Narra Marion
Conocí a Sarah hace un par de años, me hice su amiga porque el pequeño restaurante de su familia está cerca de mi agencia de modelos, en ella he podido encontrar a la persona más leal, sincera y amorosa que he podido conocer en mi vida. A mis 27 años, he estado por tantas partes del mundo, conocido a tanta gente que me resultó increíble conocerla estando a solo un par de calles de mi lugar de trabajo.
—Marion, hice la reserva para la cena el sábado en la noche. Intenta llegar puntual, no queremos que el hijo Pablo espere demasiado.
—Como crees abuelo, estaré allí muy puntual.
Mi abuelo Abel Foster, es un hombre bastante rígido, muy correcto con sus cosas. Algunas veces cruza los limites en cuanto a lo que su parecer es correcto.
—Lo digo porque la ultima vez dejaste al pobre Ignacio dos horas y cuarenta minutos esperando por ti.
—Abuelito, te dije que quedé atrapada en un trancón, ¿Qué podía hacer? No podía volar sobre el resto de los autos.
—Te conozco Marion, ya empiezo a pensar que no quieres casarte, no puedes quedar sin una familia, ¿Quién te respaldarás cuando seas una anciana?
—¿Sabes cuantos años faltan para que sea una anciana?
—No muchos, cuando menos creas, se han pasado ochenta años por tus narices.
Mi abuelo apenas cumplí los veinticinco, entró en una tónica de querer que contrajera matrimonio. se preocupaba cada vez que le decía que terminaba con uno de los chicos con lo que salía. Con el que más duré fue con Sebastián, un compañero de la escuela de fotografía artística. La verdad me parecía un chico lindo, era amable y gentil conmigo; pero no me sentía bien del todo, siempre sentía en mi corazón que hacía falta algo, que del todo no estaba satisfecha con lo que compartía con él. Hasta que me decidí a dejarlo, no era feliz. Por eso al terminar mis estudios decidí viajar, quería conocer el mundo, conocer nuevos lugares y personas. Me fui huyéndole a todas las cargas que me pesaban, la principal, mi abuelo.
Mi amada abuelo, Abel. Quería que yo hiciera frente a los negocios familiares, pero nunca fui buena con los números, no me pude aprender la tabla de multiplicar, no sabía administrar mi propia vida; ¿Cómo iba a administrar una empresa tan importante? Tuve que convencer al abuelo de dejar esa idea absurda a un lado, pero insistía tras saber que soy la única persona que tiene —mi abuela y mi madre fallecieron— lo entendía, pero no era la más capacitada, podría llevarlo a la bancarrota. Así que luego de dos meses de batallar con esa idea, buscó a Pedro, quien se convirtió en el encargado y en mi héroe, pues hasta ahora ha hecho un trabajo maravilloso.
El abuelo quiso ayudarme con lo de la fotografía, estudié en una de las mejores escuelas de fotografía y arte, tuve el mejor equipo; hasta allí toso perfecto. Pero como ya lo había mencionado, se molestó cuando dejé a mi novio de años.
El primer lugar al que quise ir fue a explorar y capturar en mi cámara recuerdos, fue a Italia; de allí, fui a México, Colombia, Brasil, etc. Tantos que ya perdí la cuenta, debo mirar las fotografías para poder contar el sinnúmero de maravillosos países que he conocido.
—Debo irme a la empresa, después seguimos con tu interesante conversación.
—No lo olvides, Marion —recalca mi abuelo.
—¡No lo haré! —grité desde la puerta de la casa.
Conduje con música a todo volumen, me gusta ambientar por donde voy, hacerme sentir.
—¡Conduzca con cuidado! —grita un idiota que casi arrollo.
—¡Cállate imbécil!
Como de costumbre hago un pare en el restaurante del padre de Sarah, me gusta molestar al señor Wilson.
—¡Sarah!
Bajé del auto y abrí la puerta con fuerza, para que sepan que estoy aquí.
—¡Marion, me vas a tumbar la puerta!
—Cálmese, señor Wilson. A su edad no puede coger rabia.
Le di un abrazo y un beso en la mejilla, mientras lo abrazaba metí mi mano en el plato que servía y me robé una rebanada de jamón.
—Espero que tengas las manos limpias.
—¿Dónde está Sarah? —pregunto con la boca llena.
—Está tranquila en su cuarto estudiando, espero no vayas a molestarla porque…
—Voy a subir, permiso, señor Wilson.
Mi rebanada de jamón y yo fuimos al cuarto de Sarah, detrás de su puerta la escuchaba hablar sola, no presté mucha atención, pero era algo sobre una ley de no sé qué, que servía para ayudar a no sé quién.
—¿Sarah?
Abrí la puerta con cuidado, me asomé y la vi mirando hacia donde estaba.
—Entra, ¿Por qué estás allí? Oh, no me digas que vienes por lo mismo, me dejaste cincuenta mensajes en el chat y cuarenta llamadas, Marion, te dije lo que pienso sobre eso y mi respuesta es…
—No lo digas, espera un segundo y escúchame.
Sarah se tapa los oídos poniendo sus manos sobre ellos, empecé a forcejear con ella quería destapas sus oídos por lo que abría sus manos.
—Escúchame, ¡Sarah, por favor!
—¡No escucho!
Halé con más fuera sus brazos, ella tiraba para un lado y yo para el otro.
—Mierd*, ¿Qué es? Dilo de una vez.
—Mi abuelo ya hizo la reserva del restaurante, es para el sábado en la noche. Por fiiiiiis. Desde que me desperté el abuelo ya tenía esa terrible noticia para mí, no pude desayunar por toda esa presión que estaba poniendo en mis hombros. Sabes que es importante para mí, que por primera vez en mi vida estoy siendo feliz y que puedo arruinarlo todo si no voy a ese viaje y que…
—¡Ay, ya! Está bien, está bien. Iré a esa dichosa cita a ciegas. Pero hay un problema.
—Los problemas no existen para Marion, no hay nada que no se pueda solucionar.
—Esa noche tengo la sustentación de mi proyecto de grado.
—¡¿Qué?! ¿a qué hora?
—Mi turno es a las siete de la noche.
—No importa, ese tipo puede esperar una hora, puedes llegar a las siete y todo perfecto. ¡Ya ves! Todo solucionado. Ahora sí, tengo que irme a trabajar.
Me levanté de su cama dispuesta a irme.
—No, Marion espera.
—¿Qué pasa?
—Solo así te vas, no, tienes que decirme con exactitud; no puedo llegar a improvisar. ¿Qué hago?
—Nada, ve a comer algo rico y ya. Si quieres puedes solo comer y no platicar de nada, tú cumple con llegar a salvarle la vida a tu amiga.
—Dios, ¿en que momento tuve que llegar a esto?
—Te compraré el mejor recuerdo, lo prometo.
Le di un abrazo a Sarah y Sali de su habitación, la dejaré estudiar tranquila.
—¡Señor, Wilson! —grité por las escaleras—. ¿Puede enviarme almuerzo a la oficina?
—¿Por qué tienes que gritar? Y si, puedo enviarlo.
—¡Bien, me voy!
Fui a la puerta e hice resonar las campanas que cuelgan en ella.
Subí a mi auto y avancé un par de calles, llegué a mi agencia un poco retrasada.
Mi abuelo me ayudó a montar mi empresa, no era lo que quería, pero me apoyó porque espera que sea la mejor en esto, hasta ahora llevo solo dos años que han sido de crecimiento; encontré un estilo y de apoco se hace conocida mi marca.
—Ya llegué, que las modelos se preparen.
Las chicas corren de un lado a otro mientras voy por mi equipo.
—Oye, estás llegando muy tarde en estos días.
—Estoy resolviendo algunos asuntos.
—¿Con Sarah? —pregunta Luna.
—Si, ella dijo que me ayudaría.
—Oh, por fin escucho algo bueno.
Tomé la mano de Luna y le di un apretón.
—Ese viaje será un hecho —respondí con una sonrisa.
Las modelos entraron para las fotos, Luna fue a su lugar y comenzamos a trabajar. Ella es de las mejores modelos que tengo, me he propuesto hacerla grande, que sea la mejor, se lo merece.
Hace dos años cuando estaba recorriendo el mundo, hice una parada por un par de días en París, ya lo conocía, así que no pensaba quedarme por mucho en ese lugar. Salía del hotel para caminar, decidí no sacar la cámara para usar en mi caminata el mejor lente de todos, mis ojos. Quise hacer el recorrido por la torre Eiffel, sentarme un rato y percibir a las personas, el paisaje, simplemente quedarme allí existiendo. Empecé hacer una especie de escáner, pasé mi mirada de un lado al otro con lentitud hasta que me detuve en una persona. Toqué mi pecho para agarrar mi cámara fotográfica, pero no había nada allí. Me quejé y maldije por eso hasta que me acordé de mi móvil, lo busqué en mis bolsillos y activé la cámara para captura eso que mis ojos veían. Nunca había visto tanto talento en una persona, era una chica esbelta con un estilo único. Me acerqué a ella y la fotografié, sus fotos casuales eran increíbles. Recuerdo como si fuera ayer, nuestra primera platica:
—¿Hola? Lamento fotografiarte sin tu consentimiento, pero no podía dejarlo pasar. ¿Cómo te llamas?
—¿Me sacabas fotos?
—Si, es que… bien, soy fotógrafa. Mi nombre es Marion Foster, estaba por aquí caminando y te vi, como no traje mi cámara tuve que usar mi móvil.
Ella parecía indecisa.
—Soy Luna Villarreal, soy modelo.
—¡Vaya! Con razón, tienes mucho potencial. ¿en qué agencia trabajas?
—No estoy trabajando, los castings a los que me he postulado han sido un fracaso.
—¿Es broma? Si eres increíble. Será que… No lo sé, si quieres, podemos hacerte un estudio. Estaré en París por unos días, quizás podamos acordar una hora y un día para hacerte fotografías.
—Eso me encantaría, puede ser hoy mismo si quieres.
—Para mí es más que perfecto. Si quieres puedes acompañarme por mi cámara y de allí vamos a un lugar increíble que conozco.
—¿Será buena idea? —ella empezaba a dudar.
Traté de convencerla porque no podía dejarla ir, es increíble.
—Mira, esta es mi página de i********:, aquí están mis fotografías.
En mis redes no hay fotos mías, solo de mis trabajos.
—Vaya, eres increíble.
Luna sonríe y asiente con su cabeza.
—¡Lo haré!
Fuimos a mi hotel por mi cámara, de la nada vi el balcón y la vista detrás de ella era fabulosa.
—Creo que podemos hacer un par de fotos aquí antes de salir.
Luna va al balcón y con solo ponerse de pie frente a la cámara y sonreír, fue increíble. Ella interactúa bien, sabe que hacer y cuando hacerlo, usa los espacios y cada detalle lo aprovecha.
—¿Puedo ver como quedaron?
—Claro.
Levanté la cámara ante mi y busqué el resultado de lo que había hecho, ella se hace a mi lado y acerca su cara ver la pantalla, empezó a sonreír al tiempo que sus ojos brillaban por la emoción.
—No puedo creer, eres excelente tomando fotos.
—No, tu eres excelente como modelo.
Luna me miró a los ojos y desde ese momento sentí algo especial, mi corazón saltó. Me convencí de que quería hacer esto por el resto de mi vida, fue cuando supe que quería tener mi propia agencia y en ella tener a Luna.
—Quiero regresar a mi país y quiero volver contigo, tendré mi agencia y tu tienes que estar en ella.
—¿Irme? Pero…
—Eres buena, si vas conmigo puedo darte empleo en mi empresa y ayudarte a que todos vean el talento que tienes, eres la mejor.
—¡Oh! ¿lo dices enserio?
—Si, Luna. El mundo merece saber que existes.
Ella se emocionó, sus ojos se cristalizaron y me rodeó con sus brazos en un impulso emotivo, su abrazo fue increíble; la sensación que produjo en mí no tenía precio. Desde ese momento confirmé que sí hay algo especial, mi corazón se detuvo.
—Iré contigo, Marion.
Fueron las palabras que más felicidad me causaron en mi vida.