El mismo día Texas Isobel Callawoy El funeral de Billy marcó el verdadero inicio de mi matriarcado. Fue allí donde saqué las garras y dejé claro que no pensaba ceder un solo centímetro de poder. Muchos dudaron. Les costaba creer que una mujer como yo pudiera sostener un imperio construido sobre oro n***o. Se equivocaron. Aprendí pronto que el poder no se hereda: se forja. A la fuerza, con decisiones incómodas y actos osados. Hice frente a mis enemigos uno por uno, sin pedir permiso, sin bajar la cabeza. Y gané. Lo verdaderamente lamentable es que mi hijo, Damien, no heredó ni una pizca de ese carácter. En cambio, cargaba con lo peor de su padre: dócil, condescendiente, patéticamente refugiado en los pozos petroleros, como si ensuciarse las manos lo absolviera de aceptar quién era en r

