El mismo día Berna, Suiza Graham El silencio de Isobel al otro lado del celular era inquietante. Su llamada anunciaba el engaño de Evelyn y Paul sobre la estadía de Elena en Estados Unidos, aunque ellos no tenían idea de la dimensión del caos que habían sembrado con su complot para separarme de ella. Aun así, me aferraba a la esperanza de que se tratara de otro representante lidiando con los Calloway. De lo contrario, mi empresa, mi compromiso y mi libertad quedarían al borde del precipicio. Uno, dos, tres… cuatro segundos —o tal vez más— pasaron hasta que por fin escuché la voz de Isobel. —Graham… discúlpame por no haberle dado la atención que merecía tu representante —dijo con esa calma pulida que usaba cuando algo no le cerraba—. Aún no la conozco personalmente, pero por lo que me

