Kael La copa aún estaba en mi mano cuando la vi. Y todo lo demás dejó de importar. Selene. De pie, al otro lado del salón, con un vestido negr* abrazando su cuerpo como si lo hubiera escogido para matarme. El escote dejaba ver más de lo que debería, sus labios estaban pintados de un rojo que jamás le había visto usar… y sus ojos, esos malditos ojos, me estaban mirando. Fijos. Fríos. Retadores. ¿Era una alucinación? No. Era ella. Mi mujer. Y no estaba sola. El tipo junto a ella era grande. Alto. Lo conocía muy bien, sabía que eras de los que creen que el poder se lleva en los hombros y se mide en las cicatrices del pasado. Traje oscuro, copa en mano, y una sonrisa de quien cree que puede tener lo que quiera. Incluida a ella. Mi mandíbula se tensó hasta crujir. Astrid seguía sobre m

