El mismo día Texas Damien Estaba inmerso en un mar de dudas después de haber conocido a Elena. Y no, no era simple confusión por el parecido físico con Edith. Tampoco era aferrarme al pasado como repetía Mark. Era algo más básico, más crudo: una necesidad férrea de certezas. De saber si mi esposa había muerto… o no. Porque cuando no hay un cuerpo, cuando no hay un adiós real, la mente se aferra a cualquier resquicio. Supongo que cualquiera en mi lugar dudaría. Y haría lo imposible por descartar o confirmar esa posibilidad absurda y devastadora de que ambas fueran la misma persona. Mark estaba ahí, a mi lado, en silencio. Observándome. La música de la gala y los murmullos elegantes flotaban alrededor como un recordatorio constante del teatro que nos rodeaba. Finalmente, su voz emergió

