Se quedó pensando en otra solución, no le gustaba tener que pedir cosas, menos a su hermano y aunque no fuera a Zeus, no hay gran diferencia entre uno y otro. Miró a Perséfone y le acarició con cuidado su mejilla, pasando suavemente el pulgar por su pómulo una y otra vez. En su mirada se notaba un brillo de determinación, así como esa vez que se decidió a conquistarla. Y besó su frente.
— Yo me haré cargo ahora.
Aquellas palabras de inmediato la relajaron, pero antes de actuar bajo la vista a Alexander que seguía mirándolos confuso, ya estaba acostumbrado a las muestras de cariño de sus padres, eso le parecía adorable y le gustaba porque siempre veía a los demás padres enojados entre ellos o discutiendo, sin embargo saber que los suyos se amaban lo hacía sentir seguro.
— Alex, ve por Philip y Cerbero, vamos a salir a dar una vuelta por el jardín todos juntos —dijo Perséfone, aquello era una forma para relajarse y así le daba unos minutos con Hades a solas.
Alexander asintió contestando un "sí, madre" bastante emocionado por el paseo, ya que pocas veces salían aún del castillo. Por lo que corrió a buscar a los perros que jugaban en uno de los salones. Apenas el niño se perdió de vista cruzando por el pasillo, Perséfone tomó el rostro de su esposo y lo besó, empezó lento pero pronto subió de intensidad, era un beso necesitado, ella lo necesitaba a él, quería su cercanía y pronto se dió cuenta que había pasado las manos al cabello de Hades, jalando un poco este y aferrándose a él como si fuera a irse de un momento a otro.
Hades le siguió el beso de inmediato, siguiendo su ritmo sin problema alguno y colocó su otra mano en la espalda de ella. Su cercanía también lo relajaba casi por completo y aunque eso no fuera a pasar, puesto que tenía que ponerse a averiguar sobre cómo solucionar el problema, lograba relajarse y pensar que pase lo que pase con eso, todo estaría bien con ellos.
Continuó acariciando su espalda en lo que quedaba del beso mientras esperaban a que Alexander llegará con los perros. Hades suspiró contra los labios de su esposa mientras sonreía.
— No te imaginas cuánto disfruto de ti y tus labios, querida, no importa cual sea el momento —susurró antes de volver al beso, inclinándose un poco hacia delante para profundizarlo.
Perséfone envolvió los brazos alrededor del cuello de su esposo, estaba gustosa de tenerlo tan cerca, sentía su corazón latir junto al de ella y sonrió ampliamente durante el beso. Aquello hubiera seguido aumentando de nivel, hasta que escuchó los ladridos de los perros en el pasillo de al lado, así que poco a poco bajó la intensidad y abrió los ojos para ver a su esposo.
— Más tarde podemos seguir —sugirió viéndolo, Perséfone tenía aquel brillo en los ojos que solo tenía cuando veía a Hades, él era un hombre maravilloso y ella sentía que tenía suerte al tenerlo y de él tenerla a ella, porque sabía que eran iguales y que se merecían mutuamente por ello.
— Te recordaré esas palabras, querida —se atrevió a bromear y finalmente dejó un corto y suave beso en sus labios por última vez antes de separarse, justo en el momento en el que Alexander cruzaba la puerta con Philip y Cerbero.
Alexander ya le había colocado los collares a los perros y Hades tomó con firmeza la correa de Cerbero. Y con la otra mano rodeó la cintura de Perséfone, sabía que en ese momento los dos necesitaban la cercanía del otro y era una forma de mantenerla.
Esta miró a su esposo con los ojos brillantes y caminó con él, mientras que Alexander llevaba a Philip pensando.
— Podemos ir al parque —sugirió viéndolos pensando, Alexander asintió de inmediato emocionado. Hades suspiró asintiendo caminando a la salida del castillo llevando a Cerbero.
Alexander lo miró entretenido, ya conocía bastante a Hades y sabía que salir del castillo no era su actividad favorita. Pero si era su actividad favorita hacer feliz a Perséfone y estar con ella. También notó lo mucho que su padre disfrutaba ver a su esposa tan feliz cuando salían al parque.
— Será agradable —comentó Hades sonriendo de lado mientras abría la puerta del castillo y volvía a tomar la correa de Cerbero.
Durante todo el camino al parque, Hades se mantuvo abrazando a Perséfone, dejando caricias suaves con los dedos para que esté tranquila. Esta a su vez se concentraba en las caricias de su esposo, sabía muy bien que su intención era brindarle tranquilidad, pero desde que él pronunció aquellas palabras, “yo me haré cargo ahora”, sabía, con toda la certeza del mundo que Hades no pararía hasta encontrar la causa del fallo y erradicarla para que no vuelva a molestar. Aunque sin dudas eso mismo la preocupaba un poco, porque eso significaba que él sería capaz de lo que fuera por poder brindarle esa tranquilidad y no quería que hiciera cosas que lo incomoden, como hablar con Zeus o Poseidón y que tuviera que lidiar con ellos o deberles favores.
Alexander por otra parte, caminaba emocionado porque el tema de dioses esté tan a flote en las conversaciones últimamente, aunque le parecía extraño los comentarios de sus padres sobre quienes formaban parte de la familia de ellos también. Los miraba de reojo mientras caminaban y sonrió viéndolos. Estaban bastante concentrados en ellos, su padre estaba realizando su actividad favorita que era estar con su madre y abrazarla, o como él mismo diría “sentirla cerca”, y ella estaba más apegada a él que de costumbre cuando eso pasaba. Y eso significaba que se encontraba asustada, por lo que cuando Alexander estuvo a punto de abrir la boca para preguntar algo más acerca de los dioses que ellos conocían, la cerró, sonriendo de lado y continuando el paseo en silencio hasta que llegaron al parque.
Una vez ahí, y habiéndose internado más en la zona verde, Alexander soltó a Philip para que pudiera olisquear con más libertad el lugar. Hades redujo un poco las caricias en la cintura de Perséfone para que esta pudiera concentrarse en la flora del lugar y quizás repotencie su divinidad, dejando un beso suave en la sien de ella.
— ¿Cómo te sientes, querida? —preguntó, usando un tono incluso más suave del que normalmente usa con ella. Tenía una idea en mente que debería poder funcionar perfectamente para ambos si el problema recae en el Inframundo. Entonces soltó con cuidado la correa de Cerbero para poder abrazarla mejor.
Ella sonrió, no necesitaba ser adivina para saber que la preocupación de su esposo había avanzado a tal nivel.
— Mejor, cariño —le sonrió, buscando que se relajara más y dejó un beso en sus labios mientras se acurrucaba más en su pecho, buscando su cariño. Durante el paseo había estado pensando y analizando formas para mejorar la situación, no quería ser una carga ni que Hades la tratara como si fuera una niña desprotegida, ella era tan inteligente como él e incluso aún más fuerte con la situación actual—. Tengo una sugerencia.
Cuando terminó de decir la oración, subió la vista para ver a su esposo, le gustaba como éste parecía medio agacharse para escucharla. Aquello era divertido pues ninguno de los dos era bajo, y eso la hacía preguntarse cómo sería la situación si ella fuera del tamaño de una mortal, Hades se vería increíblemente gigante a un lado de ella.
Como ahora, rodeados de mortales, la altura y porte de ambos destacaba, si Hades se formará en una fila superaría a todos los hombres por una cabeza o dos, incluso a los altos, y ella igualmente pero con los mujeres, pues habían hombres mortales más altos que ella, pero a la mayoría ella los superaba.
— ¿Si, querida? — preguntó con calma mirándola todavía siguiendo las caricias caminando bien a gusto.
Se veía bastante interesado, toda idea era felizmente bienvenida para él. Miraba alrededor con interés. Pensando en hablar al volver para poder averiguar mejor sobre estos problemas. Observaba a Alexander jugar con Philip y Cerbero por el césped y sonrió un poco más relajado, permitiéndose distraerse un poco.
— Un contrato contigo… Tienes una empresa funeraria, podrías colocar en letras chicas o tinta invisible que al morir la persona acepta que el alma del difunto vaya al Inframundo, es mucho más papeleo pero tú sabrás si es factible aquello —la mirada de ella expresó total preocupación con la situación, tenía miedo de que algo pasará que pudiera arruinar la salud del otro.
Miró un momento donde jugaba Alexander y sonrió ampliamente, se sentía orgullosa de él y aquello la hizo también relajarse.
— Nuestro hijo es increíble —comentó con simpleza y suspiró, sus músculos se relajaron perceptiblemente y el ambiente se inundó de un delicioso olor a flores, las personas del lugar de inmediato lo captaron y empezaron a hablar de aquello.
Hades suspiró y miró a Perséfone asintiendo. Aquella idea podía funcionar, sonrió de lado con agrado. Siguió abrazándola y fue a acercarse a un árbol.
— Podría funcionar, deberíamos colocar los óbolos siempre en el cajón… o casi siempre —movió la cabeza asintiendo y la miró con atención—. Temo que el Inframundo use de tu energía para mantenerse… me preocupa que sea así —murmuró sincerandose con ella respecto a la mayor preocupación de él y acarició su mejilla con suavidad—. No quiero arriesgarme a que pase de nuevo.
Miró alrededor, notando las reacciones de las personas ante la intensificación del aroma y volvió a ver a Perséfone.
— Deberíamos salir más seguido —aunque no le fascinara hacerlo, cosas como esas podrían aumentar la creencia en ella.
— Estoy bien, por favor no empieces a hacerte ideas en la cabeza —pidió, pero sabía que eso era imposible para él, lo haría, ella se lo pidiera o no porque él siempre intentaba cuidarla pero era muy poco lo que se dejaba cuidar él.
Escuchó la risa de Alexander de fondo junto con los ladridos de los perros mientras jugaban. Philip había crecido para ser un perro de tamaño medio y Cerbero jugaba con bastante más delicadeza de lo que hacía con Hades, era para cuidar a los dos jóvenes mortales. Más allá, cerca del árbol vecino estaba una pareja de adolescentes, la chica veía las flores con admiración y su pareja decidió alcanzarle una, aquello hizo que la diosa suspira y besó cortamente a Hades, sin embargo no tardó en notar cómo a pesar de recibir la adoración se sentía más leve.
— Solo quiero asegurarme de que estés excelente, no solo bien —comentó Hades mientras seguía las caricias en su cabello y se recostaba bajo el árbol, apoyando la espalda en el tronco de este.
Miró la misma escena que veía su esposa y sonrió para voltear a verla, sus ojos brillaron con emoción. La vió algo con algo de confusión, pues notó cómo sus ojos no brillaban con la intensidad debida ante ese acto. Su ánimo se redujo notablemente.
— ¿Todo en orden? —preguntó, de inmediato notándose más preocupado.
— No demasiado, no se siente como siempre —respondió ella y le fue imposible ocultar el miedo que sentía. No sabía que Hades se había sentido de aquella manera cuando notó como progresivamente sus poderes iban menguando pero ahora sabía lo aterrador que se sentía, así que abrazó con más fuerza a su esposo y cerró los ojos pensando— ¿Crees que sea algún tipo de enfermedad?
El viento era fresco y el sol brillaba a pesar de hacer un clima frió, aquel era el ambiente perfecto para cualquier planta por lo que todas parecían resplandecer con pompa. Incluso Perséfone se veía aún más hermosa en aquel lugar tan vivo, su imagen era idéntica a cuando Hades la vió por primera vez, y si bien los dioses no envejecen la edad se les nota en los ojos, están llenos de sabiduría y conocimientos; unos más que otros. Pero lo cierto era que aquel momento ella lucía como hace milenios atrás, algo insegura pero totalmente hermosa, hasta que volvió a abrir los ojos y aquella belleza era comparable a la cantidad de valentía y fortaleza que había adquirido con los años.
Hades la abrazó de vuelta contra él y besó su frente viéndose más preocupado y cansado. De verdad esperaba que Perséfone no tuviera que pasar por esa impotencia que él pasó y temía que se apagara si le pasa lo que a él.
— No lo sé… pero prometo solucionarlo —murmuró abrazándose a ella, también tenía miedo él ahora aunque de una forma diferente, pues no es como que Hades le temiera a muchas cosas. Perséfone era tan importante para él, que lo que tuviera que hacer para evitar que se debilite, lo haría.
— Podemos llamar a mi madre hoy, que venga antes de lo planeado, y Hades… —llamó a su esposo mirándolo a los ojos, con cuidado colocó una mano en su mejilla y le sonrió sincera— Vamos a estar bien, no importa lo que pase siempre voy a estar feliz a tu lado.
Perséfone lo hizo recostarse en la hierba, ella se recostó en él y cerró los ojos relajada. Lo abrazó con fuerza y luego besó su mejilla, ella se veía bastante tranquila después de aquellas palabras, pero esperó a que él contestará.
Hades suspiró mirándola, nunca le gustaron las visitas de Deméter. Siempre pasaba algo malo cuando venía y no era muy amable con él tampoco. No quería imaginar siquiera lo que podría decir si se entera lo que pasó. Pero sabía bien que podría ayudar así que solo asintió, sonriendo un poco para transmitirle su habitual tranquilidad.
— Está bien, podemos llamarla hoy —besó sus labios con suavidad y juntó sus frentes mientras se dejaba recostar —. No veo que puede tener de malo.
Las horas pasaron y todos volvieron al castillo. Alexander corrió a su habitación, estaba realmente emocionado por la primera visita de un dios fuera de sus padres, quería conocer a su abuela. Philip fue tras él y Cerbero tras los señores de la casa, Perséfone se notó tranquila por la visita de su madre pero nerviosa por la razón de esta. Al final ella terminó por llamar a Deméter una vez regresaron del parque y al notar la urgencia de su hija aseguró que llegaría en una hora.
— Vamos a cambiarnos… Tienes el traje lleno de tierra —dijo ella entretenida, se veía más aliviada por pasar un rato con su familia, y más aún con la cercanía de Hades al cual en ocasiones, como aquella, le parecía aún más adictiva que de costumbre ya que en los momentos más tensos o complicados su esposo siempre mantuvo esa calma y serenidad que lo caracterizaba, y por tanto se la brindaba a ella.
Hades sonrió con diversión y mientras la abrazaba nuevamente por la cintura la guió a la habitación de ellos. Intentando disimular su tensión por la visita de su suegra, dejó besos suaves por la mejilla de Perséfone.
— ¿Cuándo te dijo que venía? — preguntó mientras entraba en la habitación y se dirigía a su armario sin separarse de ella— Estaba pensando en que si Alex quiere conocer más dioses podemos pensar en presentarle de otros panteones, que sean más de confianza que nuestros lamentables familiares.
Aquella idea la hizo voltearse a verlo mejor, se había acercado a la mesa de noche para buscar un collar y las palabras de Hades la habían tomado por sorpresa, ella no lo había pensado y le parecía muy buena idea.
— En una hora —respondió a lo primero tranquila haciendo una pequeña pausa antes de contestar lo segundo— Eso suena muy bien, podíamos invitar a Loki y a su esposa, ya sabes… —comentó Perséfone interesada, esos dos tenían una historia algo complicada desde el origen de los mitos nórdicos que contaban solo lo conveniente para los “buenos”, y luego aquella pareja tuvo una intervención de Eros que salió bastante mal aunque sus intenciones fueran las mejores— Pero hay que dejar al resto de los nórdicos muy lejos de Alexander, no quiero que aprenda a ser tan… bueno, nórdico.
Conforme hablaba dejó el collar afuera, luego procedió a quitarse la blusa pensando en aquello, los primeros dos dioses eran de su total confianza, y eso solo podría decirlo de algunos pocos. Luego de quitarse el jean volteó a ver a Hades arqueando una ceja, no lo había dejado opinar y quería escuchar su opinión.
— Si, lo sé, yo pensaba específicamente en Loki y su esposa, no es como que me lleve bien con el resto de los dioses —comentó con diversión mientras se quitaba el saco y la corbata, volteó también a verla desabrochando su camisa—. Preferiría mantenerlo lejos de cualquier dios nórdico ajeno a Loki y su hija… no tienen buena fama en lo que respecta al trato con niños.
Mientras se quitaba la camisa, caminó a dejar la ropa de la que se despojó en el cesto de lavado, finalmente colocó la camisa en este también y comenzó a desabrochar su pantalón.
— También podríamos aprovechar y preguntarle a él si ellos están teniendo problemas también —sugirió Hades.
Sus ojos brillaron inicialmente pensando que él podría ayudarlo a resolver este problema, pues la astucia del dios del engaño era considerablemente envidiable, pero luego se apagaron recordando que justamente Loki no se vería afectado por el tema dioses y su hija tampoco.
— Olvídalo, no dije nada —suspiró rendido y se acercó nuevamente a ella para besar suavemente sus labios.
— Conociendo a los dioses nórdicos, si les hubiera sucedido algo ya lo sabríamos, son escandalosos —dijo tranquila y ante el beso sonrió ampliamente colocando las manos en los costados de su esposo mientras lo veía con atención—. Pero sabes que siempre está ocupado, una y otra vez, con lo de su esposa y sus constantes reencarnaciones.
Apenas terminó de hablar no pudo resistir más sus ganas de mirar a su esposo, su vista parecía deslizarse por el cuerpo de él. Nunca dejaría de sorprenderse del cuerpo de Hades, era alto y musculoso sin embargo era el más delgado de los dioses de primera generación, es decir, sus hermanos. Zeus y Poseidón lo superan en musculatura, pero los tres eran de la misma altura, al igual que sus hermanas. Todos parecían hechos de mármol, la segunda generación como la de ella eran un poco más pequeños, sin embargo conservaban aquella fuerza. Finalmente suspiró profundamente mirándolo y besó su hombro.
— Lo sé, pero creo que unas horas de visita no es demasiado —comentó, sonriendo por el beso. Subió una mano a su cabello para acariciarlo y arqueó ambas cejas mirándola, sus ojos brillaron de nuevo pues estar con su esposa, a solas y tranquilos era sin duda algo que lo hacía feliz.
Sonrió más ampliamente y la besó de nuevo pensando en lo afortunado que se sentía de tenerla. Ella tenía razón, no importa que pase con los poderes de ambos, podían ser genuinamente felices el uno con el otro.
— ¿Te mencioné antes lo feliz que soy de poder ser tu esposo, querida? —preguntó con sus labios rozándose un poco al hablar.
Aquello le provocó un leve escalofrío y Hades sonrió un poco más cuando la vió reír ante aquello.
— Un par de veces, sí… Aunque me gusta más cuando lo dices seguido —comentó entretenida, sabía y no dudaba de los sentimientos de Hades. Poco a poco acarició sus costados hasta la cadera del mencionado, lo veía con los ojos brillantes, como si fuera su total adoración.
Hades sonrió aún más, en ese momento se sentía particularmente feliz y más confiado en la fuerza de la relación que tenía con Perséfone.
— Puedo repetirlo las veces que quieras, porque no es más que la pura verdad —sonrió y se inclinó besándola más suavemente mientras acariciaba su mejilla—. Jamás permitiría que algo o alguien nos separe, en el buen sentido claro, ¿lo sabes también, no?
— Lo se querido, yo tampoco lo permitiría, ahora... A menos que quieras que mi madre nos encuentre en la cama como aquella vez, es mejor que nos vistamos —comentó divertida Perséfone, sostuvo el rostro de Hades un momento dejando pequeños besos en sus labios—. Y portate bien cuando ella venga, yo intentaré mantenerla calmada, probablemente se entretenga con Alex.
Ella se dió la vuelta para caminar al armario. Todo el cuarto tenía un fuerte olor a rosas y un toque a lirios, aquel era el olor de cuando Perséfone y Hades iban a la cama, y era algo que la delataba. Pero si algo había aprendido durante tantos años y que la diferenciaba de los otros dioses era el sentido de responsabilidad, sabía que debía ir a arreglarse para recibir a su madre… Aunque muchas veces Hades logró desconcentrarla lo suficiente como para que ella se olvide del día y la hora, o de algún trabajo pendiente… O de buscar temprano a Alex, el cual un par de veces se quedó hasta tarde porque sus padres estaban muy concentrados el uno con el otro, el último pensamiento la hizo reír justo cuando entraba en el armario.
Hades alzó ambas cejas y la besó un momento de nuevo para ir a su armario viéndola de reojo.
— Realmente no le veo que tiene de malo, o porque no puede esperar un poco —comentó mirándola de reojo mientras comenzaba a vestirse y luego suspiró, cambiando su semblante a uno un poco más incrédulo—. Yo me porto bien, ella comienza con sus comentarios en mi contra —rodó los ojos un poco más resignado con esa visita. Pero se relajó nuevamente sintiendo ese aroma particular y volvió a verla de reojo.
— Sé que te portas bien, pero luego discuten y es como una guerra en la mesa —niega entretenida pero algo sonrojada intentando que aquel aroma cambiará, Hades conocía lo que significaba aquello y ella lo sabía, pues casi todos los días lo olía.
La dinámica de pareja no había cambiado desde la llegada de Alexander. Aunque había veces en que no podían hacerse uno en la cama porque su hijo dormía con ellos o porque los interrumpió antes, siempre cuidaban de mantener la relación por encima de todo, ya que en algún momento Alex crecería y se marcharía a hacer su vida, y ellos seguirán juntos. Amaban a su hijo pero procuraban cuidarse entre ellos primero para así cuidar bien del pequeño, aquel pensamiento la hizo sonreír y tomó un vestido de color verde pálido.
Hades continuó mirándola de reojo con atención, sonriendo de lado mientras se vestía nuevamente.
— Si discutimos es porque no tengo porque permitir que me falte el respeto, y a nuestra relación en mi casa —respondió luego de pensarlo y sonrió más notando que su esposa intentaba cambiar ese aroma particular—. ¿Seguro que no podemos hacerla esperar? Porque sabes que mientras más intentas taparlo se hace un poco más notable.
Aquello no era mentira pues Hades no pudo contener un pequeño suspiro debido a que el aroma se había intensificado un poco y eso provocó un sonrojo en su esposa que se aclaró la garganta.
— No quiero hacerla esperar después de que dijimos que era urgente, aunque admito que me gustaría — suspiró lo último apenada, el olor se hacía un poco más intenso, pues entre más intentaba concentrarse, más imágenes de Hades yaciendo junto a ella llegaban a su mente, hasta que finalmente fue hasta éste —. Intento ser responsable.
Y se abrazó a él, metiendo las manos dentro de su camisa, necesitaba relajarse y aquello lo hacía con la otra cara de la moneda, la intimidad no necesariamente s****l. Hades la abrazó con cuidado de vuelta y besó su frente con suavidad.
— Lo sé, pero tu madre lo notará… ¿y si piensas en Alexander? Suele cambiar el aroma a veces —comentó tranquilo mientras seguía acariciando su cabello para relajarla un poco cerrando los ojos a gusto.
En ese momento el timbre del castillo sonó, y Hades tuvo que contenerse de soltar alguna maldición sobre su suegra.
— Llegó —murmuró con resignación, cerrando los ojos para concentrarse en "portarse bien" para Perséfone.
Esta suspiró pesadamente, quería quedarse con su esposo, hacer el amor con su esposo y tomar una siesta abrazada a él después de eso. Sin embargo estaban turnando la paz de ambos con todo aquel alboroto, con aquel ridículo problema que salió de la nada, aquello le molestaba y pronto el aroma cambió a una mezcla de olor a limón y naranja.
— Así es, vamos… Entre más pronto salgamos de esto, más pronto podremos buscar una solución y así podremos volver a nuestras vidas, criar a Alexander y luego ayudar con nuestros nietos —dijo pensándolo, tomó la mano de su esposo con determinación y luego terminó de vestirse.
Hades terminó de acomodarse la ropa también y esperó a que ella estuviera lista igual para así salir de la habitación tomando su mano. Ambos bajaron las escaleras mientras Alexander esperaba asomado, escondido detrás de una estatua en el recibidor, a que ellos fueran a atender. Hades lo miró con diversión, le parecía adorable esa curiosidad aunque sin dudas era peligrosa, y luego miró finalmente la puerta con pesadez, repitiendo mentalmente que lo hace por Perséfone.
— ¿Me deseas suerte? — preguntó a Perséfone con diversión y la miró a los ojos. Alexander soltó una risita viendo eso, era lo más parecido a la clásica "cara de cachorro" que le había visto hacer a su padre y normalmente pasaba muy pocas veces cuando le pedía algo a su esposa.
Perséfone no tardó en pasar los brazos alrededor del cuello de su esposo y lo besó despacio, esa era su forma de desearle suerte, al separarse rió bajo y besó su mejilla.
— Suerte, mi amado esposo —dijo sonriendo ampliamente viéndolo entretenida.
Hades suspiró más relajado y tomó la mano de su esposa antes de abrir la puerta con lentitud. Del otro lado, y cruzada de brazos se encontraba su segunda peor pesadilla: Deméter.