Selene El agua seguía cayendo sobre mi cabeza como un mantra tibio, pero no tenía la fuerza para levantarme del suelo. Me sentía vacía. Exhausta. Como si el mundo se hubiera reducido a los azulejos del baño, al vapor espeso que empañaba el cristal de las puertas corredizas, a los recuerdos pegajosos que me quemaban por dentro. Allí permanecí, encerrada, como quien se refugia de una tormenta. Con temor a que Kael entrara, aunque la puerta cerrada me devolvía algo de seguridad y control, ese que tenía mucho tiempo que había perdido, desde que me enamoré como una estúpida de Marek. Al llegar esos recuerdos, me quise arrancar la piel. Literalmente. Me quise arrancar los recuerdos como si me ardieran. El agua caía como fuego hirviendo. Pero no me importó. De hecho, lo agradecí. Me restre

