8. ¿Será un shugar daddy?
Mis ojos van rápidamente al reloj alarma sobre el velador. Son pasadas las once de la noche. No sé cuándo se ha hecho de noche. A esto yo llamo perder la noche. Maldición.
—¿Qué quieres? –le digo bostezando.
—Qué hablemos, ¿no es obvio?
—No tengo ganas de hablar.
Me siento cansada y tengo sueño, pero él pasa por alto y me ignora.
—¿Qué tal si damos una vuelta por tu manzano?
—Y si acepto, ¿vendrás? —claro que es poco probable que lo haga. Si viene le haré pagar por lo que me ha hecho.
—Sí.
Ay, carajo, yo y mi bocota. Solo lo decía por decir.
—Pues dale, te espero.
—Saca la cabeza por tu ventana.
¿Qué? Voy hacia la ventana y corro la cortina. No lo veo por ningún lado, saco la cabeza y ahí está. En la esquina. Todo de oscuro, como un delincuente esperando a su víctima.
—¿Qué haces aquí? —le digo por el celular. Me hace recuerdo a cientos de películas del tipo que acosa a la chica y luego la secuestra.
—Andaba de pasada.
—Ya, y yo soy Speed de los Guardianes de la Galaxia
—Baja ya.
Como he dormido con la ropa puesta, decido bajar así como estoy, estamos en verano, no hace falta que tome un abrigo. Bajo estilo ninja por las escaleras, no quiero despertar a mis padres.
—¿A dónde vas? —es mamá, en el sofá.
—A dar una vuelta con un amigo —le digo con una sonrisa forzada. No contaba con que se quedara despierta, lo normal es que se vaya a la cama a eso de las nueve.
—No te olvides de cerrar la puerta y de llevar las llaves.
Soy famosa por dejar por ahí el manojo de llaves de la casa.
—No lo olvidaré.
Tomo mis llaves de la vitrina y salgo. La suave brisa que sopla me despierta por completo, me pone de buen humor. Un suave aroma a jazmines me llega de lejos.
Camino hacia la esquina.
Duke es varios años mayor que yo. Me doy cuenta que me gusta demasiado aunque es un patán, un infame.
Ha encendido un cigarrillo.
—¿Quieres?
—No.
—Beba.
Se burla de mí.
—No me ofendes, no podrías… Fumar hace daño. —Defiendo mi postura al respecto.
—Si esa esa es la parte divertida de todo.
—Estás mal de la cabeza.
—Quizás. Pero te gustó, ¿No es así?
—Si fuera cierto ¿qué? Me gustan las manzanas, me gusta la pizza, y me gustan los tipos atractivos… No es algo extraño.
—Y a mí me gustan tus tetas.
Me sonrojo, maldita sea.
—Es una lástima que seas tan tonta. Te amaría si fueras solo mía.
—Ya. ¿Dónde se te ha caído el tornillo de la cabeza?
—En fin. Eres aburrida.
—¿Viniste a insultarme?
—No. Vine a devolverte algo.
—¿Qué?
Y antes de que pueda decir o hacer algo me toma de las mejillas con sus dos manos y se inclina hacia mí. Me besa. Mete su lengua en mi boca y juega con la mía. Me estoy mojando toda.
Me ha tomado por sorpresa y eso lo maximiza todo.
—¿Qué? ¿Nadie te ha besado cómo yo?
Eso es verdad. Me he besado cientos de veces pero él tiene una manera que se apodera de mí mente. Claro que no se lo pienso admitir.
—Eso solo es tu ego. Y por cierto, me han besado mejor que tú.
—¿Así? —ahora me mira a los ojos, me hace estremecerme—. Eso no lo puedo dejar pasar.
Me vuelve a tomar la cara y parece que va a besarme en cualquier momento. Ay, carajo… es un momento tenso. Mi corazón agitado me delata, y sus labios vienen hacia mí. Cierro los ojos, me dejó llevar. No pasa nada. Abro los ojos. Y veo que me mira sonriente.
—No es cierto. Nadie te ha besado mejor que yo. Adiós, tonta.
—¿Por qué huyes? ¿Te acobardaste?
—Eres aburrida, ya te lo dije… Aburrida y tonta. No estás a mi altura.
—Eres un maldito ególatra y SÍ me han besado mejor que tú.
Él se va y me quedo mirando como una verdadera tonta la oscuridad que deja atrás.
La calle está baldía, si me quedo puede que me asalten y me dejen descalza, como a una de las hijas de nuestras vecinas le ha pasado hace menos de un mes.
Mejor vuelvo a casa, sintiéndome contrariada vuelvo a mi cuarto y cierro la puerta. Mis ojos van a clavarse en mi porta planos donde tengo a Duke al desnudo. Claro que me tenía que salir perfecto, tengo memoria fotográfica, y puedo recordar incluso los mínimos detalles de él. Lo acomodo sobre mi atril y me doy placer pensando en él, mirándolo, recordando sus olores… su perfume caro, su manera de pararse, arrogante y a la vez…
¿Qué es eso?
Ese ruido viene de mi notebook.
Debí dejarlo encendida, cosa que jamás debe pasar, ya que si entrase uno de mis padres podrían encontrar las cochinaditas que ando viendo en internet, y no se creerán que es por mero interés profesional.
En Profriends tengo varios mensajes privados.
Rápidamente me acomodo y me pongo a leerlos. Son solo preguntas de curiosos, otros pasan a ofrecerme apoyo moral, otros quieren a cambio de cinco dólares que les envíe fotos de mis partes privadas. De todos esos mensajes resalta solo uno:
“¿Es verdad lo que ofreces?”
No tiene ni avatar, pero si me fijo la fecha de creación de la cuenta, dice que es un m*****o antiguo. Da igual, debe ser otro idiota que quiere verme la cara. Pues ahora que me lo pienso mejor, es mucho ofrecer todo lo que me pidan a cambio de un poco de ayuda, pero estoy segura que solo es un viejo verde más que quiere tontear conmigo.
Y le respondo:
“Lo digo en serio, estoy en apuros financieros”
Y a los segundos me escribe:
“¿Harías todo si te ayudo con esto?”
Claro que no, idiota, nada más quiero ver a dónde quieres llegar. Pero le escribo:
“Sí.” Porque estoy segura que es un viejo verde de esos que andan cachondos.
“Necesito que respondas correctamente.” Escribe él.
Aj, y de paso es un quisquilloso.
“Si me ayudas a pagar la hipoteca juro que haré TODO lo que quieras”
A lo que no tarda en contestar:
“Bien. Es un trato. Y los tratos se cumplen.”
Uy, ahora suena mafioso ja-ja.
“Estoy de acuerdo” Respondo sin creerle nada o quizás me haya conseguido un shugar daddy, ¿será? De todas formas, el tipo ha dejado de escribir. De hecho se ha desconectado sin despedirse ni nada. Asumo que era uno más de los tantos que solo pasaban a ver qué podían sacar de mí sin ayudarme nada. Todo esto apesta.