Kael El cierre de la puerta del despacho fue un golpe sordo, un eco final del infierno que acabábamos de vivir. La mansión, por primera vez en horas, se sentía en silencio, pero no era una calma que me tranquilizara. Era la quietud que precede a la tormenta, y yo estaba a punto de desatarla. Cassian estaba frente a mí, su rostro magullado, algunas partes de su cuerpo vendados, pero sus ojos, afilados como cuchillas, me miraban con una lealtad inquebrantable. Había visto la b********d de la guerra, la desesperación en los ojos de Selene, y ahora, en él, solo había una pregunta silenciosa: "¿Qué sigue?". Me serví un whisky, doble, sin hielo. El líquido ámbar quemó mi garganta, un fuego bienvenido que intentaba calmar la furia que me consumía por dentro. Le ofrecí a Cassian, pero negó c

