Luna Creciente

2457 Words
Capítulo 2 Suspiro. Paso la mano por mis cabellos sacudiéndolo lleno de frustración. Mientras mi v***a palpita potente entre mis piernas. Siento que estallaré en cualquier momento. En el estado que estoy no importa que folle cincuenta veces al día, sigo con el libido a mil. Sé lo que es. Claramente ella me lo confirmó. Es por la luna. Aún no sale fuerte el sol, por lo que voy hasta el balcón a mirarla. La frialdad de la madrugada impacta en mi cuerpo desnudo y siento mi piel erizarse por el frío. Una llovizna comienza a caer de pronto y cuando voy a meterme dentro de nuevo, unos cabellos rojos me llaman demasiado la atención. Me acerco más para verla mejor. Está en camisón. Sus pechos casi puedo apreciarlos desde aquí, sube la bata con sus manos dejando sus piernas a la vista y se sienta sobre el mármol del estanque en la parte trasera de la casa. Mueve sus piernas haciendo chapoteos en el agua y cierra sus ojos dejando caer su cabeza atrás. Paso saliva con la imagen que me brinda. Se ha adaptado demasiado bien a la sociedad. Pensé que las sirenas ni siquiera sabían hablar. Que eran seres primitivos que no sabían ni lo que era un libro. Pero no es el caso. Aunque en realidad madre le ha enseñado ya muchas cosas, ella ha tenido inteligencia para ponerlo en práctica. No sé cuánto tiempo pasa hasta que siento que me estoy mojando, no, estoy empapado. La reparo una vez más y mi v***a sigue mortificándome los sentidos, aún está dura entre mis piernas y ni el frío la hace menguar, por tanto continúa haciendo que le preste atención a cosas mal sanas. Porque es una cosa mal sana, seguir espiándola de lejos. Sus ojos suben a los míos desde el estanque haciéndome casi sobresaltar. Me reta con la mirada sonriendo de lado desde su sitio. Ella es una mujer atrevida podría llamarle, cada nada siento que está seduciéndome y no me ha tocado siquiera. Tal cual ahora, sus ojos piden cosas que sus labios no han dicho. Paso saliva con la conciencia gritándome que deje de mirarla de una vez. Pero mis ojos no hacen caso, siguen haciendo contacto visual con ella, con su cuerpo. Mi mano va por inercia a mi v***a pero cuando llego a tocarme me golpeo mentalmente, dando esta vez pasos atrás. Me meto dentro de la habitación. Seco mi cuerpo y trato de ignorar la tienda de campaña que se hace en mis pantalones cuando me visto. Bufo molesto. Inspiro. Expiro. Inspiro. Expiro. Salgo fuera al cabo de varios minutos. Aún es muy temprano, pero debo pasar por la fábrica y luego hacer los preparativos concernientes del baile de debut de lady Bramwell. Bajo a desayunar y cuando llego al comedor está mi madre sentada en la silla con la cara contraída. Beso su coronilla. —¿Qué os sucede? —cuestiono. Tomo asiento en la cabecera de la mesa. —Esa muchacha andaba hasta hace unos minutos en camisón fuera de sus aposentos —bufa pasando la mano por sus cabellos. Si hay algo que odie mi madre son las faltas de etiquetas. Mi mente me revoca nuevamente su imagen y mi v***a tironea en mis pantalones. Aprieto mis puños. Odio sentirme así como si fuese un maldito chiquillo que solo piensa en meterla. «Es que solo piensas en metérsela» —¿Qué es lo que piensas hacer con lady Bridget? —inquiere mi progenitora. Vuelvo la mirada a ella pensando. —Pediré bailar con ella nada más que terminen las presentaciones en sociedad. Veo atisbos de sonrisas en los labios de Georgina. —¿Solo eso piensas hacer para cortejarla? —increpa. Pestañeo. —Iré al otro día a su casa madre. Ahí pediré su mano —agrego y ahora veo que ella afirma. Pasos se escuchan atrás de mí. —Permiso —musitan a mis espaldas y no tengo que girarme para saber de quién se trata, mi v***a la reconoce antes que mi mente. «Calma Thaddeus» Ella toma asiento al lado de mi madre y noto que está cabizbaja. Me fuerzo a no observar cómo se le ciñe el vestido y cómo luce de cerca su rostro desnudo. Toco la campanilla y enseguida comienzan a servir el desayuno. Destapan los platos y doy al orden de comenzar. —Athalía cariño, hoy será tu primer baile en sociedad. Deberás actuar como acordamos... —Diré que soy proveniente de las tierras de Isambard, que soy vuestra prima. Pero tengo una pregunta lady Georgina... —su voz arrolla todos mis sentidos. Sigo comienzo simulando no escuchar conversaciones femeninas. —¿Y si algún caballero me pide bailar? Mi puño se aprieta bajo la mesa. Siento un espeso nudo en la garganta. —Claro que... —No debes bailar con nadie —interrumpo las palabras de mi madre ahora sí mirándole a los ojos azules. Ella no desvía la mirada, en cambio se muestra tímida. Sus mejillas se enrojecen cuando baja los ojos a mis labios. Las ganas de besarla, tomarla y penetrarla hasta que... —Sería una total falta de educación que una muchacha joven no acepte bailar con los caballeros —tercia madre dando fin a mis lujuriosos pensamientos. Trago grueso. —No bailará —zanjo en voz imperiosa. Mi madre me mira de forma fija, noto sus expresiones enfadadas. —Si al marqués no le apetece que baile, no se preocupe lady Georgina, no bailaré —comenta la pelirroja. Me volteo a verla e inevitablemente mis ojos bajan al inicio de sus pechos. Me siento tan apretado dentro de la ropa, que cada vez que la miro me falta el aire y toda la presión de mi sangre va a mi v***a. ¡Maldita sea! Es demasiado hermosa. Ella sonríe pues al parecer escuchó a mi mente decirlo. Aún no me adapto a ese hecho. Me levanto sumamente incómodo. Mi madre deja de comer de pronto viéndome. —¿Ya te marchas? —me pregunta. —Sí, iré a la fábrica —informo sintiendo la mirada de la sirena en mi cuerpo. —No llegues tarde, el baile empieza a las seis —comenta y asiento. Salgo de la presencia de ambas, pero la voz de mi madre nuevamente me detiene: —Debemos comprarle varios vestidos a la muchacha —tercia. —Toma lo que necesites. Y me voy de su presencia, no sabía que mi corazón bombeaba tan deprisa hasta ahora que el aire del día impacta con mi rostro. Mi pulso está acelerado. Tomo el caballo que el vasallo me tiende las sogas, lo monto y salgo a comenzar el día. Cuando el reloj marca las seis de la tarde estoy impaciente esperando por mi madre y la pelirroja. Pasé todo el día fuera de casa evitando a toda costa la presencia de esa chica. Estar lejos me hace respirar hondo, al menos no está la piel hormigueándome todo el tiempo. La puerta se abre y ellas salen. Ambas lucen hermosas bajo la poca claridad del sol. Mi madre usa un vestido turquesa lleno de perlas y su cabello está finamente recogido sobre su cabeza. Por otro lado la pelirroja lleva un vestido rojo fuego, el cual literalmente me hace pasar saliva con la imagen que brinda. Están sus pechos tan apretados que lucen más grandes de lo que en realidad los recuerdo. Su cintura es diminuta y el vestido se la enmarca hasta caer en un largo vuelto hacia el suelo. No usa joyas de ningún tipo. Su cabello está recogido también en lo alto y aún así destaca demasiado por ser tan diferente. Luce sensual. Relamo mis labios cuando sus ojos se posan en mí. —Estas hermosa madre —halago a la mujer que me dio a luz como cada momento. Subimos al carruaje todos y tomo asiento al lado de mi madre. El olor que desprende la pelirroja en este espacio cerrado me hace secar la garganta. Zafo el nudo de mi corbata sintiendo mi piel sudar y arder de calor. —¿Estás bien hijo? —cuestiona madre preocupada. —Estoy bien —murmuro abriendo las cortinas del carruaje. Si aún faltan días para luna llena y estoy en este estado, no imaginaré ni cómo sería en luna llena. —¿Verdad que luce hermosa Athalía hijo? —inquiere mi madre y ni siquiera volteo a verla. No puedo. —Sí. El recorrido aunque es corto se me hace una eternidad sofocado. Llegamos y la fila de carruajes nos hace tardar varios minutos en apearnos del nuestro, hasta que al fin respiro aire puro poniendo los pies sobre el mármol de la entrada del salón real. Estamos en el castillo de Radcliff. Cada temporada los primeros bailes se hacen ante el rey Claudio quien se dedica a presentar a todas las damas que debutan en sociedad. Mi madre toma mi mano como en cada baile al que asistimos y la pelirroja toma el otro lado. Sentir su cercanía vuelve a abrumar mis sentidos. Pero trato de simular que estoy bien. Entramos por la puerta principal y desde aquí se escucha el bullicio de los aristócratas y la música dentro. Llegamos hasta el portavoz y digo nuestros nombres para ser introducidos dentro. El sonido fuerte de su cetro hace a todos dirigirse a nosotros, hasta que el portavoz anuncia: —Con ustedes el marqués de Osborne, su madre lady Georgina y su prima lady Athalía. Nos abrimos paso ante la multitud. Vamos directo ante el rey y los tres hacemos una reverencia. Veo los ojos de avejentado monarca en la pelirroja, para luego posarlos con duda sobre mí. —Bienvenidos. Hacemos otra corta reverencia y salimos para que los próximos invitados se presenten ante él. Vamos hasta la muchedumbre que conversa y se recrea en el medio de salón real. Llevo los ojos a la chica que me mira embelesada todo el lujo que posee el castillo del rey. Fija sus ojos en las parejas que bailan, hasta posarlos en mí haciéndome erizar los sentidos. Demonios. —Vamos cariño, te presentaré a varias damas —añade mi madre y se la lleva del brazo. Las veo perderse entre la multitud y bufo una maldición. Voy hasta donde están varios nobles reunidos, los cuales algunos están ya casados. Los saludo a todos dando la mano. —¿Cómo os fue en el viaje? —interroga lord Marcus, heredero de un condado. Escucho las risillas de los otros lores a su lado. —Fue bien... —¿Por qué demoraste tanto en volver? —inquiere otro chico, el mejor que me cae de todo el grupo. —Percances. Los cinco llevan los ojos a alguien a mis espaldas. Volteo a ver qué es lo que llama tanto la atención y me contraigo al ver de quién se trata. —¿De dónde es tu prima lord Osborne? —cuestiona uno de ellos. Aunque usa un buen tono al preguntar, me irrita oírle. —De Isambard. —¿Es hija de quién? ¿Tiene dote? —interroga otros y veo lo embelesados que están mirándola hablar con mi madre. Antes de que pueda dar una mala contesta por lo hastiado que me encuentro, el portavoz anuncia que la ceremonia comenzará y llevo mis pasos hasta mi madre. La pelirroja se sitúa a mi lado izquierdo mientras comienzan a presentar damas debutantes. —Siento la mirada de muchos hombres en mí —comenta con su melódica voz haciendo que mis ojos se sitúen en ella. Su comentario me exaspera y solo termino bufando. ¿Por qué me molesta eso? ¿Desde cuándo he estado al tanto de una mujer? —¿Dónde está tu chica? ¿Ya fue presentada? —cuestiona de forma impertinente. La fulmino con la mirada. —Ese sujeto me desea —señala con sus ojos y volteo a ver de quién se trata. Es el duque de Machthon. Está soltero y podría decir que es uno de mi mayores contrincantes. —Es un imbécil —bufo de malas maneras solo para que lo escuche ella. —Sus pensamientos me repugnan, me imagina desnuda... Paso la mano por mis cabellos hartándome de todo esto. —¿Sabes lo que piensan todos los hombres? Niega a mi lado. —Todos los que me desean, siento sus ansias de tenerme.... Llevo mis ojos a los suyos. El zafiro de su mirada me transporta al cálido mar de las tardes en el barco. Sus labios son gruesos y muy apetecibles, su olor atolondra mis sentidos provocándome sensaciones por toda la piel, mis manos queman por tocarla. —Hazlo —pide sensualmente haciendo que mi v***a se agite. Paso saliva totalmente hechizado con la mirada fija en ella. —¿Tú lo deseas? —balbuceo. «¿Desde cuándo te muestras tan inseguro ante una mujer Thaddeus?» —Estamos entrelazados por ocho meses, lo que sientes tú lo siento yo casi el doble. Mi deber es complacerte y llevo tres días sin hacerlo, están comenzando a salirme escamas... Elevo una ceja. —¿Qué es lo que quieres decir? —inquiero. —Si mi amo no me desea, volveré a mi forma normal a la media noche de luna llena... —¿No tendré mi petición? —cuestiono. —Debo ser una tentación para ti, sino lo soy todo ha sido en vano —informa y cada vez me sorprendo más de esto. —Entiendo. —Escucho mencionar nombre tras nombre de las debutantes, pero estoy hipnotizado mirándole. —¿Por qué luchas contra la corriente? —tercia curiosa. Sus sonrosados labios hacen que me relama los míos. —No lo sé —me sincero viéndola anonadado. —Yo te tengo muchas ganas —declara en voz baja y veo el fuego corromper sus ojos. —Lady Bridget de Bramwell —anuncia el portavoz y oír el esperado nombre me hace girar la cabeza a la chica que aparece. Hace muchos años no la veo. Desde que era una niña y solíamos jugar en los jardines de su mansión. Ya no es la pequeña de rizos negros y ojos cafés, ya es una mujer hermosa y elegante. Sin embargo, mi pulso está acelerado y no por la que será mi mujer dentro de poco, sino por la otra mujer que hará que la de cabellos negros se case conmigo. —Será algo rápido, necesito dejar de sentirme así —espeto tomando de la mano a la pelirroja a mi lado. No lucharé más contra esto. Si tengo que follar para obtener lo que deseo lo haré. Sea como sea y las veces que sea. Follar no significa nada. Y eso lo tengo controlado.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD