Capítulo 14

1396 Words
Si tan solo notaran lo que veo yo... Si nos gusta lo que hacemos, si siempre hacemos nuestro mejor esfuerzo, entonces, realmente, estamos disfrutando de la vida. Nos divertimos, no nos aburrimos, no tenemos frustraciones. Miguel Ángel Ruiz Por Brianna. —Eres un bruto, Rubén Matthews— le grito al oído, aunque sé que no me escucha. Rubén lleva varios días sin escucharme, tampoco he podido volver a entrar en sus sueños porque el señor P no me deja. —Déjalo ya, Bri. Tenemos trabajo, hoy se viene un día… complicado. Cuando el señor P decía eso a mi se me erizaban los vellitos de los brazos y se me apretaba el estómago. Justo como lo pensaba, suena en los altoparlantes un código azul, eso quiere decir que hay algún desastre y con él varios nuevos habitantes de ese lugar en que he aprendido a vivir desde que mi alma dejó mi cuerpo. Nos movemos rápido por la sala de urgencias y veo como aparecen los doctores que conozco. ¿Co…cómo se llamaban? Ah, sí. Son Val, Bruno y el doctor nuevo, ese que juro que me vio esa vez… Me rasco la cabeza porque no es la primera vez que me pasa y aunque me asusta, pero no le he dicho nada al señor P sobre esto, no me atrevo, capaz y en mi ataque algo pasó y mi cabecita también se echó a perder antes de morir. —Bri, ayúdame con ella. El señor P me saca de mis pensamientos y me pide que me acerque a Val que está intentando reanimar a un señor como de la edad de su papá. —Vamos, un miligramos de epinefrina y prepara en doscientos el desfibrilador. Los brazos de Val suben y bajan sobre el pecho del señor, que mira desde afuera como su corazón ha dejado de latir. —Es momento que me acompañes— digo en tono solemne y él me mira como si no entendiera. —¿Ya? —Así es. Es ahí que lo noto, debe haber sido el conductor del bus y por lo que escuché se sintió mal antes de perder el conocimiento y provocar el accidente en cadena en el puente sobre el rio Hudson. Camino junto a él por el pasillo que lo llevará a esa luz que en algún momento me llevará a mí a ese lugar que, por ser metiche, aún no me corresponde. Veo que a él no le tocará pasar por la fase intermedia o como le dice el señor P “El limbo”. El señor vuelve su mirada hacia su cuerpo cuando escucha a Val decir la hora de su deceso y veo como limpia sus lágrimas. —Me habría gustado despedirme de mi esposa y mis hijos. —Ellos estarán bien, les dolerá, pero seguirán adelante. ¿Dónde fue que escuché esas palabras? —¿Estás bien? —Sí, claro. ¿me acompañas? Termino mi camino hasta donde lo puedo dejar y le hago un ademán para que se adentre en la luz, mientras veo como otros, iguales al señor P se mueven como locos, esta batalla hoy la estaba ganando mi lado, aunque suene frio decirlo. Vi como su esencia desaparecía y una calidez me llenó. —A veces me pregunto cómo es estar en ese lado… La voz tras de mí me paraliza, ¡Es él! Me giro lento, como midiendo mis movimientos y camino más lento aún para huir de él, pero cuando paso por su lado me sonríe. —No tienes porque asustarte y sí te puedo ver, pero no sé si escuchar ¿Cómo sigue él? — me pregunta, mientras indica al señor P y yo me encojo de hombros ¿le respondo? Estoy segura de que la otra vez me escuchó y no solo me vio, pero el miedo me invade y salgo corriendo del lugar. —Uy que miedito me dio, pero el doctor preguntó por el señor P ¿será que lo conoce o solo lo ve igual que a mí? ¡Qué complicado! —¿Qué haces aquí holgazaneando en vez de estar trabajando con los demás en la sala de urgencias? —No me grites, solo necesitaba un respiro, entre la discusión de Rubén con mi pequeña y la señorita Clara, llevar a ese señor a la luz y… —¿Y qué más? Casi me equivoco y hablo del doctor, será mejor que investigue antes de preguntarle a el señor P porque puede querer hacer algo o, no sé, capaz y me cambie de lugar. —Nada, solo me sentí abrumada por los que se van tras el accidente. —Por suerte, nuestro turno se acabó. Ven, vamos y te invito algo en la cafetería. —El otro día vi un restaurante muy cerca de nuestro edificio. Digo dando saltitos a su alrededor, al igual como lo haría mi… bebé. —Ni de coña. Hoy terminé demasiado cansado y me duele hasta la poca conciencia que me queda. Lo veo removerse y es ahí que noto que tiene una marca como de garras que va desde el cuello y me imagino que llega muy abajo porque se toca hasta el hombre. —Entonces quiero café y muffin de arándano. Hoy quiero endulzar mi día. —Muévete y deja de pedir como si fueras una niña. El señor P abre la puerta de la azotea y en vez de encontrarnos con las escalas estamos frente al edificio donde vivimos. —No que ibas a llevar a comer algo. —Ya lo tengo—me dice mostrando la bolsa de no sé donde sacó y me abre paso para que entremos. —De verdad que no te entiendo. Llegamos al departamento en donde convivimos desde que morí. El lugar es pequeño, pero agradable, con mucha luz y plantas por todos lados, tiene dos habitaciones, aunque creo que al principio era solo una, que cambió con mi llegada. En fin, tiene todas las comodidades que uno se podría imaginar, es como si mi mente lo desea y a los segunditos aparece. —Deja de pensar que me mareas. —Perdón, se me olvida que me lees los pensamientos sin mi consentimiento — le gruño, mientras pongo café a preparar en la cafetera. Una vez que está listo sirvo dos tasas y él ya ha puesto los muffins en un platito. —¿Me vas a decir qué es lo que te pasa? —Es que nadie ve lo que yo veo, ni ellos mismos. —Te dije que no puedes intervenir con lo que pase con los vivos, Bri. —Tú no entiendes es que ellos son tal para cual, Clara es una chica dulce y amorosa y mi Rubén, bueno él es malhumorado y un tanto bruto, pero los veo. En sus ojitos está la pasión que los puede salvar a ambos. —¡Y ya te dije que no tienes que intervenir! No saldrá nada bueno de lo que intentas hacer. —¿Lo has intentado? ¿Es por eso que lo dices? Alguna vez lo hiciste y por eso no me dejas a mí ¿no? Su mirada baja a la taza de café y la huele, está evadiendo no solo mi mirada, sino que responderme. Definitivamente algo hizo en algún momento de su existencia que no me quiere decir. Bebe un sorbo de café y chasquea la lengua, lo sé, está caliente. —Maldición. —No maldigas delante de mí, señor P, eso se ve feo. —Y tú deja de meterte en donde no te llaman. Ya tenemos suficiente trabajo como para que también sumes el hacértela de cupido con esos dos. Si las cosas y el hilo del destino los va a reunir eso solo les compete a ellos que están vivos ¡Vivos! Bri. —Eres igual de cruel que Rubén. Niega y toma uno de los muffins para morderlo y comer sin preocuparse de nada. Él me dijo que tenía una misión para poder pasar al otro lado y yo sigo creyendo que es unir a esos dos y nadie me hará cambiar de opinión. Tendré que ser más cautelosa y tratar de que no se meta en mi cabecita, pero como que me llamo Brianna voy a ayudar a esos dos a unirse, no solo por ellos, sino que también por mis pequeños.
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