Capítulo 11

4234 Words
La diosa de la agricultura, de cabello castaño ondulado y ojos verdes igual a los de Perséfone, se encontró del otro lado del umbral de la entrada con brazos cruzados debido a la ligera espera. Mantenía el ceño fruncido como casi siempre, pero al ver a su hija lo aflojó un poco y le sonrió con un leve brillo en los ojos. — Oh, mi dulce Perséfone, no sabes cuanto te he extrañado —dijo y cuando dió un paso hacia ella se percató de Hades a su lado y volvió a su expresión más seria—. Hades, ¿que hiciste ahora que me tuvo que llamar con tal urgencia? Hades arqueó una ceja, no con incredulidad, pues era algo que realmente sabía que diría. Hasta minutos antes podía escuchar su voz en su mente diciéndole eso. Solo sonrió con inestabilidad, intentando que no se percate del cinismo de aquella sonrisa y se mantuvo callado, esa era su forma de "portarse bien". Ahorrarse los comentarios de regreso. — Madre… Por favor, hay dos asuntos de los cuales debemos hablar —dijo negando Perséfone, quien fue a abrazar a su madre cortamente, dió una última mirada a Hades y besó su mejilla antes de empezar a guiar a su madre adentro, provocando que está frunciera más el ceño. — Que buen trato para el secuestrador —comentó la mujer, no era una mala persona, realmente era una diosa bastante tranquila y ayudaba en cuanto podía a quienes se lo pedían, pero no superó que su hija hiciera prefiera hacer su vida alejada de ella. Hades cerró la puerta y caminó detrás ellas frunciendo el ceño de inmediato ante las palabras de Deméter y sus ojos se tornaron aún más oscuros igual que la habitación, las luces pasaron a un tono más tenue y el vidrio de las ventanas se tornó más oscuro también, apenas dejando que la luz se filtre por estas. El dios apretó la mandíbula nuevamente conteniendose de responderle a su suegra y hermana, por amor a Perséfone. — Han pasado un par de cosas —solo comentó Hades para decir algo al menos y no quedarse tan callado. No le gustaba hacerse a un lado estando Perséfone, lo hacía sentir incluso ignorado y desde la reducción de sus poderes esa sensación era más molesta todavía. Alexander mientras tanto observó todavía oculto detrás de la armadura, prestando suma atención a Deméter con gran curiosidad. La mujer era sumamente alta y fuerte, tenía la altura de Hades y se veía bastante sabia. Sin embargo por el lenguaje corporal y las palabras que habían compartido los tres se notaba la mala relación que existía. — Madurez, por favor, ya basta — pidió Perséfone en tono serio, mientras tomaba la mano de Hades colocándose junto a él—. He estado casada con Hades por milenios, es hora de que finalmente lo aceptes, tal vez no te agrade pero es el padre de tu nieto. Cuando terminó de hablar se dió cuenta del impacto que habían tenido sus palabras en Deméter. La mujer retrocedió un paso sorprendida y luego negó confusa, le parecía extraño que aquella relación fuera fértil, cuando ella los había tachado en su lista negra para negarles un favor de fertilidad de su parte y porque pensó que Hades el dios de la morada de los muertos no podría engendrar vida, aunque la tierra donde se sembrará la semilla fuera fértil si la semilla estaba muerta no podía brotar nada de ahí. La pareja sabía eso desde un principio, o al menos la probabilidad de que eso pasará. Sin embargo los hijos no son una razón para mantener junta a la pareja, tampoco son determinantes de la cantidad de amor que se tenían, por lo tanto no les interesó en lo más mínimo si eran o no fértiles. Cuando ellos habían decidido finalmente adoptar un hijo con responsabilidad y amor, sabían que Alexander no era su razón de vida ni un complemento u adorno para sus vidas, Alexander era un ser humano que como todos necesitaba cariño, protección y guía para crecer y poder desarrollarse por sí solo y aquello para Perséfone, era la planta más hermosa y rebosante de vida que había visto. Alexander era aquella planta de un vecino que no sabía cuidarla y finalmente terminó con ella, quién cuidaría de que el daño se repare lo mejor posible para que creciera y pudiera valerse por sí mismo. — ¿Cómo? —fue lo único que preguntó Demeter, sin embargo se notó un leve brillo en sus ojos. En aquel momento Perséfone sintió nervios, su madre sabría que era adoptado y tenía miedo de cómo podría reaccionar ante el pequeño y curioso Alex. Ella miró a Hades y apretó su mano, no quería que Deméter empezará a comentar cosas sobre la fertilidad, hijos, mortales y muerte, solo quería algo de tranquilidad. Hades parpadeó un momento al oír las primeras palabras de Perséfone, también tardando un poco en reaccionar a las palabras de su esposa y luego la pregunta de su suegra. Miró de reojo a la primera, aceptando y devolviendo el apretón. Luego observó a Deméter con suma atención, escudriñando en su mirada, intentando saber que pasaba por su mente y las posibles reacciones que podría tener. Miró finalmente a dónde se encontraba Alexander y después nuevamente a Deméter. — Creo que los dioses jamás perdemos la audición, así que me parece que escuchó bien —dijo con lentitud y tranquilidad mientras seguía analizandola. Alexander miraba aún desde su escondite, indeciso de si permanecer ahí por más tiempo o salir con ellos, pero Perséfone hizo una seña bastante disimulada que le indicaba que permaneciera ahí. — Alexander es nuestro hijo, si comparte sangre o no es parte de mi familia y si no lo aceptas… — Claro que lo aceptaré, Perséfone ¿Qué tan mala crees que soy? Me gustaría conocerlo si me lo permites —el ceño de Deméter se relajó finalmente, estaba sorprendida pero una gran felicidad la invadió, le gustaba cómo sonaba aquello, tener un nieto le parecía algo maravilloso. Perséfone finalmente soltó el aire y sus músculos se relajaron, asintió hacía el escondite de Alexander y este de inmediato salió, ligeramente en guardia por sí sucedía algo y terminó escondiéndose detrás de Hades, viendo a su abuela con curiosidad. — Madre, él es Alexander, tu nieto, hijo y protegido de Hades y mío… Hijo, esta es Deméter, diosa de los cultivos, mi madre, ella es tu abuela —los presentó. Hades sonrió de lado un poco más tranquilo también y miró a Alexander asintiendo con cuidado para indicarle que todo estaba en orden. Este miró la señal de Hades y poco a poco salió de detrás de él, pues confiaba en su padre y en su juicio hacia el nivel de riesgo en las diferentes situaciones. Sin embargo, no se alejó de este porque de igual modo había escuchado lo suficiente sobre dioses, y sobre la madre de Perséfone, como para confiarse demasiado. — Hola, señora —dijo algo temeroso pues en realidad no sabía exactamente cómo presentarse ante una diosa, por lo que tomó una de las manos de Hades y la usó para cubrirse por si lo hubiera hecho mal. Este sonrió ante el acto del niño y lo abrazó un poco contra él para darle más confianza. Perséfone sonreía de lado, sabía que su madre no lo lastimaría y ahora que también sabía que lo aceptaba estaba calmada. Por su parte, Deméter veía a Alexander y las muestras de afecto de Hades sorprendida, y después de pensar unos segundos habló. Para el niño la mujer no solo se veía imponente sino que inspiraba seguridad en sí misma que de alguna forma la hacían ver aún más grande así como pasaba con su padre. — Debes ser muy especial para haber logrado entrar en el corazón del dios de los muertos, Alex… Así como contar con la aprobación y cariño de mi hija, eres merecedor de ser aceptado por mi persona. Hades rodó los ojos por el comentario inicial y vió de reojo a Perséfone. Siempre era fastidioso que, para todos fuera alguien frío que no puede sentir cariño alguno, aunque si era así con todas las demás personas, así que de todos modos había razón para pensarlo, por lo que volvió a ver a Alexander más calmado de que lo haya aprobado y no le vaya a hacer daño mientras suspiraba. — ¿Continuamos? Aún tenemos que hablar del asunto por el que llamamos —comentó Hades, acariciando el cabello de Alexander, éste sonrió más tranquilo por el tacto y abrió los brazos hacia Hades para que lo cargara. Esté lo miró con diversión, sabía que el niño estaba al tanto de su tensión con la presencia de Deméter y buscaba relajarlo, por lo que no dudó en aceptarlo y cargarlo con tranquilidad—. Bien, puedes venir. Perséfone no se contuvo y fue a abrazar a ambos, mientras que Deméter los veía con curiosidad, pues aquello era sumamente nuevo, ella estuvo un tiempo pensando que la pareja no tenía hijos porque eran egoístas y no querían compartir su amor con nadie. Pero ahora mirándolos sabía que se había equivocado, no habían tenido hijos porque no estaban listos y ahora con Alexander era más que obvio que sí. Hades marcó el camino mientras cargaba a Alexander, Perséfone caminaba a su lado y Deméter al otro lado de esta, los pasillos eran grandes, largos y bastante anchos, por lo que podían caminar con soltura y comodidad, Alexander en el trayecto no dejaba de ver a Deméter, quería hacerle preguntas, pero se contuvo sin saber si aquello era lo adecuado. Llegaron a la gran sala de estar que tenía el castillo, enseguida Hades ordenó a uno de los sirvientes preparar un té para todos. Fue a sentarse a uno de los muebles compartidos mientras llevaba a Alexander todavía. — Nos han pasado un par de cosas extrañas y la llamamos con más urgencia para corroborar si le había pasado a los demás —comenzó Hades justo después de sentarse— y así saber si es cosa solo del Inframundo o no. — ¿Cosas extrañas? —preguntó juntando las cejas Deméter, mientras se sentaba, Perséfone tomó asiento junto a Hades y Alexander. — Me temo que sí, hemos experimentado cambios en nuestros poderes, un descontrol que no había antes —comentó viéndola y Deméter asintió despacio pensando. — Decidimos preguntar a los demás para saber si es cosa del panteón o solo del Inframundo, pero sin duda preguntarle al resto de nuestros hermanos no es una idea agradable —comentó Hades mientras abrazaba a Alexander con una mano y la otra la colocó con cuidado en la pierna de Perséfone a su lado. Alexander escuchó lo que hablaban con atención y aunque quisiera hacer sus propias preguntas a Deméter, notaba la seriedad del asunto y prefirió esperar a que la conversación acabara para poder saciar su curiosidad. Deméter por su parte bajó la vista un momento, ella había estado experimentando cambios también y temía que fuese por los cambios de la actualidad y el calentamiento global, pero al escucharlos sintió un leve y momentáneo alivio, pues no era la única que lo experimentaba. — No he podido salvar unas cosechas en el sur —respondió finalmente, había intentado ya por meses hacerlo pero nunca lo lograba—. Y sí, recibido la energía suficiente por la admiración de los humanos, aunque la siento simplemente no logro usar mis habilidades. La respuesta de ella hizo palidecer a Perséfone, al menos no eran los únicos con los problemas por lo tanto no era algo exclusivo del Inframundo, sin embargo que todo el panteón lo estuviera experimentando era igualmente preocupante. Por su parte, Hades permaneció más serio y juntó las cejas con más preocupación. Miró de reojo a Perséfone. — De ser así, los demás están teniendo problemas —se quedó pensando, realmente no quería tener que hablarle a Zeus y los demás. Miró a ambas y luego hacia la ventana pensando. — ¿Creen que debamos reunirnos? Al menos la primera generación —cuestionó, suspirando medio rendido. No pensaba que llegaría el momento en que cayeran por completo los dioses griegos. Acarició el cabello de Alexander y con suavidad movió su pulgar en el muslo de Perséfone, la cual tenía una mirada triste y preocupada. — Creo que sería buena idea —asintió Deméter y Alexander parpadeó cayendo en cuenta de algo. — Tu eres hermana de papá —comentó Alexander sin siquiera pensarlo, provocando que los tres adultos lo vieran de inmediato, así que se sonrojó un poco pero tomó aire buscando valor. — Así es —comentó Demeter, era una mujer de belleza imponente y cuando arqueó la ceja, Alexander buscó más seguridad con Hades. Hades asintió a la respuesta de Deméter, pensando en eso y en lo fastidioso que será llamar a todos para cuadrar esa reunión. Sonrió un poco más divertido por el comentario de Alexander y lo abrazó mejor con el brazo que tenía libre, mientras con la otra mano continuaba acariciando con suavidad la pierna de Perséfone. — Entonces deberé llamar, seguro quieran arreglar ellos cuando nos reunimos —asintió pensando de nuevo en el asunto y vió de reojo a su esposa, esperando saber qué opinaba ella. Perséfone asintió finalmente, se encontraba pensativa pues no quería ver a los demás dioses, pero la idea de enfrentarse cara a cara con su abusador era algo que la aterraba. Cada vez que recordaba aquello era de nuevo la joven Perséfone, la recién casada y totalmente inocente que confiaba que era su esposo el que le besaba y tocaba, pero cuando ella sospechó que había algo extraño y dijo "detente", él continuó, y no importó que tanto ella se resistiera él no la dejaba. Por un momento sufrió tanto no solo físicamente sino emocionalmente, pues pensaba que era su amado esposo quien la lastimaba, cuando finalmente Zeus volvió a su forma original se sintió estúpida y totalmente pisoteada. Aquello fue una de las primeras gotas que dió paso al fin del pacto de los seis meses en la tierra. Porque después de eso, Perséfone se resistió a salir del Inframundo, le aterraba pensar en que pudiera volver a pasar, y al menos en el Inframundo Hades había tomado las riendas aún más fuerte y la seguridad fue totalmente impenetrable, por cual ella se sentía a salvo ahí abajo. En cambio afuera, nada podría brindar esa seguridad. Finalmente la mirada de la diosa más joven se posó en la de Hades, él había sido el esposo perfecto antes y después de aquello. La cuidó, le dió apoyo y protección, fue totalmente paciente con ella porque comprendía la situación. No la dejó a pesar de las pesadillas, los problemas para retomar la vida s****l con él, que estuviera aún más pegada a su lado y otra serie de problemas que le parecerían agotadoras a otras personas. — Parece una buena idea —asintió Perséfone finalmente, pero era más que obvia la incomodidad y la duda en sus palabras, sabía que era lo mejor para todos, incluyéndola, pero aquel miedo no se iba. Hades suspiró mirándola pensando, sabía que ella no quería verlo y tampoco a él le fascinaba la idea de aquello. Si su relación con su hermano menor era distante, pues no salía nunca del Inframundo y no es como que Zeus lo fuera a visitar seguido antes, después de aquella ocasión, todo cambió radicalmente y cada visita de él terminaba con Cerbero corriendo a atacar a Zeus para que se vaya. — Puedes quedarte aquí y solo voy yo para allá, supongo que querrá que sea en el Olimpo —comentó Hades dando un ligero apretón a su pierna con la mano que dejó ahí. No quería que su esposa se sintiera incómoda de ninguna forma. Miró a Deméter a continuación, se lleven como se lleven, ambos tenían la misma prioridad que era cuidar a Perséfone. Entonces buscó más opciones para evitar esa situación tan tensa. La madre de su esposa finalmente asintió, la mayoría de diosas, ninfas y otras mujeres del plantón griego tenían muy tristemente la maldición de los hombres. Todos creían que por ser dioses poderosos podían hacer lo que quisieran con ellas, cuando ellas contaban con el mismo poder y estatus, pero aceptarlo parecía hacerlos sentir inferiores y todo lo que los hiciera sentir así querían destruirlo. — Me parece buena idea, podemos ir Hades y yo, no deberían dejar a Alexander solo con esta situación —dijo su madre, Perséfone lo pensó, se sentía como una cobarde pero asintió a la idea. Pero antes de poder contestar la voz de Alexander los interrumpió de nuevo. — ¿Y yo no puedo ir? ¿Por qué es tu mamá pero también es hermana de papá? —preguntó todo confuso, aquello hizo sonreír de lado a Perséfone y con cuidado apoyó la cabeza en el hombro de su esposo. Hades sonrió divertido pero no supo realmente cómo responder a eso pensando y besó la frente de Perséfone con suavidad cerrando los ojos un momento para disfrutar del tacto de su piel. — Ya te explicamos porque no se puede confiar en los demás dioses, Alexander —dijo despacio pero con un ligero tono de regaño—. Es riesgoso y más de una cosa mala puede ocurrir y no queremos que nada ni nadie te haga un daño, sea o no reparable. Suspiró, Alexander era un buen niño y pocas veces tenía que regañarlo, y de hecho no le gustaba hacerlo. Pero una situación así lo ameritaba porque no quería correr el riesgo. Siempre que dioses y mortales se involucraron, pasaron cosas muy malas. Alexander bajó la vista y asintió despacio, no le gustaba que lo regañen, solo le daban curiosidad los dioses, había leído mucho sobre ellos pero quería aún más información. — Lo que tú padre quiere decir es que te amamos y queremos que estés a salvo porque si algo te pasa nos dolería muchísimo —comentó finalmente Perséfone—. Los dioses somos distintos a los humanos con respeto a los lazos de sangre, pues nuestra genética es diferente al ser familia y nuestra sangre prácticamente perfecta, tampoco entendemos de edades porque vivimos mucho tiempo… Es lo mejor que puedo decir para explicarte el porque muchos de nosotros como has leído, están casados con sus tíos, primos y parientes, además de que somos muy pocos a pesar de todo. Hades suspiró con pesadez, no era del todo bueno para las explicaciones de ese tipo y prefería dejar a Perséfone que lo hiciera. — Bueno, entonces haremos eso —dijo mirando a su esposa viéndose pensativo. Luego una fugaz idea cruzó por su cabeza y sonrió—. Aunque admito que la idea de Zeus sin sus poderes es algo relajante. Se quedó pensando en eso, aunque pasara que el poder del panteón griego menguase por completo, el Inframundo seguiría existiendo y requiriendo trabajo. Y mientras este funcione y tenga almas, tanto él como Perséfone deberían poder conservar un mínimo sus poderes dado que los necesitarán para poder manejarlo. En cambio su hermano, no tiene trabajo alguno, no requiere la tierra de que posea poder para su mantenimiento. Alexander por su parte parecía más tranquilo por el comentario de Perséfone, Deméter los observaba pensativa pues la pareja se veía aún más unida que antes. — Llamaré entonces a los demás, la reunión puede ser hoy mismo —comentó pensándolo—. Es algo bastante importante, hace milenios no nos reunimos todos en un solo lugar. Perséfone miró a Alexander, se quedaría con él durante la reunión, aunque sinceramente se encontraba cansada de solo pensar en todo aquello, de la nada una sensación de cansancio la abordó y bostezo y aquello le recordó a cuando la intentaron secuestrar mientras dormía. Hades asintió y dejó que Alexander se acurrucase con ellos para abrazar mejor a Perséfone contra él. — Todo estará bien, te lo prometo —aseguró besando su frente con cuidado otra vez. Se sentía algo tenso por la situación pero seguro, porque pase lo que pase igual no perdería lo más importante que tenía —. Mi amada, no importa que sea que lo sea que pase, todo estará bien. Aquellas palabras tranquilizaron a Perséfone de inmediato, Hades siempre hablaba muy seguro de sí y aquello era algo que se contagia, pues le inspiraba a ella la misma tranquilidad. — Está bien… probablemente tome una buena siesta —comentó tranquila a lo que Deméter asintió viéndola y se levantó. — Llamaré a los demás dioses, una vez confirmen la reunión nos vamos —para Alexander que estaba sentado, la imagen de Deméter levantándose era igual de imponente que su padre, pero para su sorpresa ella le revolvió el cabello con un gesto gentil—. Luego tendremos más oportunidades para conocernos. Hades asintió por mera costumbre y miró a Perséfone para dejar un suave beso en su cuello buscando un poco más de cariño, si la reunión sería ahora mismo quería tener unos minutos a solas con su esposa antes de partir. — ¿Cuidarás a tu madre mientras no estoy? —preguntó Hades a Alexander con tranquilidad y un poco de diversión mientras lo abrazaba igual que a su esposa, mientras a ésta la miraba de reojo con atención. Aquello le causó bastante ternura a Perséfone, quien sonrió sin poder evitarlo y besó su mejilla varias veces. Hades era un padre espectacular y era en todo el sentido de la palabra un esposo perfecto para ella. Así que sabiendo que se encontraría estresado acarició su cabello despacio, los dedos parecían fluir entre el mar de negros cabellos de Hades, se sentía suave y como si estos derritieran al pasar de la piel de ella, se sentía como la ceniza fría en unas manos torpes. — Claro que sí papá, pero mamá no necesita protección… Ella puede cuidarse sola si quisiera —contestó viéndolo y aquello hizo reír a Perséfone—, pero ella se deja proteger porque te ama. Hades alzó ambas cejas ante ese comentario, bastante entretenido por el niño y sonrió un poco para besar su frente. Relajándose por las caricias de Perséfone. — Lo sé muy bien, pero no es lindo estar solo así que deberías acompañarla cuando me vaya —comentó con cuidado y pegó un poco más su propio cuerpo al de Perséfone. — Está bien papá —asintió finalmente el niño, Perséfone vió a Hades pensando y luego a Alex y este antes de que ella lo pidiera río bajito—. Voy a darle comida a los perros —y salió corriendo hacia la salida del jardín, él sabía que su madre le pediría un momento para hablar a solas con Hades. Aquello causó una sonrisa en Perséfone y de inmediato besó a Hades cortamente. — Nuestro hijo es un pequeño genio, creo que será alguien sumamente inteligente cuando crezca —dijo tranquila mirándolo, y tenía razón en sus palabras pues los dioses son inteligentes y al haber visto tantas vidas humanas nacer, crecer y morir, ya podían adivinar hasta cierto punto cuál sería el destino de un mortal. — Lo es, sabe perfectamente cuando nosotros queremos estar solos —sonrió y juntó su frente con la de ella uniendo sus labios en un beso suave. Hades sonrió y aún dejando pequeños besos en sus labios la acomodó mejor sobre sus piernas para poder abrazarla con más facilidad. Se quedó unos segundos haciendo eso hasta extender más la sonrisa. — ¿Querías decirme algo, querida? Aquello le causó un sonrojo y de inmediato lo besó, lento, cerrando los ojos y suspiró profundo. — Sí, quería que supieras que si necesitas mi ayuda sabes que puedo ir a tu lado y que realmente espero que todo salga bien de esa reunión —dijo con suavidad mirándolo—. Pase lo que pase, sabes que estaré aquí para ti siempre, con o sin poderes. Realmente todo lo que le importaba a Perséfone estaba bajo aquel techo. Hades, Alexander, Philip y Cerbero eran su familia y siempre y cuando estuvieran unidos ella estaría tranquila, la calmaba el hecho de que se tendrían mutuamente. Nunca fue dependiente de sus poderes, y Hades más que usarlos para su beneficio todo el tiempo solo los utilizaba para la administración del Inframundo, así que no tendrían problemas si dejan de tenerlos, solo se adaptarán a las circunstancias. Hades estaba igualmente tranquilo respecto a eso y sabía que más que complicarse la administración del Inframundo no pasaría a mayores. Aunque la idea de perder sus poderes no le gustaba y temía lo que pasara con el Inframundo si él no puede manejarlo, no era algo que le generará un cambio con el que no pueda lidiar. — Lo sé, querida… y solo con poder continuar mi vida a tu lado es suficiente para que pueda ser feliz —dijo, con un tono más suave inclinándose a besarla más lentamente, subiendo una de sus manos a la mejilla de Perséfone. Ella de inmediato inclinó el rostro hacia su mano, se veía tranquila y dejaba besos lentos a gusto en sus labios, estaba totalmente tranquila con aquello, pero antes de poder seguir el beso Deméter regresó a la sala.
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