El mismo día Dallas Elena La forma en que me escrutaba Isobel Calloway despertó una sensación inmediata de rechazo. Una opresión en el pecho. Y sus ojos grises… maldición, esos ojos me erizaban la piel, me aceleraban los latidos. Fue como poder ver más allá de su apariencia, de lo que escondía detrás de esa pose de mujer elegante y sonrisa educada. Como en un cuento de hadas donde, por una fracción de segundo, la reina malvada se veía en el espejo convertida en una bruja de dientes torcidos y mirada siniestra. Horrible. Espeluznante. Terrorífico. Menos mal que podía fingir. Guardar el malestar de estar delante de esa mujer. Porque cada segundo era un castigo. La cabeza me estallaba con imágenes incoherentes que caían como fichas de dominó y, en medio de ese caos en el que estaba sumer

