Dos días después Texas Elena Resultó difícil, incómodo, doloroso, buscarle una explicación a algo que yo misma no terminaba de comprender: la ausencia del padre de Agnes. Damien no había hecho una pregunta al pasar; había escarbado en una herida que llevaba años arrastrando en silencio. Yo misma me había cuestionado tantas veces por ese hombre sin rostro: ¿Supo de mi embarazo? ¿No quiso asumir ninguna responsabilidad? ¿Lo amé? ¿O mi pequeña fue producto de un error? Cada posibilidad dolía hasta los huesos y a veces me odiaba por no recordar el pasado. Al final le conté solo una parte de mi verdad. No era necesario, ni tenía sentido desnudar recuerdos tan íntimos. Bastó con dejar claro que mi hija era mi tesoro más grande. Damien, como si nada, no perdió la oportunidad de acompañarnos

