Annika lo miró, conmovida por sus palabras. —Papá, gracias. Eso significa mucho para mí —dijo, con una sonrisa. —Sé que estás embarazada y sola, y eso me duele más de lo que puedes imaginar. Quiero estar aquí para ti y para mi futuro nieto. Quiero ser parte de tu vida y ayudarte en todo lo que pueda —continuó Ramón, con sinceridad. Annika sintió lágrimas en los ojos, pero esta vez eran de alivio y gratitud. —Papá, eso es todo lo que siempre he querido. Gracias por estar aquí —dijo, abrazándolo con fuerza. Ramón sintió que un peso se levantaba de sus hombros. Mientras se alejaba de la casa de Annika, Ramón se sentía más decidido que nunca. No solo tenía que salvar su imperio, sino también reconstruir su relación con su hija. Y esta vez, estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario p

