Protegerla es mi prioridad.
"Cree en ti mismo y en todo lo que eres. Saber que hay algo dentro de ti que es más grande que cualquier obstáculo."
Christian D. Larson.
Esta es la primera vez que me siento tan feliz desde que fue el accidente. Los niños son almas tan puras que te llenan de esa energía vital que parecía dormida en mí o más bien… muerta.
—No te quedes ahí viendo sin hacer nada, Clara. Todas vinimos a trabajar.
—Brianna— la regaña su padre y yo niego sosteniendo mi sonrisa y acercándome a ella. Es que hoy ha estado mucho más simpática de lo que generalmente es y sobre todo conmigo, por lo que nuevamente debo detener a Rubén con sus reprimendas.
—Déjala, Rubén. Ella tiene razón, así que aprovecha de sacarte la chaqueta y acompáñame en esta justa caballero.
Las risitas de Val, del doctor Malory y de las niñas creo que sonrojan a Rubén, pero como su piel es oscura no lo nota.
Me siento con las niñas junto a un grupo de pequeños y Val saca varias narices y pelucas de payaso de una bolsa gigante como la de Nany Mcphee, nos las entrega y comienza la función.
—Bueno mis queridos niños, como hoy tenemos a nuestros nuevos actores, la historia de Pedrito y el lobo va a comenzar.
Sophia, Louise y Brianna se levantan y es ahí que noto que en el costado cerca de la ventana hay un pequeño piano, una guitarra y un violín. La piel se me estremece de solo ver el instrumento, pero respiro hondo, no puedo flaquear. No ahora…
Briana toma el pequeño instrumento, mientras Sophia se sienta al piano y Louise toma la guitarra.
—Buenas tardes, señores y señoritos—habla muy solemne Val—. La compañía de teatro y música del hospital general de Nueva York tiene el agrado de presentarles la obra no tan ortodoxa de Pedrito y el lobo— las tres hacen algunos movimientos un tanto desafinados, que más que provocar molestias a los oídos de los presentes hace que suelten grandes carcajadas.
Val comienza a contar el cuento y todos se quedan callados, mientras una dulce melodía se adentra en la historia.
—Érase una vez un joven pastor llamado Pedro que, además de cuidar a sus ovejas, se divertía gastando bromas de mal gusto a sus vecinos.
—Vamos Clara, Lee las partes de Pedrito — me dice al oído el doctor Malory y yo asiento.
—“¡Socorro, el lobo!”, “¡Ayuda, que viene el lobo!”
— “¡No mientas, Pedro!”, “Si mientes, nadie te creerá cuando necesites ayuda” —responde Rubén con voz fuerte y molesta.
Los niños chillan de la emoción y de repente un grupo se transforma en ovejitas.
Me levanto y hago que estoy pastoreando.
—“Qué aburrido” “¿Y si lo hago otra vez?
“¡Socorro, el lobo!”, “¡Ayuda, que viene el lobo!”
—“Te lo dije, Pedrito. Si sigues mintiendo”
—“¡Me parto de risa! ¡Os he vuelto a engañar, pardillos!”
Nuevamente risas y gritos llenan la sala, mientras las niñas siguen tocando hasta que cambian a una música más tenebrosa.
—Ahora, Rubén — dice el doctor Malory y Rubén corre tras los niños que se transformaron en ovejitas.
—“¡El lobo se ha comido mis ovejas!”
Todos aplauden cuando terminamos de hacer la presentación y los niños nos agradecen con mucho entusiasmo, pidiéndonos que volvamos a venir para que les contemos otro cuento.
Por mi parte, veo como las niñas comienzan a ordenar los instrumentos y Val se acerca a mí.
—Los dejó Cameron. Mis hermanos siempre que pueden me ayudan a hacerles más llevadero el día aquí en el hospital. Esas tres son verdaderamente unas buenas artistas, aunque les falta alguien que les ayude a pulir sus cualidades.
—Una buena academia—pienso en voz alta.
—Más bien, una buena maestra. Ninguna de ellas será como Alma y Cameron que fueron a Juilliard, pero creo que alguien como tú podría ser…
—Yo… Yo no lo sé.
—Piénsalo, puede ser una buena forma de empezar.
Nos despedimos de todos. Val se lleva a Sophia y a Louise, mientras nosotros nos vamos a la casa de sus padres. Brianna va de mi mano, dando pequeños saltitos y con una sonrisa de oreja a oreja.
—¿Te gustó lo que hicimos? —me pregunta Brianna y veo que Rubén se acerca hacia nosotros un tanto molesto.
—¿Desde cuándo Brianna?
—Papá… Yo…
—¿Es a esto a lo que te dedicas en vez de estudiar y prepararte para las pruebas y mantener tu beca?
—Rubén, creo que este no es el momento y menos el lugar— digo, colocando tras de mí a Brianna, pues su padre está furioso y no lo entiendo, si recién se reía al igual que todos.
—Usted no se meta, señorita Santillán. No es nadie. Nada más que la persona a la que tengo que proteger.
—Sé perfectamente que no soy nadie, pero no es para que trate así a su hija, ella hace una hermosa obra y además toca hermoso el violín.
—Ella tiene otras prioridades, sabe que no debe aprovecharse de la caridad que nos dan los Scott y que debe mantener su beca en el colegio para que cuando decida qué estudiará nadie la pase a llevar.
—¿Y si yo quiero estudiar música? ¿alguna vez has pensado en lo que yo quiero?
—Brianna yo…
—Te odio, por qué no te moriste tú en vez de mi mamá.
Brianna corre hasta el auto y se sienta enojada, con los brazos cruzados.
—Ella no quiso decir eso, estoy segura de que…
—¡No me hables!
—¡Y tú no me grites! Recuerda tus palabras Rubén, ¡Eres solo mi puto guardaespaldas!