Kael Por leves segundos me quedé en silencio, mientras Salvatore se reía. —Así que tienes ante ti… a un pedacito de tu madre —pronunció burlesco. ¿La hermana de mi madre? ¿Mi maldita tía? Sentí que la furia me recorría las venas como gasolina derramada. Un incendio a punto de estallar. ¿Por qué no me lo había dicho? ¿Y cómo, sabiendo eso, pudo ser capaz de traicionarme? Salvatore seguía sonriendo como si me hubiera arrinconado, como si esta revelación cambiara algo. Como si pudiera frenar la bala que ya le tenía destinada. —¿Crees que eso cambia algo? —Mi voz sonó hueca, afilada, como una hoja que corta sin avisar—. ¿Crees que porque ella lleve mi sangre voy a retroceder? No conoces nada de mí, Salvatore. Ruth temblaba. No me miraba, no decía nada. Su silencio decía más que cualq

