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La melodía de las Olas

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Blurb

Thaddeus el marqués de Osborne solo vio ante él un solo camino y fue emprender una búsqueda por el vasto mar persiguiendo historias y leyendas. Encontrarla sería su única solución, el único rayo de luz que haría sonreír a su madre y dejar que las nubes grises adornaran siempre su cielo.Un cuerpo de mujer. Luna Llena.Una melodía seductora.Y sexo descontrolado por ocho meses.Eso es lo único que tendrá que soportar para poder obtener amor, el único sacrificio era resistir la tentación de no caer en las redes de una sirena. Iba a luchar contra el deseo por un deseo o terminaría convertido en espuma. Pero cuando todo se le sale de las manos, hay algo en las leyendas que está pasando por alto, algo que será lo único a lo que él pueda aferrarse para poder amar, vivir y ver sonreír a su madre.

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Prefacio
Mis ojos discurren por su rostro. Su cabello parece más prendido en llamas que cuando estaba dentro del agua. Sus pechos lucen turgentes y redondos, ya que todo su torso está al descubierto. Algo dentro de mí se agita al verla. Las escamas comienzan a partir de sus caderas anchas. La larga cola esmeralda brilla bajo la luz de la luna. Suspiro. Lo logré. Mi cabeza duele y tengo toda la ropa empapada, pero no logro quitar los ojos de ella. Existe. Era real la leyenda que por siglos atrás contaban los marineros que vagaban por el vasto mar. Esos seres míticos que seducían a los marineros con sus melodías dulces haciéndolos encallar, para luego ser devorados por ellas. Trago grueso notando lo inocente y vulnerable que luce. ¿Cómo es posible que algo tan frágil pueda hacer protagonista de tantas devastaciones? —Mi lord, ¿la trasladará hasta el castillo? —pregunta el capitán de uno de mi barcos a mi espaldas. Me giro saliendo del trance que conlleva mirarla. Es como magnética, cuando la ves no puedes apartar los ojos de su anatomía sobrenatural. —Sí, quítenle la malla y trasládenla allá... Vuelvo a observarla. Esta inconsciente seguramente por la escasez de agua. Alrededor de su cuello puedo divisar las branquias que están sin moverse, pero hace unos segundos pegué los dedos al orificio de su nariz y estaba respirando por ellos. Es asombroso. —¿Está seguro de todo esto excelencia? —inquiere preocupado el capitán. Fue el único hombre de todos los vasallos que están bajo mi poder, que se atrevió a zarpar conmigo hasta encontrar lo que deseaba. —No se preocupes capitán Jake, estaré bien. Sé todo lo que tengo que hacer, fuera del agua no me sucederá nada... Me mira pero ni siquiera asiente. —Según las historias de corsarios el último hombre que llevó una a tierra firme se evaporó como espuma —me recuerda y aunque mi cuerpo se contrae cada vez que escucho eso, sé de sobra que muchas leyendas las llegan a exagerar. —Estaré bien. Regresaré al castillo a caballo. Nadie debe enterarse, manténganla húmeda todo el tiempo —ordeno y él solamente asiente. Tras darle una última mirada a lo que llevo meses buscando, me giro para salir de la embarcación. Sé poco sobre sirenas. Todo lo que sé son las leyendas que discurren por todos lados, mas jamás nadie había visto una en persona, o en realidad nadie que yo conozca ha atrapado una y ha sobrevivido para contarlo. Pongo mis piernas en el puerto firme de madera y mi cuerpo se siente cansado. Fue una noche larga, bastante diría yo. Sin embargo sonrío. Encontré los que buscaba. Tomo el corcel que cuidaba mi vasallo y tras prender el camino hacia mi casa, el viento frío de la noche hiela mi piel pero la adrenalina al ir rápido sobre el semental, hace que no desfallezca de hipotermia. Tras varias horas de regreso, entro por la entrada trasera. Sintiendo el sigilo de la zona de los criados el alivio recorre mis venas. Inhalo a hogar. Meses a la deriva solo oliendo a sal marina, hace que mi cuerpo se relaje ahora que estoy entre las paredes que me vieron crecer. Voy rumbo a mi habitación y sin llamar a nadie, me dejo vencer por el sueño cerrando los ojos. Pestañeo sosteniéndome del colchón. Suspiro. Ya no estoy en el barco. Antes debía sostenerme e incluso amarrarme a la cama para poder dormir debido al vaivén de las olas. La claridad del día discurre por las ventanas en tanto los toques en la puerta me hacen incorporarme en lo que bostezo. —Adelante —mando. La puerta se abre y con premura se introduce madre de forma abrupta. Sonrío al verla. Corre hasta mis brazos con los ojos cargados de lágrimas. Se tira sobre mi nuca abrazándome mientras solloza. —Estoy aquí madre, estoy bien —la consuelo dando leves toques a su espalda. Ella solo llora hasta que se separa de mi cuerpo, toma mi rostro con sus manos enguantadas. —Pensé que te había perdido hijo. Fueron infernales esos meses en los que creí que no regresarías... Veo su facción contraída por el dolor. Y a mi mente llega todo lo que sucedió en el mar. Paso saliva tratando de alejar los pensamientos de mi cabeza. Ya estoy en casa. —¿Y esos arañazos? ¿Cómo te hiciste eso Thaddeus? —increpa consternada viéndome el pecho y los brazos. Los vislumbro y trato de restarle importancia. —Madre, fue difícil la búsqueda, pero la encontré... —expreso sonriendo al fin. A pesar de esos días grises ya puedo respirar calma. Noto los ojos grises a mi madre verme con impresión. —¿Encontraste a la... —titubea casi anonadada. —La sirena existen madre, verás que todo se solucionará —añado y nuevamente veo sus ojos cristalizarse. —No necesitas de eso hijo, tú puedes conseguir su corazón aún sin tener que... —No dejaré que hayan cabos sueltos madre, de eso depende nuestro legado, nuestra familia depende de eso. —Ella está enamorada de ti desde niña —replica. —Pero ya no somos niños, y pronto su familia descubrirá la ruina en la que hemos caído —ratifico que tantas veces he tratado que comprenda. Somos los marqueses de Osborne. Nuestro título fue otorgado directamente por del rey Claudio VI de Radcliff. Sin embargo, desde que mi abuelo se hizo cargo del título nobiliario, no hizo más que despilfarrar todo lo que nuestros antepasados forjaron. Padre solo aumentó costales de estiércol a las deudas. Y ahora estoy yo tratando de remediar todo de alguna forma posible, ha mejorado nuestra economía pero aún siguen las deudas. —Deberías educarla por estos ocho meses, nadie puede sospechar de su existencia... —¿La traerás aquí? —bufa estupefacta. —Claro, ella debe estar hasta que se cumpla el tiempo de prueba al lado de su captor, luego será liberada... Madre se sostiene la cabeza con las manos. Soy su único hijo tras perder cuatro embarazos, solo me tiene a mí. Padre murió hace tres años por tanto tuve que hacerme cargo de los retazos que quedaban del título. —Dirás que es mi prima, tu sobrina de las tierras de Isambard. Ella se limpia las mejillas. Nadie más que Georgina ha sufrido por todo lo que ha pasado nuestra familia. Hace años no veo una sonrisa cargada de felicidad y tranquilidad en su avejentado rostro. Las canas ya hacen presencia en sus cabellos negros. —Tu desayuno está preparado. Báñate y arréglate, hueles a pescado y ya tienes barba. En varios días comenzará la temporada en la que debutará lady Bramwell. Se pone de pie tras besar mi coronilla. Me sonríe por última vez y se marcha dejándome solo. Tras varios minutos en los que tomé para afeitarme y bañarme, salgo fuera saludando a el mayordomo igualmente con un abrazo. —Que bueno verle excelencia —comenta separándose de mí. Palmeo su hombro sonriéndole. Othello ha servido por años a nuestra familia, es como un padre para mí. —¿Dónde está? —pregunto. —Abajo, en el estanque. Asiento y llevo mis pasos hasta el sitio. El castillo donde vivo en su parte más baja, tiene unas cuevas que desembocan al mar. Cosa que me beneficia para poder tenerla. En minutos llego y los chapoteos en el agua me hacen casi tragar grueso. Todo esto es nuevo para mí. No sé con exactitud a lo que me estoy enfrentando. —Quédate aquí Ohtello —pido y soy el único que se adentra al estanque. Su gran cola esmeralda luce en todo su esplendor cuando acapara mi campo de visión. Brillan bajo el sol las escamas. Cada una de esas debe costar oro, mas ese no es mi propósito con ella. Me quedo ahí notando que está sumergida, el agua está sin moverse y la ansiedad comienza a recorrerme. Hace años no me zambullo dentro de este estanque, pero el canal que da paso al mar abierto está cerrado por una barrera de hierro impenetrable. ¿Se habrá logrado escapar? Cuando voy a aproximarme para ver mejor de cerca, ya con el presentimiento de que acabo de cometer un error, su cabeza sale del agua. Sus ojos están bien abiertos y son tan azules como el mismo mal en pleno verano. Sube y sube dejándome ver el inicio de su cuello, de su clavícula, luego sus turgentes pechos y cuando noto que no tiene cola me quedo viendo sus caderas anchas y lo que se dibuja entre ellas, sus piernas son largas y moldeadas. Trato de borrar su cuerpo de mi mente, pero aunque cierre los ojos lo vislumbro. Nunca había visto a una mujer tan bien distribuida. Mi v***a se agita en los pantalones y me golpeo mentalmente. ¿Desde cuándo ver a una mujer me hace salivar así? El agua discurre por toda su voluptuosa anatomía mojada y noto que no tiene las branquias en su cuello. Tampoco las manos están como las tenía antes llenas de escamas. Su rostro luce fino y hermoso, todos son rasgos son perfectamente tallados. «No bajes nuevamente la mirada a su cuerpo Thaddeus» Camina hasta casi invadir mi espacio personal. Su olor a agua salada me cala hondo y me quedo hechizado con el azul cristalino que deslumbra. Al parecer eran ciertas las leyendas. Ellas toman la forma de su captor. Está en forma humana. «Te puede destruir al final Thaddeus» —¿Qué es lo que desea mi amo? —su voz sale dulce y suave. Es casi como un canto angelical. Tanto así que me hace pasar saliva y remover sensaciones internas. Esta parada ante mí. Completamente desnuda. —Deseo... —Antes debo informarle —comenta interrumpiendo y nuevamente el sonido de su voz aturde mi sistema. Siento calor. Mi cuerpo quema y mi fuero interno casi tiembla. —Dos cosas debe saber mi amo —explica esperando mi asentimiento, lo hago para que continúe—: lo primero y más importante es que el deseo que pidas no se te concederá hasta que pase el periodo de prueba... Inspiro sintiéndola cada vez más cerca. —¿Cómo es ese tiempo de prueba? —Cada luna llena te expondrás a una catarsis fuerte de sentimientos lascivos —contesta. Es increíble cómo sabe mi idioma. Cómo entiende todo y lo inteligente que es. —¿Sentimientos qué? —Me desearás cada luna llena, irás a mi búsqueda por mi melodía —manifiesta con su aterciopelada voz. Luce sensual, luce erotica y exótica con su cabellera roja. Sopeso sus palabras. Nadie me había advertido sobre eso. —¿Significa que nosotros... —Exacto —confirma con suspicacia, veo que sonríe pervertidamente de lado. Tener sexo cada luna llena con ella sería... Sacudo mis pensamientos. —¿Qué es lo segundo? —No podéis besarme los labios —responde. Frunzo el ceño. —No querría besarte aún si lo rogaras —me mofo cruzándome de brazos. Sus gruesos y rojizos labios vuelven a dibujar una tentadora sonrisa. —Un beso significaría que estás enamorado de mí, si me besas alguna vez en esos siete meses... —se queda callada de pronto viéndome a través de los dos zafiros cristalinos. —¿Qué sucederá? —pregunto aunque ya había escuchado sobre esa parte final. Realmente no pensé que fuese todo a través del sexo; que la tortura fuese esa. Si llego a amarla a ella... —Te convertirás en espuma —confiesa. Nos quedamos ambos en silencio. Ella no se mueve y yo tampoco. Solo nos miramos de forma fija. Luce inocente, luce angelical, luce mítica e inalcanzable. Yo la atrapé. Yo encontré su guarida. Yo luché por ese deseo. Ahora que la tengo no caeré en sus redes seductoras, ella no será mi final. Debo cuidar de mi madre, levantar nuestro título y reputación. —Ahora nuevamente pregunto: ¿Cuál es el deseo mi amo? —musita haciéndome cavilar en todo. —Quiero que Lady Bridget Bramwell se enamore de mí —más que una petición es una orden. Jamás he pedido nada a nadie. No soy ese tipo de hombres y aunque no sé a lo que me estoy enfrentando con este ser, no dejaré que nada se interponga en mi camino. Mucho menos ahora que está convertida en una mujer. Me sonríe nuevamente. Los únicos seres que conceden deseos amorosos son las sirenas. Solo ella puede hacer llano el camino por el cual quiero transitar. —Lucharás contra el deseo por un deseo —advierte nuevamente y vuelve a sonreírme haciendo que mi pulso se acelere. «Contrólate Thaddeus» Solo serán ocho meses.

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