**ALAI** La escena se merecía un suspiro largo, uno de esos que parecen contener toda la historia de un momento, pero ni siquiera eso le concedí. La tensión en el aire era palpable, densa como una niebla que se resistía a disiparse, y, sin embargo, mi rostro permanecía impasible, como si la calma fuera una máscara que me protegía de la tormenta interna. —A partir de mañana te mudarás a mi oficina —dijo, sin mirarme, como si la decisión ya estuviera firmada por el universo, como si las estrellas mismas hubieran conspirado para sellar ese destino. —¿Y qué haré ahí? —pregunté, con la incredulidad teñida en cada palabra, intentando que mi voz no temblara, aunque por dentro el desconcierto me desgarraba. —Estar pendiente de mí. La respuesta fue tan fría, tan definitiva, que casi podía s

