Kael El avión estaba listo. Un jet privado, discreto, con todas las comodidades necesarias para quienes iban a desaparecer del mapa. No había despedidas, no había abrazos. Solo órdenes cumplidas, y un cierre definitivo para esa parte del infierno que, durante demasiado tiempo, había contaminado mi vida. Observé a Ruth desde lejos. Su silueta parecía más pequeña de lo que recordaba, encorvada, agotada por las decisiones que había tomado, por las consecuencias que ya no podía revertir. A su lado, una de sus hijas y los niños dormidos en sus brazos, seguramente sin entender que sus vidas estaban a punto de empezar desde cero, en un país donde no conocían nada. Aunque para su alivio, su otra hija vivían donde la iba a mandar y con ella quizás las cosas fueran más fáciles. Cassian estaba

