El motor del auto está rugiendo como loco, y aunque toda esta semana estuvo lloviendo horrible hoy es un día extrañamente soleado. Estoy justamente al frente de la casa de este muchacho Thomas esperando a que abra esa puerta blanca de madera, viendo ese jardín descuidado con mucha maleza en el suelo. De repente una cara de una mujer se asoma por la puerta, dicha figura femenina está muy cubierta con algún tipo de velo que no deja de ver ni siquiera su cabello. Una mirada seca pero curiosa sale de ella directamente hacia mi auto, le intento saludar pero esta me mira más extrañada.
—Vuelvo más rato ma— El chico de ojos marrones aparece detrás de ella con gran motivación, se despide dándole extrañamente besos en sus manos y de igual forma pone su frente en el las mismas, me quedo analizando la situación rara que manejan— Estaré la mañana con un amigo.
Y aunque sus palabras se pierden y confunden con el sonido del motor, el oído tan fino que tengo me deja escuchar casi por completo todo lo que este dice. El pequeño cuerpo delgado sale casi despavorido de ese lugar, dejando caer su mochila y tropezando tontamente, su cuerpo cae como una plasta de cualquier cosa sobre el pavimento. —Diosito, ¿No puede coordinar siquiera esos pies? me he ganado a un ser amotro y blandengue—.
El chico de pies torpes se levanta casi al tiro muy avergonzado. Sigue caminando rápido para terminar al frente de mi auto y se queda de pie extrañamente como un roble, sé exactamente .o que quiere y me hecho a reír.
— Ya súbete— Hablo con mi voz áspera y perezosa, sus ojos brillan de una manera extrañamente especial el día de hoy, los rayos de sol golpean bruscamente su cara dejando ver aquellos hilos marrones de distintas tonalidades que abrazan su pupila, nada a comparación a estos horribles ojos verdes moco que tengo —¿Qué mierda estoy pensando?—.
Ese cuerpo delgado sonríe emocionado tras escuchar mi vos y casi al trote se dirige al otro lado del auto, abriendo la puerta sutilmente para sentarse en el lugar del copiloto. Thomas rápidamente se vuelve a despedir de su madre la cual no nos ha dejado de ver y yo intento hacer lo mismo. Es cuestión de minutos para encender los motores e ir a ese lugar que ha elegido el chico de cabello n***o azabache. ¿En serio quiere ir a ese lugar?¿Por qué con tantos lugares y prefiere tan lejos? ¿Quiere matarme o algo así? y poder esconder mi cuerpo en algún moridero o un hoyo para puercos ¿Existirá hoyos para puercos?
Hay un corto silencio que se interrumpe por esa voz suave del muchacho. Thomas pareciera querer romper la tensión de cualquier manera, mis pensamiento impuros se vuelven a hacer presente al ver esas piernas y muslos blancos y muy delgados a mi lado. ¿En qué clase de enfermo mental me estoy convirtiendo?
—¿No te parece raro que hoy no esté lloviendo —Achina sus ojos mientras me mira rápidamente y perder su mirada hacia los edificios del lugar, abre su mochila gris dejando ver eso — tenía que traer un paraguas, no quiero que nos mojemos cómo todos estos días.
Hecho una pequeña carcajada.
— Si el que siempre se moja aquí soy yo — le hablo con un tono de sátira — Tú y la Rosse me han tomado como su chófer personal.
Thomas ríe sutilmente para sacar su respuesta, al parecer la tiene pensada para esta ocasión.
—Ay ya cállate — acomoda la mochila entre sus piernas dejándolas ver más, un tono inocente sale de su boca — tú haces tus cosas con Rosse , yo te doy comida ¿De qué te quejas?
—pe-pe— analizo la situación rápidamente , y se vienen los recuerdos a mi cabeza , la cara de Thomas aquél día casi impactada y completamente en silencio mientras estaba en lo mío con Rosse — Ay , de seguro tú te la pasas haciendo lo mismo con alguna chica.
Este ríe nervioso y niega con la cabeza, siento como su mirada se clava en mí pero no puedo quitar mis manos del volante ni tampoco mis ojos de la carretera
—No estoy casado para hacer esas cosas — por el rabillo del ojo miro cómo el viento desordena su cabello y lo acomoda de forma rápida— tampoco pienso hacerlo pronto.
Y es así como este muchacho deja ver toda la cantidad de valores que trae con él ¿Y yo? supongamos que es un buen momento para reflexionar de mi vida, proveniente de una familia meramente religiosa y terminar siendo poseído por los deseos , alcohol , mujeres y un poquito de perversión y pecado —¿Un poquito? , ¡ni yo me lo creo! Estoy más podrido que quien sabe qué ¡Diosito perdóname por desviarme del camino del bien, otra vez!—. Y en medio de varias reflexiones y de lo pecador que parezco al lado de este santurrón llegamos a esta cancha, una cancha que nos recibe con un césped más o menos cuidado pero de un llamativo color verde.
Thomas sale corriendo como si de un niño se tratase, a estar a varios metros del auto estira sus manos al cielo y da unas vueltas extrañas dejando ver la tranquilidad y sensación de libertad que le da este lugar. Sin embargo, me quedo mirando extrañado pero sin alejarme mucho del auto , el chico de cabello n***o me mira casi petrificándome y viene casi al trote para tomarme del brazo.
—¡Que perezoso eh!— aquellas manos raramente suaves me jalan con esfuerzo hasta que decido caminar para empezar todo esto. Sin pensarlo mucho, le ordeno que empiece a correr por todo el lugar por más de media hora, escucho cómo reniega queriéndose quejar así que mi cara se torna lo más seria posible aunque me esté muriendo de risa por dentro. Husmeo mi celular mientras finjo estirar mis músculos todo este tiempo mientras Thomas corre, ese cuerpo delgado de alguna extraña manera hace que mis ojos lo miren repetidamente mientras se sigue agitando y sus mejillas se tornan rosadas.
—Dos minutos más— le grito mientras pasa por mi lado, verlo casi desmayar me causa gracia— Vamos escuincle, ¡mueve ese culo rápido!
La sonrisa que tenía se desaparece brutalmente mientras piel pareciera convertirse la de una gallina, aquél chico se detiene a pocos metros míos y empieza a respirar de una manera brusca en medio de un ataque de tos, entro en pánico al ver como da grandes bocanadas de aire una mayor que la anterior. Corro hacia Thomas asustado y este cae casi de rodillas al piso a los segundos, sus ojos llorosos y cara casi púrpura me deja saber que esto es enserio y no sé qué mierda hacer, intento darle palmadas en su espalda pero no funciona. Sin embargo, en medio de las lágrimas que caen rápidamente por sus mejillas su mano apunta su mochila que está tirada cerca del auto.
—Mierda— salgo apurado dejando marcas en el césped y corro nuevamente hacia él cayendo de rodillas, empiezo a hurgar en su mochila gris abriéndola rápido y sacando todo lo que tiene adentro para dejarlo esparcido en todo el lugar— Esta mierda —Hablo al encontrar ese pequeño envase que necesitan esas personas enfermas.
Thomas me mira con desesperación y le llevo aquél aparato a sus labios, oprimo una y varias veces hasta que sus mejillas vuelven a tomar un color rosado y no ese atemorizante color púrpura que lo acechaba. Los ojos del muchacho están cristalizados y aunque se calmó por unos segundos gracias a que pudo respirar nuevamente. Sin embargo, pareciera que es consumido por un trance de pánico y empieza a llorar , sus ojos parecieran volverse opacos sin importar que el sol le pega por el costado iluminándolos.
— Ya calma Thomas — Hablo sin saber qué hacer, mis manos toman alguna forma extraña de intento de nido para sus manos, las llevo adentro y con extraño intento de calmarlo intento arroparlas con las mías y parece funcionar mientras las aprieto con fuerza. Aquellos ojos marrones me miran fijamente con pánico , aún siguen cayendo de ellos algunas lágrimas y me separo una vez este se calma. Intento recoger todas sus cosas que en medio del desespero tiré por todo el lugar.
—Yo lo hago—Una mano me vuelve a tomar del antebrazo a penas doy la vuelta, su voz quebrada intenta recuperarse torpemente mientras habla pero me niego a lo que dice, sigo intentando recoger sus cosas y él hace lo mismo. no sé como sucede pero el cuerpo delgado de Thomas se posa sobre mi espalda, con un intento extraño e incómodo de abrazo fugaz — ¡Gracias!
Intento ignorar la pequeña situación y todo termina con el cierre de su mochila, levantándome y quedando nuevamente de pie para verlo directamente, aún quedan rastros pero ya secos por donde pasaron esas lágrimas de miedo.
— Supongo es todo por hoy — hablo serio intentando caminar en dirección al auto, pero este me retiene y se pone justo al frente mi camino.
— No vamos a dejar que un simple ataque de asma nos detenga ¿o sí? — Intenta sonreír y me vuelve a llevar a la fuerza del brazo.
¿Cómo puede parecer tan dulce un hombre y a la misma vez tan fuerte? !Espera! ¿Qué mierda estoy diciendo?