Parte 4

2116 Words
- Hay un muerto en la casa, - Zhdan se quitó la chaqueta mojada y la colgó frente a la chimenea. - Alguien lo está resucitando sin tener suficientes conocimientos ni experiencia y si logra su propósito, pronto aparecerá aquí un monstruo malvado. - No puedo calentarme con este fuego ... Puedo sentirlo, pero no penetra en mi cuerpo, - el padre de Zhdan quitó las manos del fuego y miró a su hijo. - ¿Estás hablando de alguien que está resucitando a un muerto? Me pregunto ... ¿Por qué y para qué un brujo que se dedica a practicar magia negra necesitaría a un muerto? Me molesta cuando todos y cada uno ellos se adentran en la nigromancia sin tener conocimientos ... Qué capricho el de esos brujos ineptos... No puedes convertirte en un nigromante, solo puedes nacer siéndolo. - Está escondido debajo del umbral y mientras se desarrolla el proceso de resurrección, el brujo guarda la vivienda por la noche, - Zhdan parecía aún más hermoso en el crepúsculo de la habitación que a la luz del día. Los reflejos del fuego lo hacían parecer aún más de otro mundo, reflejados en los ojos verdes, grandes, misteriosos, que parecían arder en el pálido y perfecto rostro. - ¿Pasó algo ahí? - Llegó una joven mujer, parecía que estaba siguiendo al brujo y el muerto la encadenó en la entrada. Yo la salvé. - ¿Ella te vio? - Por supuesto que no. Siempre tengo mucho cuidado. - Sí, conozco a mi hijo. ¿Qué piensas sobre todo esto? - Quiero ver lo que pasa después. - Yo también tengo curiosidad. Vamos a observar. ∗ ∗ ∗ Al día siguiente, nada cambió, la tormenta seguía igual fuera de la ventana, llovía a cántaros y el río gemía aún más fuerte. - ¡Buenos días! - la abuela entró al dormitorio, vestida con una chaqueta sin mangas y un pañuelo de colores vivos que estaba envolviendo su cabeza en forma de un turbante. - El río se desbordó. El puente fue demolido por completo por las aguas y hasta la carretera se inundó. De seguro que ahora tampoco traerán pan a la tienda, lo tendremos que hornear nosotras. - Es una verdadera molestia, - le contesté yo, arrastrando las palabras, estirándome. - Bueno, nada, todo tiene su encanto, al menos, me quedaré un poco más tiempo contigo. - Sí, bueno, en eso tienes razón ... Levántate, vamos a desayunar, - mi abuela miró con sorpresa mi bata sucia, y luego a mí. - Es que fui al baño por la noche, - mentí sin pestañear. - Y ahí afuera, tu misma sabes lo que está pasando. - ¿Irás de nuevo a la casa de Ana hoy? - ella me observaba, incrédula. - Si, iré, - asentí. - Todavía hay mucho por limpiar ... - Tienes razón. Es necesario poner todo en orden. Bien hecho, nieta, - la abuela fue a la cocina y yo comencé a morderme las uñas. ¿Cómo podía volver allí? Todavía tenía recuerdos espeluznantes después de lo que pasó ayer, ¡pero ahora es de día! ¿Qué puede pasar durante el día? Por supuesto que nada ... También tenía cierta curiosidad a pesar de miedo... Si. Definitivamente, iré. - Ve tú, y yo iré más tarde - la abuela metió las llaves en mi mano. - Pondré la masa para el pan y después te ayudaré. Yo estaba ya vestida y apenas podía contener la emoción de estar de nuevo en un lugar tan impredecible y misterioso. - ¿Qué te sucede? - La abuela me miró a los ojos. - ¿O es que no quieres ir? - ¡Cómo no voy a querer! - Sonreí tensamente. - Simplemente no dormí lo suficiente ... - ¿¿¿No pudiste dormir bien ??? - la abuela alzó las manos. - ¡Pero si te puse en la cama un colchón y almohadas de plumas! ¿O es que las mantas no eran suficientemente cálidas? - ¡Yo no sé! Pero, no, no es por eso... A lo mejor, es por tanta lluvia ... - Me reí. - Bien, voy a salir. La puerta se cerró detrás de mí y fue como si me cayera al río, la lluvia era muy fuerte. Chapoteando a través de los charcos, llegué rápidamente a la casa de abuela Ana, subí corriendo los escalones y me detuve frente a la puerta cerrada. Entonces, ahora, ¿qué pasará? ¿Volveré a caer otra vez, aplastada por una fuerza incomprensible, o todo saldrá bien? Al empujar la puerta para abrirla, me sorprendió descubrir que estaba cerrada. Esto significaba que Nikolas también tenía la llave. Tratando de no acercarme al umbral, metí la llave en el ojo de la cerradura y la puerta se abrió silenciosamente. El miedo volvió de nuevo, como una lengua helada lamiendo la delicada piel debajo de mis rodillas ... Y salté. Sí, salté el umbral, esperando que nadie me vea en este momento. No pasó nada. Me quedé quieta y comprobé con satisfacción que estaba entera sin que me faltara alguna de mis extremidades. - Bueno ... - susurré. - Completé con éxito la misión del umbral. Menos mal. No vi nada nuevo en la casa, solo aquí y allá las huellas de botas de tamaño respetable que ya estaban secas, manchando el piso. Me pregunté si el visitante encontró lo que estaba buscando. Mientras pensaba, comencé a limpiar, temblando de miedo constantemente por sonidos extraños: la casa me deprimía. De repente escuché un raro crujido proveniente de algún lugar en las profundidades de las habitaciones y me quedé paralizada. ¿Qué era? Parecía el viento hojeando un periódico o un libro abandonado, por ejemplo. Fría de miedo, caminé, buscando los orígenes de este sonido, y encontrándome en la habitación trasera con una cama de hierro solitaria, me di cuenta de que provenía de la estufa holandesa, que ocupaba todo el rincón. Presionando mi oreja contra las frías baldosas, escuché como algo temblaba en las profundidades de la estufa olvidada y de repente, sentí unos deseos incontrolables y las ganas de meter la mano dentro de la estufa para averiguar qué era. - ¿Y si hay una serpiente? - me susurré y de inmediato me reí tontamente: - Sí ... cómo no ... Una serpiente que está sentada dentro y lee el periódico. Aunque ... ¿No fue suficiente ya de aventuras? ¡No metas la mano allí, quizás haya algo más terrible que una serpiente! Mi diálogo interno continuó incluso cuando abrí con cuidado la puerta de la cámara de combustión y deslicé un atizador largo en ella. Entró bastante lejos y se topó con algún tipo de obstáculo. Después de hacer un pequeño ruido, salté hacia atrás jalando algo, cuando un pequeño libro con los bordes quemados se cayó de la chimenea. - ¿Qué tenemos aquí? - Lo tomé en mis manos y le di vuelta, abriendo las páginas que estaban pegadas en algunos lugares. Estaban moteadas con caligrafía pulcra y gruesa, y entre las líneas había incluso dibujos y símbolos, dibujados por la mano de alguien. - ¿Quién te puso ahí? Me senté en la malla desnuda de la cama y comencé a estudiar mi hallazgo. Pero cuanto más profundizaba en el texto, más rápido se levantaba el cabello de mis manos. Era algo terrible, repugnante, y mi mente se resistió a este conocimiento, cuidadosamente escondido por alguien en las profundidades de la estufa. Este libro hablaba de la venta de almas, maldiciones, invocación de espíritus malignos, asesinatos rituales, que se describían con tantos detalles, con tanta precisión y crueldad que las náuseas comenzaron a rodar por mi garganta. - ¿Qué estás haciendo aquí? Grité y salté sobre la red elástica, balanceándome como en un trampolín. La abuela se paró en la puerta y me miró asustada. - ¡¿Qué estás haciendo, loca?! - ¡¿Abuela, de quién es ese libro?! - ¿Qué? ¿Cuál libro? - Me quitó el libro de las manos y se puso las gafas en la nariz. - Es escritura de Ana ... ¡Oh, Dios! ¡¿De dónde sacaste eso?! - Estaba escondido dentro de la estufa, - señalé la puerta abierta de la cámara de combustión. - Estaba ahí ... revoloteando. Parecía que me estaba llamando ... La abuela se acercó a la estufa holandesa y, tomando el atizador que yo había tirado, lo hundió en las profundidades. Después de unos minutos de intentarlo, una muñeca toscamente moldeada de cera oscura, un cuchillo delgado con mango n***o, una gorra medio podrida y la mitad del cráneo de un niño se cayeron de la chimenea. Me atravesó un sudor frío y mi abuela se tambaleó contra la pared. - ¡¿Abuelita, te sientes mal?! - Corrí hacia ella, pero ella me detuvo. Su voz sonaba hueca: - Vete a casa. Pronto estaré ahí. - Pero, abuela ... - ¡Rápido, dije! - su voz sonó como un ladrido y no me atreví a desobedecerla. Ni siquiera me di cuenta de los chorros de lluvia golpeando mi cara mientras corría de regreso a casa. Estaba tan asustada que no podía respirar y mi corazón se hundió en mi pecho con una terrible premonición. Ya estaba cerca de la puerta cuando mis piernas se volvieron hacia atrás. La idea de dejar a la abuela sola en esta casa, con esas cosas y ese libro terribles, me cortó como un cuchillo caliente. ¡¿Por qué la obedecí?! Después de todo, ¡no soy una niña! Además, siendo una mujer joven que practicó deportes toda su vida, ¡¿cómo es que pude dejarla sola?! El camino de regreso a la casa de Ana me parecía interminable, y cuando vi una pierna en un calcetín de lana asomando por la puerta, grité. La abuela yacía en el umbral con la cara azul y respiraba roncamente, tratando de empujar el marco de la puerta y salir de la casa, pero no tenía fuerzas suficientes. Al verme, extendió la mano y graznó: - Lárgate de aquí ... lárgate ... Ella está aquí ... Corrí hacia ella y comencé a arrastrarla lejos de este maldito umbral, pero el pesado cuerpo de mi abuela se volvió plomizo. Mis manos comenzaron a entumecerse y nuevamente escuché un extraño movimiento debajo del umbral. La tabla podrida estalló y un ojo apagado de un blanco amarillento me miró fijamente. Parpadeó varias veces y entrecerró los ojos, mirándome. - ¡¡¡Mamá!!! - grité y luego vi a Zhdan, que apareció junto a mí como por arte de magia, saliendo en medio de la nada. Me empujó y levantó fácilmente a mi abuela, que parecía haberse desmayado. Saltando por encima de los charcos, la llevó hacia nuestra casa, y yo lo seguí, constantemente dándome vueltas y con miedo de ver que el dueño del ojo terrible nos seguía. Zhdan puso a mi abuela en la cama y comencé a llamar a la ambulancia. Una y otra vez, la llamada se interrumpió y yo agitaba histéricamente el teléfono, como si eso pudiera ayudar. - Cálmate, solo está durmiendo, - Zhdan tocó mi mano y de nuevo sentí las chispas de electricidad, que regresaron con una ligera sensación de hormigueo. - Todo está bien. Miré a mi abuela y me asombré: un ligero rubor apareció en sus mejillas, su pecho palpitaba con regularidad, incluso roncaba suavemente, poniendo la palma de la mano debajo de la mejilla. - ¿¿¿Pero… cómo??? - Tuvo un ataque de estrés, - dijo nuestro inesperado salvador. - Lleva muchos días estresada. Todo va a estar bien. Y la ambulancia tampoco hubiera podido llegar. Mira cómo está lloviendo. Pero no te preocupes, está fuera de peligro. -Gracias, - me sentí culpable porque pensaba mal de él. - Llegaste a tiempo. Porque yo ... - Lo siento, tengo que irme - el extraño joven me interrumpió abruptamente y, sin prestar atención a mi mirada confusa, salió de la casa. ” ¿Quién es él? ¿Como sabía que necesitaba de ayuda? ¿Y cómo es que apareció de repente, como en medio de la nada?" - Me quedé confusa por un minuto, pasando todas estas preguntas a la vez y dándoles vueltas en mi mente, luego me acerqué a mi abuela, mirándole a la cara y le comprobé el pulso. Latía tranquilo y con calma. Yo respiré aliviada y me sentí frente a la estufa en un cómodo y mullido sillón, observando llamas de fuego que crepitaba lentamente, pensando en los extraños y terribles sucesos. Quería entender ...
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