La jauría se desata.

3371 Words

Kael  Sentía la delgada estructura los huesos de Ginevra, pero no había suavidad en mi toque, solo la implacable exigencia de la verdad. Mis ojos, que aún seguían clavados en los suyos, ardían con una furia silenciosa. La había arrastrado hasta este punto, al límite. Y ahora, iba a romper su fachada. —¡Habla, maldita sea! ¡Ya se te cayó tu teatro! Ella me miró, la sorpresa inicial en sus ojos se desvanecía rápidamente, reemplazada por una chispa de desafío. Era una actriz, una manipuladora nata, y no iba a ceder fácilmente. Su mandíbula se tensó, una mueca de desprecio asomó por sus labios. —No sé de qué están hablando, yo no hice nada, ni siquiera sé quién es esa persona de la cual hablas. Mi paciencia tenía fecha de caducidad. Y Ginevra acababa de firmarla. La miré fijamente,

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