Selene —¡Kael! —repetí de nuevo. El grito salió de mi garganta como un disparo. No lo planeé. No lo pensé. Simplemente, lo solté, como si mi cuerpo supiera que el peligro ya no podía ser ignorado. Unos segundos después, la puerta del baño se abrió de golpe. Kael apareció con los ojos desorbitados, sin camisa, con el cabello alborotado y el pecho agitado. Lo vi escanear la habitación en menos de un segundo, como un animal salvaje listo para atacar. —¿Qué pasó? —gruñó, entrando de un salto. Solo pude señalar el espejo. Mi mano temblaba tanto que parecía una hoja en plena tormenta. Él giró la cabeza, y entonces lo vio. ZORRA. Escrito en sangre. Aún fresca. Aún goteando. Una línea descendía desde la “R” como si el insulto también estuviera llorando. Kael no dijo nada al principio. Sol

