Amenaza.

2136 Words

Selene. Me quedé de pie en el umbral de la habitación, sin atreverme a entrar del todo. Mis ojos se clavaron en el. En el piano blanco, elegante e imponente, como un recuerdo detenido en el tiempo. Avancé un paso, luego otro, como si acercarme fuera profanar algo sagrado. Porque era imposible. No podía ser el mismo. No después de tantos años, de tantas pérdidas, de todo lo que había enterrado. —¿Te gusta? —preguntó Kael, con esa voz grave que parecía arrastrar secretos. —Es… igualito al que tenía de niña —murmuré, sin quitarle los ojos de encima. Me acerqué lentamente. Pasé los dedos por la tapa con un respeto que rozaba la devoción. El barniz brillaba bajo la luz tenue de la sala, y mi pecho se apretó. Era igual. Cada detalle. Cada curva. Cada tecla marfil, ligeramente gastada. S

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