, que habrá una manera en la que podamos hacer todo diferente —relame sus labios. —No va a cambiar Ezra, borra ese estúpido empeño que tienes en tratar de sacar siempre todo lo positivo a las cosas —me molesto y me cruzo de brazos, esta vez para mirarlo a los ojos— Por qué no terminas de aceptar que nuestro amor fue algo pasajero, que solamente yo era la que estaba enamorada, tú siempre estuviste enamorado de Melián, lo que hubo entre ambos fue algo que ocurrió por el deseo, porque era prohibido. —No puedo creer que hayas dicho algo como eso. —Es lo que siento, es lo que llevo pensando, si fuera de otro modo, entonces no tendrías tanto empeño de que la pudieras encontrar de una vez, no pongas a ese niño como una excusa, porque cuando hablas, no es solamente de él, sino que también hablas de Melián y lo haces como si fuera la persona más especial de tu vida. —Fue una persona demasiado especial en mi vida, pero estás tú y las niñas, eso es que realmente son especiales para mí, no cambiaría la familia que hemos formado juntos. —Quiero que me mires directo a los ojos —le pido— Quiero que me digas que me amas, que no has pensado ni un momento en que deseabas volver a verla, que no has pensado en su sonrisa, que no has pensado en abrazarla con fuerza y que ambos se recuesten a recordar viejos tiempos. —Lo ves, eres tú la que tienes inseguridad, la que tienes problemas en esta relación, porque si piensas todo eso es porque realmente dudas del amor que te tengo, que dudas de que mis palabras sean verdaderas cada vez que te las digo —veo las lágrimas asomándose— ¿Piensas que todas las veces que te he mirado a la cara y te he dicho que eres lo mejor en mi vida, que te he dicho que te amo, fueron una completa mentira? Por qué me dolería profundamente saber que todo lo que he hecho y dicho no han funcionado, que te quedaste dormida en el pasado. No me atrevo a decir nada, por qué en realidad es que si tengo mis dudas al respecto, es exactamente por discusiones como estas, que no quiero que nuestras hijas estén presentes. No entiendo por qué simplemente no puede admitir que en realidad no me ama como debería de hacerlo. Es un cobarde, si tuviera los pantalones como debería de tenerlos me lo diría, me diría que no me ama, que solamente ha sentido cariño por mí y eso sería mucho mejor para ambos, sería mucho más sano, sería mucho menos doloroso. Tomé nuevamente el picaporte, pero esta vez no tuve dudas al respecto, lo giré, vi las maletas encima de la cama de Cloe, no dudé en caminar hacia ellas y tomarlas. Luego así, con la misma rapidez decidí irme, no le permití decirme nada más ¿Para qué quería nuevamente escuchar sus mismas palabras vacías? Seguiría insistiendo con lo mismo y no me apetecía escucharlo para nada. Cuando iba en la puerta y estaba a punto de salir recordé las palabras de las niñas, querían verlo y yo no podía negarme a tal cosa, así que giré medio rostro para encontrar un brillo de esperanza alojado en él. —Tus hijas quieren verte antes de irnos —me atreví a decir. Volví mi mirada al frente, entonces me encontré con la mirada de Owen, estaba tieso con tanta tristeza como la que había sentido yo.
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