Capítulo 5: No quiero una relación

1528 Words
Narra Cristian Russell —Entonces, después de vernos y compartir noches juntos ¿Qué somos? Revoloteo los ojos por esa pregunta ¿es enserio? También que iban las cosas y lo acaba de echar a perder con esa pregunta. —Somos buenos amigos. —¿Amigos? —Claro, ¿acaso tenías una idea diferente? Digo, desde el principio sabíamos que era algo así porque fui claro con el hecho de no querer compromisos y nada de títulos entre nosotros, ¿lo recuerdas? —Sí, es que pensé que… entiendo. —¡Oh! Acabo de recordar que mi padre me pidió ir a casa temprano, ya sabes compromisos familiares. Me levanté de la cama y tomé la ropa interior que estaba en el piso. —En la mesa hay dinero para que pagues el taxi y comas algo delicioso en el restaurante que gustes. —Está… está bien —responde Paulina con una sonrisa forzada. Entré al baño para empezar a responder los treinta mensajes que dejó mi padre en el buzón, ya estoy cansado de lo mismo. —Ya voy para la casa, ya voy. Me mudé hace unos meses, decidí ser “un hombre independiente” pero nada cambia, mi padre lo hace difícil, digamos que vivo solo; pero igual debo hacer lo que el señor Pablo Russell dice. Salí del baño y la chica ya se había marchado, con lo que pasó no creo que nos veamos más, queda eliminada de mi lista. Me vestí algo casual porque a final de cuentas iría a la casa de mis padres, ha insistido tanto con esa cena que aún no veo lo especial; nadie cumple años y no es tampoco su aniversario. Antes de salir fui a la cocina por un vaso de agua, me sorprendí al ver una pequeña nota en la puerta. Una que claramente era para mí. —Eres un imbécil, Chirstian Russell La despegué y la tiré a la basura. —Lo sé. Salí de mi apartamento y entré al ascensor, para mi suerte estaba mi vecina Luciana. —Hola —la saludé. —Hola —responde algo seca. Ella se me ha hecho la difícil, parece que quiere hacerse la interesante por su forma particular de tratarme. —Parece que te hiciste algo nuevo —dije sin mirarla. Ella juega con su cabello y termina acomodándolo detrás de su oreja. —¿Es tu cabello? Luce distinto. —¡Oh! Me hice un pequeño corte de puntas y maticé el color. —Con razón, luces hermosa. —Gracias, que lindo que lo hayas notado. Bien, parece que aquí ya di el primer paso. Las puertas del elevador se abren y salgo sin despedirme. —Adiós, Christian. Una sonrisa picarona y ladeada sale de mi boca, levanté mi mano y la moví en el aire, ahora el del poco interés soy yo. Mi auto estaba afuera del edificio, pero no pude subir en el porque mi padre ya había enviado a un chofer. Esa es su forma de hacerme llegar a casa sin que me desvíe en el camino. —¿Qué hay en casa hoy? Digo, hay alguna celebración o de que me estoy perdiendo. —No lo sé, señor. Hasta ahora no veo nada fuera de lo normal. Así fue, todo era dentro de lo normal. Mi madre, mi padre y la inútil de mi hermana estaban en la mesa esperando por mí. —¿Sabes cuantas llamadas te hice? —Buenas noches, papá. También estoy bien. Le di un beso en la frente a mi madre y le halé el cabello a mie hermana. —¡Auch! No hagas eso idiota. —Cállate adoptada. —¿Qué hacías? —Papá, estaba revisando el caso de los Montoya, sabes que es delicado; intento ser minucioso con eso, no quiero que se me escapen detalles. —¿Trabajabas? —Claro, sabes que siempre gano los casos por mi entrega y responsabilidad; de no ser así no creo que me hayas confiado el bufete. Hace cinco años mi padre me nombró CEO del bufete de abogados R&E, sabe que soy bueno en lo que hago, muchos han llegado a decir que puedo ser mejor que él. —Si dices que estabas trabajando, ¿Qué hacia una jovencita semidesnuda saliendo de tu departamento? —No sé de qué me hablas. —Sabes perfectamente a lo que me refiero. —Oh, ya sé. Es que estaba entrevistando a una testigo. —Sí claro, ¿crees que papá se va a comer semejante mentira? —No, porque no es una mentira. —Bien, dejemos el tema hasta allí. Hoy es una noche de familia, acordamos que en la mesa no se habla de trabajo. Roberto, el cocinero de la familia, trae la comida en el mejor momento. Aunque le hubiera agradecido que fuera antes, así me evitaba ese numerito de mi padre. —Mañana iré a comer con mi viejo amigo, no les había contado; pero hace una semana atrás me encontré con Abel Foster y no han de imaginarse que su nieta ya es toda una mujer de 30 años y está soltera. Ahí va otra vez. —Abel me cuenta que es una chica talentosa y tiene su propia agencia de fotografía y modelaje, ¿no es increíble? Además, me cuenta que tiene cierto interés en que su amada y preciada nieta contraiga matrimonio porque no todo puede ser el trabajo y está abierta a conocer hombres de su altura; por lo que me pareció conveniente decirle que también tengo un hijo mayor de 30 años que está soltero y que también quiere empezar a centrar su vida. Así que les preparamos una cita a ciegas para el sábado. —¿Quién dice que quiero un compromiso? —Yo, yo lo digo ¿hasta cuándo piensas estar en tus andanzas de adolescente. ¿no te da pena con el ejemplo que le das a tu hermana? Miré a Cassie y le hice un mal gesto. —Papá, soy un hombre adulto, no creo que debas… —No quiero que sigas usando el auto que te di de cumpleaños para que pasees prostitutas por toda la ciudad. —Iré a esa cena, será como tú digas. Tienes razón, debo centrar mi vida. —Sé un buen ejemplo para mí, mujeriego —susurra Cassie con una sonrisa maldadosa. —Papá, sabes que miré las notas de la universidad de Cassie y perdió tres asignaturas. Ella me abre los ojos y ahora el que sonríe soy yo. —¡¿Qué?! Complazco a mi padre para que me deje tranquilo, es atosigante cuando se lo propone, ha llegado a irrumpir en mi privacidad. Siempre ha demostrado interés por la persona que haga parte de nuestras vidas, en el sentido de ser alguien con buenos títulos y con buen apellido, lo toma como algo importante para el futuro de la generación. Es una forma de maquillar que es un clasista de primera categoría. Volví a mi apartamento para ahora si estudiar más a fondo el caso en el que trabajo, los más importantes me los dan a mí, porque dicen que por ser de interés público sienten mayor presión. Mientras revisa la información en mi tableta, el nombre de aquella llegó a mi cabeza. Marion. —Por solo curiosidad debería mirar quien es, digo, quien quita que sea una chica linda que busque un rato agradable; puede ser mi día de suerte. En mis anteriores citas me ha ido regular, cumplo con ir; hablar y esas cosas. Pero solo porque papá insiste de una manera que me hace perder la cabeza. El tipo de mujer que él siempre busca, son de esas elegantes, de alta clase, refinadas y bien portadas. Ninguna que acepte una propuesta indecente. Miré en mis redes y puse el nombre de Marion Foster, pero para mí desgracia solo hay fotografías que ha tomado en diferentes países, ciudades y a modelos que son una belleza. ¿Quién puede ser? Siempre que pienso en una fotógrafa me imagino a la señora gordita con cabello recogido, es qu en una he salido a una cita con una fotógrafa así que tengo en mi cabeza la imagen de la señora que iba a mis fiestas de pequeño a tomarme fotos con mis amigos y familiares. Al otro día me llega el mensaje de mi asistente con la dirección del restaurante, el nombre y la hora. Tras de eso me recalca “su padre dice que sea puntual” Se supone que un sábado, día de descanso. Que debo estar en un antro con amigos o conociendo a alguna chica interesante, debo ir a una cita a ciegas. —Que gran plan —digo con sarcasmo. Por el tipo de lugar al que debo asistir, pido a un diseñador de confianza que haga algo para mí, la idea no es quedar mal. Es decir, no quiero una novia, pero tampoco quiero verme como un cul*. Por lo menos que se vaya con la idea de hombre guapo. Mientras resista haré todo como mi padre quiere, seré puntual y caballeroso. Luego de eso, no me vuelven a ver ni en pintura.
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