Capítulo 12

4677 Words
Su madre no se veía precisamente tranquila, por el contrario se veía estresada y Perséfone lo supo apenas entró, porque su ceño estaba fruncido y su precioso cabello castaño estaba aún más rizado de lo normal. Ante la vista de cualquiera, jamás se notaría que ellas dos eran madre e hija, pues lucían de la misma edad y ninguna de las dos parecía superar los treinta. De igual forma los dioses no lucían mucho mayores, excepto por Hades, Poseidón y Zeus quienes parecían rondar unos cuarenta años, sin embargo aquello no restaba que los tres se vieran como la viva imagen de la belleza masculina. Volviendo a la historia, Deméter se vió estresada y cosa que preocupó a Perséfone de inmediato. — ¿Madre, qué sucede? —preguntó la joven diosa viéndose confusa, no pensaba que aquel simple acto le trajera tantos problemas. — Zeus dijo que no podemos ir al Olimpo, que está en mantenimiento o algo así, creo que volvió a perder las llaves o algo así de estúpido seguramente —comentó Deméter rodando los ojos—. Sabía que algo así pasaría, Zeus siempre se las arregla para complicar todo. Hades frunció el ceño mirando a Perséfone mientras prestaba atención a las palabras de Deméter. En un primer momento no había comprendido que tenía de estresante que el idiota de su hermano perdiera la entrada del reino de los dioses y no pudieran reunirse ahí. Pero cuando dejó de ver a su esposa, y levantó la mirada para ver a Deméter su cerebro hizo el click. Su ceño fruncido pasó de una leve mueca de confusión oportuna de él, a una evidente expresión de molestia e ira. Sus ojos se volvieron más oscuros y las luces de la sala casi se apagaron por completo. — No —dijo simplemente, su voz sonó terriblemente más fría, más escalofriante y Alexander, que justo volvía de alimentar a los canes de la familia parpadeó viendo a su padre, el cual se veía más pálido que siempre. Pero era evidente a los ojos de cualquiera que esa palidez no era de preocupación. Hades notó la entrada de este y sus ojos se fijaron en él un momento y luego volvieron a Deméter—. No vendrán aquí. Aquello hizo que Perséfone temblará de inmediato, negando varias veces hasta que finalmente se levantó, por unos segundos pareció querer echarse a correr, tanto que Deméter se le acercó para contenerla pero no fue necesario ya que recobró la compostura rápidamente con una respiración profunda. — Iré al Inframundo, me quedaré en el castillo de ahí —le dijo a Hades, sabía que ahí era imposible que alguien le hiciera algo de nuevo—. Alexander vendrá conmigo, no se quedará aquí. De inmediato fue hasta donde el pequeño y lo levantó cargándolo sin ningún esfuerzo, ella se veía realmente preocupada y Deméter la vió comprendiendo. — Creo que sería lo mejor. Hades vió a Perséfone y asintió para caminar hasta ella despacio, viéndose algo neutral, pero a ella le dedicó la sonrisa de siempre, dejó un beso en la frente de Alexander y finalmente besó los labios de Perséfone con suavidad. Para los dos tener que recibir a Zeus y separarse era tenso. Les ponía los pelos de punta y les recordaba muy malos momentos. — ¿Qué usaremos? —preguntó, refiriéndose al sistema para comprobar que era él quien volvía con ella luego de esa visita tan desagradable. Perséfone lo pensó por unos segundos y finalmente se acercó a susurrarle al oído la palabra. — Rosas verdes —le susurró al oído, y antes de separarse con el brazo libre lo abrazó con fuerza. Alexander, que aún era cargado por Perséfone, lo abrazó también. Él no entendía él pavor que le tenía su madre a Zeus pero algo realmente malo debió haber hecho para provocar aquellas reacciones en sus padres. — Vendrán pronto, es mejor que vayas ya —dijo Deméter desviando la mirada hacia la salida de la sala, conocía a los dioses y llegaban cuando querían pero aquello era a gran escala así que era probable que llegasen muy pronto. Perséfone vió a su esposo unos momentos más dejando besos cortos en sus labios. —Te amo. — Y yo te amo a ti, querida —murmuró en voz baja de vuelta y besó sus labios de nuevo antes de separarse—. Vayan ya, no quiero correr riesgos. Hades se separó por completo, se le notaban los músculos tensos igual que la mandíbula al hablar. Alexander asintió y abrazó a Perséfone con fuerza, ahora comprendía el pedido de su padre hace unos minutos. — Vamos, mamá —pidió el niño y miró a Hades para asentir, esperando que este comprenda que hará lo posible porque su madre esté tranquila y mantenga su ánimo lo mejor posible. Perséfone parecía dividida en aquel momento, una parte de ella quería huir a las profundidades del Inframundo donde se sentía totalmente protegida y otra quería quedarse con su esposo y no separarse jamás. Le estaba costando más de lo normal hacerlo y corrió a abrazarlo por detrás aún cargando a Alexander. — No olvides la clave —pidió abrazándolo con fuerza por detrás y luego se apresuró a llevar a Alexander hacia el Inframundo. Hades se sentó mirando por dónde salía Perséfone apresuradamente, y cuando sus ojos dejaron de verla suspiró inconscientemente. — Espero no tarden en llegar —comentó, queriendo ir nuevamente con ella a seguir prometiéndole que todo estaría bien. Y ahora sabía que entre más pronto llegarán más pronto se irían y, entonces, más pronto estaría rodeando a Perséfone con sus brazos diciéndole cuánto extrañaba el olor de ella. — Tienen que aprender a estar por sí solos, no todo el tiempo podrán estar juntos, parecen una relación codependiente —negó Deméter mientras esperaba. Lo que ella ignoraba era que todo lo anterior no era por la dependencia de uno por el otro, sino la preocupación de uno por el otro. Mientras tanto, Perséfone se internó en las profundidades del castillo hasta bajar a las puertas del Inframundo, las cuales abrió sin dificultad y cerró tras ella, apenas las atravesó suspiró aliviada por aquello. Alexander veía a su madre pensativo y finalmente la abrazó con más fuerza. — Tranquila mamá… Todo saldrá bien —susurró abrazándola con fuerza, Perséfone sonrió y lo abrazó de vuelta caminando internándose por las cuevas, caminaba hacia el río para que Caronte los llevará al castillo—. Es raro que haya un castillo debajo del castillo. Aquel comentario inocente haría reír a Perséfone bajo otras circunstancias, pero en aquel momento se encontraba realmente preocupada y asustada por la idea de Zeus entrando en su hogar. Era algo que jamás habían permitido y ahora dada la emergencia no había escapatoria, podrían reunirse en otro lugar al aire libre pero todos conocían la ubicación del castillo de Hades y probablemente en aquel momento estuviera llegando a tocar a la puerta. Efectivamente así era, pues en el castillo sobre la tierra, mientras Hades rodaba los ojos ante el comentario de Deméter, el timbre sonó, haciendo que ambos dioses se pusieran más en alerta. Sin embargo, Hades miró de reojo a la madre de su esposa mientras se levantaba y caminaba a la salida de la sala. — Creía que al haber pasado por lo mismo, entendería nuestra tensión y nervios ante la visita de Zeus —comentó Hades frunciendo el ceño un poco y salió para dirigirse a la puerta de entrada. Sentía la divinidad de varios dioses y solo tomó aire más profundamente, rogando que se le otorgue la paciencia necesaria para soportar lo que dure la reunión. Cuando abrió la puerta y se topó con el resto de sus hermanos, su expresión era completamente indescifrable. Frente a él no solo estaba Zeus, la real causa de su tensión, también Hestia, Hera y Poseidón. — Que conmovedor, no nos vemos en milenios, pero corremos riesgo de no ser tan poderosos y tenemos una linda reunión familiar —comentó con sarcasmo. — Hades, es muy serio el asunto —negó de inmediato Hera, se veía de muy mal humor mientras andaba cruzada de brazos y Zeus rodó los ojos. — Ya dejen de preocuparse, lo solucionaremos —comentó con simpleza, restando importancia al asunto. Hestia guardó silencio al igual que Deméter, pero Poseidón quien era un hombre gigante y musculoso, se acercó a palmear el hombro de Hades. — Vamos adentro, quiero vino y hablar, ¿tienes la marca de Dionisio? —cuestionó, mientras Hades fijaba la vista en su hombro mirando a su hermano con cara de pocos amigos. Aquel comentario del dios de los mares logró que finalmente Hestia hablara. — Por favor, es algo serio no una visita o reunión familiar, estamos hablando del destino de todos nosotros, quien sabe si esto también afecte nuestra inmortalidad —dijo seria Hestia. Aquellos dioses no se llevaban bien, como un grupo de hermanos tenían enormes diferencias y peleaban constantemente. Algunos eran increíblemente inmaduros y toscos como Poseidón y Zeus, otros bastante engreídos y con complejo de superioridad tales como Hera y luego estaba Hestia y Hades quienes eran más responsables, y finalmente Demeter quien intentaba no meterse en problemas y como Hades con su Inframundo, prefería pasar los días con sus plantas en vez de involucrarse en otras cosas. — Adelante —suspiró con cansancio Hades mientras se hacía hacia un costado para que pasaran todos— ¿Solo seremos nosotros seis? —preguntó, puesto a que tener que lidiar con sus hermanos, y además, con Ares y Atenea en su constante pleito que igual involucra a Poseidón, Atenea a su vez junto con Afrodita chocaban mucho con Hera de igual forma, sería terriblemente agotador. Así que dentro de todo lo aliviaba saber que solo eran ellos. Zeus se adelantó a pasar primero y Hera de igual forma, chocando sus hombros al pasar, ambos fruncieron el ceño al sentir eso y Hades rodó los ojos soltando un largo suspiro. Miró a Hestia, que esperaba que pasaran los demás con calma. Esta le devolvió la mirada y sonrió un poco de lado. — Intentaremos no tardar mucho —aseguró con calma pasando una vez que Poseidón pasara detrás de los reyes del Olimpo. Hades cerró la puerta y se adelantó a guiar a sus hermanos hacia el salón de reuniones del castillo. Los tres grandes dioses, Zeus, Poseidón y Hades, junto con Hestia por ser la mayor y Hera por ser la reina del Olimpo, debían tener un salón de reuniones para los dioses, no solo para las reuniones de seis de ellos, sino para las reuniones que involucran a los doce dioses olímpicos, incluso Hades, que no formaba parte de estos. Deméter por su parte se veía desinteresada en aquello, por muy egoísta que pareciera no quería estar involucrada en una pelea si se daba cabida entre todos por aquella reunión, por lo que permaneció callada deseando regresar con sus plantas. — Bueno, ahora… ¿Qué querías hablar con nosotros Hades? —comenzó Zeus apenas tomó asiento. Hera se sentó a un lado de él pero se veía terriblemente intimidante. Para describir brevemente a los dioses, Hera contaba con un cabello largo de color dorado, sus ojos tambien compartían el mismo tono, pareciendo dos pequeñas estrellas con una pupila en el medio y no solo era alta como todos los dioses sino que sus caderas se ensanchaban en una preciosa forma de reloj de arena, pero aquella belleza era comparable con el temperamento irritable, arrogante en muchas ocasiones y muy, muy vengativo. Por su parte Poseidón se sentó al otro lado de Zeus, el cabello castaño oscuro era aún más rizado que el de Hades, pero mucho más largo y lo solía recoger en una coleta alta. Su piel blanca estaba tostada por el sol de la playa y estaba dotado con gran musculatura, era deportista y aventurero pero sumamente impulsivo, aunque con más responsabilidad que Zeus, pues se encontraba con un problema con los humanos y su contaminación de los mares, y su caza de los animales marinos en extremo necesarios para el equilibrio del ecosistema. Hestia se sentó junto a Deméter y miró a Hades con calma. La mesa se dividía con Zeus a la cabeza, del lado derecho todas las hermanas y al izquierdo los otros dos hombres. Hades esperó que Poseidón se siente al lado de Zeus y él así sentarse junto a este. Antes de hablar se aseguró de que todos se hubieran sentado y se quedó pensando bien en qué decir, como siempre queriendo cuidar sus palabras, en esta ocasión para no irritar de más a alguno de ellos. — Si esta reunión se llevó a cabo, es porque más de uno de nosotros experimentó fallas con sus poderes divinos, ¿es así? —preguntó y echó un rápido vistazo a todos en la mesa. Bien sabía que los dioses, por orgullo iban a negar que se están debilitando con tal de no verse menos imponentes, por lo que analizaría todas sus reacciones por las dudas de que lo nieguen. Hestia por su parte asintió sin problema alguno, pues sabía que era algo que le pasaba a todos, en especial a Zeus y Hera, como para que accedan a juntarse tan pronto. — He tenido un par de problemas, se descontrolaron un poco en Francia hace unos días… la pobre catedral de Notre Dame pagó los costos… lo bueno es que no era un templo nuestro. Deméter asintió pues era totalmente cierto para ella, como ya lo había hablado con Hades, lo que hizo que Poseidón asintiera algo dudoso pero Hera negó mintiendo pues tal como lo había pensado Hades, no quería verse débil, Zeus se encogió de hombros. — Un poco de esto, un poco de aquello, hay días malos y buenos —respondió simplemente, y de su parte, Hades lo tomó como el mayor acto de honestidad que podía esperar de él, quien en contadas ocasiones, sintiéndose amenazado por él o Poseidón, hubiera mentido para verse más fuerte que ambos. Pero no estos tiempos eran otros y ninguno se quería encargar de los platos rotos de otros cuando no saben manejarlos. Por lo que sabía que Zeus, actualmente, tenía la suficiente confianza en sí mismo para no tener problemas en admitir que hay fallas en sus poderes y que dentro de lo que cabe, aún tenía que ser honesto si quería cuidar su reinado. Hades alzó ambas cejas mirándolos a todos y suspiró pensando para ver el centro de la mesa. — Eso quiere decir que no son problemas aislados o la falta de creencia en cada uno por separado, o la poca cantidad de almas que ingresan al Inframundo… creo —comentó Hades y volvió a levantar la vista para verlos. Hestia lo vió más seria, sin dudas era considerablemente la más madura de todos, tenía bien ocupado el lugar de hermana mayor. Pero Poseidón juntó las cejas en confusión. — Eso sería más absurdo, ¿porque pasaría ahora cuando hace cientos de años que los cristianos y judíos tienen la mayoría? —preguntó, volteando a ver a Hades con el ceño algo fruncido, y antes de que este le respondiera, Hestia se aclaró la garganta. — Cuando estábamos en nuestra cúspide de poder, pudimos haber acumulado una considerable cantidad de energía, y ahora esa energía ya comienza a agotarse, por lo que gastamos más de las gotas que generamos con lo que hacemos ahora. — Eso significa que vamos a quedarnos sin poderes —dijo Hera sonando claramente preocupada, sus ojos parecieron dejar de emitir ese brillo hermoso que la caracterizaba— ¿Y nuestra longevidad? Vamos a envejecer, ya no seremos atractivos y moriremos como simples mortales. Las palabras de Hera parecieron alterar un poco a los demás, y Zeus rodó los ojos, aclarándose sonoramente la garganta. — Okay, basta ya de pánico, somos dioses, veamos cómo resolver esto como tales, enfrentamos peores cosas, por favor… ¿Seguro no es por algo del Inframundo? —preguntó entonces el rey de dioses a Hades viendo ahora más serio. El ego de un dios es una de las cosas más importantes y quedarse sin poderes y ser reducido a un simple mortal era algo inaceptable para ellos. Hades parpadeó y frunció el ceño mirándolo. No sabía a qué exactamente se refería pero no pensaba dudar en responder si cuestionaba su manejo. — ¿A qué te refieres? Quiero suponer que no estás cuestionando mi responsabilidad sobre mi reino —comentó arqueando una ceja y achicó los ojos hacia su hermano, el lugar tornándose un poco más oscuro. Hestia ladeó la cabeza alertando sobre qué respuesta daría el menor de los seis, por si debe parar una discusión. — No hermano, pero todos sabemos las pocas almas que llegan, sino fuera por tu esposa no habría flujo de almas ahí —respondió Zeus y al ver a su hermano frunció el ceño y fuera del castillo se escucharon truenos que resonaban por el lugar—. Podría estar ligado a eso la desaparición de nuestros poderes, de alguna manera. Mientras tanto en el Inframundo, Perséfone peinaba el cabello de Alexander frente a una chimenea, el Inframundo estaba dividido en secciones y dónde se encontraba el castillo era bastante frío, tanto que podía verse el aliento al exhalar, por lo que habían chimeneas por toda la edificación, las había mandado a colocar Hades para ella pues a él no le afectaba el frió del lugar. — Si pierden sus poderes… ¿Morirán? —preguntó de la nada Alexander y aquello la hizo verlo confusa, el niño se veía algo nervioso, no entendía del todo lo que pasaba pero para él eso era lo peor, no quería que sus padres lo dejaran solo, le atemorizaba pensar que volvería a estar por su cuenta. — No, en dado caso viviríamos tanto como los demás padres, te cuidaremos siempre y no te dejaríamos, seguiríamos siendo una familia —respondió ella besando la mejilla de Alexander y lo abrazó con más fuerza—. No importa lo que pase, con o sin poderes, con o sin inmortalidad, no te dejaremos y seguiremos juntos los tres. — Los cinco, por Cerbero y Philip —corrigió Alexander abrazándola de vuelta y ella sonrió ampliamente. — Así es, los cinco. Mientras tanto, de regreso en el salón, Hades se relajó y retomó un poco la luz del lugar para verlos pensando. — Bueno, es posible que así sea, dado que el Inframundo necesita "almas griegas" —hizo las comillas cuando habló y se quedó pensando—. Y si bien es probable que podamos perder nuestros poderes, otorgados por nuestra divinidad, creo que nuestra inmortalidad sería conservada, dado que es de nacimiento incluso antes de los humanos… —dijo para relajar más el ambiente. Poseidón se quedó viendo a Hades, al igual que el resto de los dioses en esa habitación, y finalmente sonrió al pensar la solución más óptima. Hestia, siendo la mayor conocía bien a sus hermanos y sabía en qué pensaba en ese momento su segundo hermano menor, así que se adelantó a hablar. — Creo que hemos estado cómodos por mucho tiempo, hemos descansado demasiado y ahora debemos trabajar para poder seguir manteniendo nuestras vidas como las queremos —habló Hestia con seriedad—. Dimos por sentado nuestro lugar en el mundo y ahora lo estamos pagando por eso. — Si es cuestión de las pocas almas que llegan al Inframundo… —continuó Poseidón y miró a Hades, colocando una mano en el hombro de este para ver a Zeus — Debemos todos ayudar a cambiar eso. Zeus los miró, uno a uno, incluyendo a Hera la cual se veía bastante fastidiada, no quería perder su belleza o sus poderes y ser como una humana cualquiera, así que asintió. — Me parece bien el plan —le dijo a Zeus y este asintió viéndola. — Está hecho, cada quien trabajará para hacer que más almas vayan al Inframundo. Hades los miró pensando, eso ocuparía bastante de su tiempo. Su mente hizo los cálculos del tipo de alma que cada dios conseguiría para el Inframundo y en qué cantidades, sabiendo entonces el porqué de la sonrisa de Poseidón. Asintió con lentitud. Mientras Hestia llevaba una mano a sus labios cerrados y fruncidos viéndose pensativa y posó su mirada en Zeus. — Hay que decirle a los demás dioses, y si los problemas continúan aún así, volvernos a reunir. Hades miró a Zeus, que solo se encogió de hombros. — Eso estaba implícito, hermana, no vamos a hacer todo el trabajo solo nosotros seis —comentó con un pequeño ruede de ojos, pero le sonrió, sin dudas todos, hasta Zeus mostraban respeto por Hestia. — Todo está dicho entonces, le daremos mucho trabajo a Hades y esperemos que todo se normalice con eso —comentó Poseidón con diversión, volviendo a palmear el hombro de Hades, quien solo suspiró rendido por el extraño humor de su hermano menor y su necesidad de tocarlo sin su permiso. — Ya se pueden retirar entonces, ¿no? —comentó y sonrió con sarcasmo. Una vez ya habiendo hablado y cerrado por ahora el tema, podía permitirse volver a demostrar su desagrado de tenerlos en su casa— No se ofendan. Hera fue la primera en ponerse de pie. — Al fin, casi puedo oler a azufre desde aquí —bromeó un poco y Poseidón río por aquello. — Es una mala broma porque el azufre es de los cristianos —negó este divertido riendo y aquello provocó que Hera frunciera el ceño nuevamente. Poseidón arqueó una ceja por su hermana, algo incrédulo, pero sonrió aún más divertido porque ella se fastidió con tal facilidad. — Oh, vamos, ¿de verdad te vas a enojar porque hiciste un mal chiste, hermana? Necesitas relajarte un poco —negó Poseidón y caminó junto a Hestia a la salida, guiñandole un ojo a la mayor de los hermanos que frunció el ceño de inmediato. — Cuidado —advirtió y sonó considerablemente atemorizante para la paz y calidez con la que suele hablar. Entonces Deméter se levantó y caminó a la salida. — Me voy antes de que empiecen todos a pelear, Hades —agregó el nombre del dios para asentir hacia su dirección y con la mirada le indicó sin palabras que saludara a su hija de su parte antes de salir. La siguió Hera y luego Poseidón, dejando en la sala solo a Zeus, Hades y Hestia. — Realmente espero que funcione, no quiero saber qué locuras harán los demás sí entran en pánico por lo de sus poderes —dijo Hestia viendo a sus hermanos. Hades se levantó después de Zeus y se acercó a este, colocando una mano en su espalda para guiarlo disimuladamente a empujones a la salida, mientras arqueaba una ceja hacia Hestia. — ¿Qué podrían hacer? ¿Ares? ¿Atenea? ¿Qué? ¿Más guerras? Ya no tendrían sus poderes —comentó negando mientras insistía con Zeus—. Vamos, yo los acompaño a la puerta. Aquel fue el último día desde que se reunieron los dioses principales, pues la decisión de llevar más almas del Inframundo había calmado la situación. Los dioses habían recuperado sus poderes y fuerza, así que asumieron que fue por ello que se encontraban debilitados. Desde entonces habían pasado diecinueve años, Alexander tenía veintinueve años y era el orgullo de sus padres, pues ahora era un investigador e historiador de la cultura griega. — Madre, Padre… —exclamó alto en cuanto entró al castillo y corrió hacia la sala donde Hades y Perséfone leían los registros de almas de ese día, y al escucharlo ambos subieron la vista. — Querido —dijo Perséfone sonriendo ampliamente recibiéndolo, Alexander se acercó a besar la mejilla de Hades y Perséfone, abrazándolos. Hades correspondió el abrazo del muchacho que ahora ya era todo un adulto y suspiró dejando los registros a un lado para prestar atención a la visita de su hijo y abrazó a Perséfone contra él. — Hola, muchacho, ¿vienes de paso o te quedarás unos días con tus padres? —preguntó con calma, tanto Hades como Perséfone no habían cambiado nada en esos años, así fuera físicamente como su relación entre ellos y con Alexander seguía exactamente igual. — Me quedaré unos días, he estado investigando algo y venía por su ayuda —comentó entretenido. Alexander seguía con el cabello largo pasando hasta los omóplatos, se había vuelto un muchacho atractivo y aventurero. Él decía que aquello era gracias a sus padres pues ellos lo habían hecho sentir lo suficientemente seguro de sí mismo como para poder ir a explorar por su cuenta el mundo—. Y de su biblioteca. Perséfone estaba encantada de ver a su hijo, para ella era un hombre hecho y derecho pero lo amaba y consentía como cuando era un pequeño. — Nuestros conocimientos y biblioteca siempre estarán a tu disposición, hijo… —asintió su madre y aquello causó que Alexander sonriera ampliamente y se sentará junto a ellos, sus ojos verdes resplandecían y su piel estaba algo tostada en las mejillas por el tiempo que pasaba en el exterior. Hades hasta se permitió soltar una muy pequeña risa por el pedido de Alexander, pero pequeña o no, no pasó desapercibida ni para el joven ni para Perséfone que sonrió complacida de escuchar la risa de su esposo. — Sabes que puedes venir cuando quieras por la biblioteca, eres nuestro hijo y es casi tan tuya como nuestra —comentó el dios, sonriendo de lado, mientras todavía abrazaba a Perséfone acariciando con lentitud su espalda. Había logrado poder disfrutar de la estadía de Alexander con ellos, e incluso lo ponía de buen humor en ocasiones, salvo una que otra vez en la que el muchacho llegó en un momento inapropiado e interrumpió la intimidad de la pareja sin quererlo en más de una ocasión. Y aunque eso no hizo que Hades se comportara de mala manera con Alexander si le causaba un poco de mal humor. — Gracias a ambos, iré a estudiar entonces… Todos se preguntan de donde obtengo tanta información, creen que soy un genio pero nadie sabe que es porque ustedes tienen los libros de la biblioteca de Alejandría —rió por lo bajo el chico y besó la frente de ambos—. Los amo, nos vemos en la cena. Y así como llegó se marchó. Alexander había tenido un par de novias en esos años pero solía estar demasiado concentrado en sus estudios y lecturas como para dedicarle más tiempo a sus relaciones, por lo que siempre terminaban pronto. Parecía enamorado de su trabajo y cuando Perséfone comentaba que temía que se quedará solo él respondía que siempre los tendría a ellos dos y que si era la mujer indicada todo encajaría perfectamente y sin forzarlo, así como la relación ejemplar de sus padres. Ignorando que fue Hades quien buscó a Perséfone ya estando profundamente enamorado y tuvo la suerte de ser correspondido. Hades sonrió y miró a Perséfone para buscar sus labios de inmediato y así distraerla de los pensamientos respecto de las relaciones de su hijo. — Podemos hacer una pausa del trabajo, querida —sugirió contra sus labios mientras guardaba con la mano libre los pergaminos con los que llevaba los números del Inframundo. Desde esa reunión, había tenido mucho más trabajo que en el último milenio. Los dioses se habían organizado bastante bien y Hades había dejado de ver a Caronte en la entrada del castillo sin nada que hacer. El barquero anciano ahora tenía una considerable cantidad de trabajo, no era similar a cuando ellos tenían la creencia total sobre Grecia y Roma, pero no le daban tiempo de detenerse al anciano y el dios del Inframundo no podía estar más satisfecho con eso. Esa es una de las razones por las que desde entonces se encontraba de mejor humor.
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