Luna Creciente II

1553 Words
Capítulo 3 La música seguía escuchándose fuerte a pesar de que ahora mismo esté bastante lejos. Ella sigue mis pasos rápidos hasta entrar en lo que parece ser un salón lleno de búcaros y muebles. Cierro la puerta a mis espaldas y percibo su presencia atrás de mí. Justo cuando me volteo ella está casi pegada a mí haciéndome respirar profundo. «No puedes besarla» La tomo de la estrecha cintura y meto mi boca en el inicio de sus pechos degustándolos bajo el vestido. Llevo las manos a todas partes de su cuerpo aún con el vestido puesto. Prosigo a subir mi boca repartiendo lamidas por toda la piel de su cuello y su aroma me atolondra los sentidos en sobre manera. Gime. Escucharla hacerlo solo hace que mi v***a palpite dentro mis pantalones. No puedo alargar más esto. Las ansias por poseerla me pueden más. Hago que se siente sobre uno de los muebles y noto el rubor cubrir sus mejillas. Es toda una diosa con su piel blanca enrojecida y sus labios entreabiertos. Me mira pidiendo más y se lo voy a dar. Me aproximo a ella nuevamente con mi pulso a millón y abro sus piernas. Subo el vestido y quito con tosquedad la ropa interior que la cubre dejándome ver al fin su rosada y pequeña abertura. Relamo mis labios ardiendo en fuego por probarla, no, esta vez por hundirme en ella hasta llenarla de mí. Ella parpadea viendo todos mis movimientos con la respiración agitada. Ve como bajo mis pantalones y saco mi m*****o de el. Sus ojos azules lo detallan en mi mano y noto sorpresa en ellos. —Necesito estar dentro —digo y ella solo muerde su labio inferior. Con esa acción lo tomo como una aceptación hincándome a su lado en el largo sofá. Llevo mi v***a a su v****a metiendo la cabeza entre su nuca. Cuando la punta de mi m*****o toca su abertura unas oleadas de calor se extienden por dentro de mí erosionando mi sistema nervioso. —Demonios —maldigo notando lo húmeda que está. Comienzo a meterla suavemente y conteniendo el aliento cada que me hundo un tanto más en su calidez. Mis ojos están cerrados disfrutando el momento y siento sus manos aferrarse a mis hombros. Pero algo me detiene. Busco su mirada incrédulo. La pared que no me deja terminar de penetrarla, demuestra que esta es su primera vez. ¡Odio las primeras veces! —No te contraigas —le digo besado su cuello haciéndola jadear. Nunca he estado con una mujer virgen. Veo sus ojos cristalizados buscar los míos y poco a poco y luchando contra todo mi autocontrol, nos vemos así tan de cerca. Hasta que rompo la pared que la hace mujer y termino de meterla entera. Suspiro cuando está toda dentro. Necesito moverme rápido, sacar todo lo que tengo atorado hace días. —¿Estás bien? —pregunto y ella asiente apretando sus uñas en el saco que traigo. —Más —suplica con la voz en un hilo. Me observa con la mirada corrompida por el placer. Todo me da vueltas y se me arremolina dentro cuando comienzo a embestirla con frenesí. La bestia que cargo en mis entrañas no piensa, no razona, todo lo que hace es moverse impetuosamente dentro de ella. —Oh si, más, más... —gime en mi oído cegándome los instintos. Noto cómo su canal aprieta mi v***a proclamando que está por correrse. Me aferro a su cuello mientras arremeto en su pequeño y caliente sexo, al cabo de varios minutos siento mis músculos tensarse bajo mi piel avisándome que pronto me derramaré. Ella se termina corriendo por la intensidad del momento y con varios empellones más, salgo rápidamente de su interior y viéndola abierta de piernas, me derramo jalandola con mi mano. El sudor se desliza por mi sien y mi pulso acelerado lentamente se va ralentizando. Mis ganas terminan saciadas por el momento, la veo enderezarse en el sofá y cubrirse con el vestido. Hace una mueca de incomodad al ponerse de pie para arreglarse la ropa. Estoy sin habla solo mirándola. Nunca me había quedado con una mujer después del sexo. Las cortesanas con las que he estado jamás conversan, quizás lo hagan pero nunca les he dado pie. No soy hombre de charlas con mujeres y menos luego de follar. Ella me mira esperando una orden. Sus mejillas ahora lucen más rojas incluidas las zonas en su cuello donde antes succioné. Me quedo viendo el inicio de sus pechos que también lucen enrojecidos. Ella es una divina tentación para mis ojos. —Creo que deberías esperar aquí por unos minutos —ordeno serio. Sus expresivos ojos están solo viéndome. Asiente. «Vete Thaddeus» Termino por arreglar mi ropa y salgo sin volver a mirarla. Si me quedaba más tiempo a su lado creo que estaría dentro de ella toda la noche y eso no es bueno. Para mí el sexo jamás ha significado nada más que una necesidad humana. No va ligado a nada en especial, las muchas veces que he tenido de el jamás ha sido ni será con sentimientos de por medio. Es solo algo carnal. Llego nuevamente al salón y tal cuál me temía, veo a Bridget bailando con el duque. El no deja de mirarla embelesado mientras ella sonríe forzadamente. Tengo que casarme con ella. Necesito ese deseo. Su amor es lo único que hará posible que pueda salir del bache en que mi padre nos metió a madre y a mí. Su dote es muy alta y perfecta para solucionar los percances. Dos palmadas en mi espalda me hacen girarme y sonrío al ver de quién se trata. —¿Pensando en la futura marquesa? —cuestiona lord Jacobeo. Vuelvo la mirada a la chica de cabellos negros. Luce hermosa con su vestido color blanco. —Necesito casarme... —Sí, sería un buen momento, eres joven y la soledad no es buena compañía —sermonea a mi lado. Luce elegante como siempre. Su tono jovial me transporta como siempre a mi infancia donde reía y reía a su lado. —¿Usted nunca se casó? —cuestiono curioso, los únicos rumores que he escuchado de él es que nunca ha tenido esposa. Madre jamás habla de la vida personal del duque. —Sí, tuve una esposa que murió pocos meses después de casarnos —confiesa y mi boca se entreabre sorpresivamente. —¡Cuánto lo siento! Os ruego que me... Niega haciéndome callar. —Fue hace muchos años, en ese entonces era un semental así tan grande y fuerte como tú —bromea nuevamente y sonrío de lado. Él aún luce grande y fuerte a pesar de los años que posee. —¿Por qué no volvió a casarse? —inquiero. Se toma su tiempo para pensar llevando los ojos a las parejas que bailan ante nosotros. —Mi corazón nunca ha dejado de pertenecer a ella, no podía solo casarme y hacer infeliz a la mujer que tuviese a mi lado. Podía darle todo menos amor, y ninguna mujer merece eso... Pestañeo cavilando sus palabras. «Amor» Saboreo la palabra en mis labios. Lo más cerca que he estado de ese sentimiento, es por mi madre. Nunca he sentido nada más allá por otra mujer. El primer vals de la noche termina y es mi momento. —Adelante... —invita el mejor amigo de mi padre y asiento sonriendo. Camino hasta lady Bramwell. Está de espaldas bebiendo una limonada. Su cabello luce recogido dejando entrever su nunca. —¿Una noche agitada? —pregunto a sus espaldas llamando su atención. Se gira hasta quedar frente a mí y al verme sus expresiones se asombran. Sus labios se entreabren. —¿Eres Thaddeus Dawn? —se exalta detallando cada rasgo de mi rostro. Sonrío al notar que me recuerda. Han pasado muchos años. Ella ha cambiado mucho desde la última vez que nos vimos hace casi trece años atrás. Todas las hijas de los nobles deben ir a recibir educación y modales al convento hasta cumplir los veinte años y ser presentadas en sociedad. —El mismo, lady Bridget —digo y pido su mano con galantería. Ella me sonríe. —Has cambiado mucho... —susurra tendiendo su dorso para que le bese. Lo hago mientras la miro. —No podría decir lo contrario de ti —tercio sonriendo. Cosa que le saca una gran sonrisa. —Fueron unos largos años en ese horrible lugar —bufa torciendo los ojos. Se siente en confianza. Ella siempre fue una niña genuina y muy osada. Prefería montar en caballos antes de pasar horas y horas leyendo libros que según ella encontraba tediosos y sosos. —¿Me concedes este siguiente baile? —invito y ella pestañea nerviosa. Le atraigo, se reconocer esa mirada en las mujeres. Sin embargo, estar cerca de ella no hace sentirme tan vulnerable cada cinco segundos, ni mi piel se eriza y mucho menos mi entrepierna pide a gritos hundirse en ella. Suspiro agradecido. Ahora mismo me siento yo. Me siento saciado y aunque ella es linda podría admitir, la pelirroja definitivamente controló los efectos de la luna en mi cuerpo, al menos por ahora. Cosa que me hace respirar tranquilo y pensar con la cabeza superior. —Claro...
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