El mismo día Texas Damien Admito que había sido imposible hacerle caso a la razón cuando todo mi ser clamaba por embriagarme de Elena. De sus besos, de sus caricias, de la necesidad de sentirla mía… como una vez lo fue. Pero lo más doloroso fue su reacción. Ese gesto exacto en el que se apartó, levantó un muro y me miró como si yo fuera algo prohibido, como si hubiera cometido un delito al cruzar una línea invisible. Cada palabra que brotó de sus labios se clavó como un puñal en mis esperanzas de volver a ser el dueño de su corazón. Intenté explicarme. Le pedí una oportunidad. Me expuse, pero solo obtuve rechazo y por un segundo odié la situación, odié que levantará muros. Tal vez fue mi culpa por apresurarme. Pero ¿cómo se anestesia el corazón? ¿Cómo se mira a la mujer que amas y se

