Una Línea Cortada

951 Words
[POV Sofía] ​Salgo de la tienda de conveniencia de la esquina con un paquete pequeño en la mano. El aire de la noche es frío, pero no tanto como el frío que siento en el estómago. Compré un chip de prepago. Barato. Desechable. Indetectable. ​Llego a mi departamento y no enciendo la luz. Voy directo a la habitación enciendo la luz y me siento en el borde de la cama, mientras cambio la tarjeta SIM. Mis dedos tiemblan tanto que casi se me cae la pequeña pieza de plástico dos veces. ​«Solo quiero oírlo,» me digo a mí misma. «Solo necesito saber que está bien.» ​El cheque de Liam, la victoria en la oficina... todo eso me hizo sentir invencible por un par de horas. Pero ahora, en la soledad de la noche, soy solo una madre con los brazos vacíos. ​Marco el número. Lo sé de memoria. Es el teléfono fijo de la casa. A esta hora, David suele estar encerrado en su estudio o con ella. Jasper debería estar en la sala viendo televisión antes de dormir, ya debió haber dejado a su novia en su casa. ​Tuu... tuu... tuu... ​El tono de llamada me golpea el oído como un martillo. Mi corazón late tan fuerte que duele. ¿Y si contesta David? ¿Y si contesta mi hermana? No creo que David sea tan cínico que ya la haya metido a la casa. ¿Que le diría a Jasper? Estoy a punto de colgar, presa del pánico, cuando la línea se abre. ​—¿Bueno? ​La voz es clara e inconfundible. La voz de un hombre, parecida a la de su padre pero con ese tono un poco más grave que nunca confundiría, es un hombre pero siempre será mi niño. Se me corta la respiración. Es él. Es Jasper. Siento que el mundo se detiene. Mis ojos se llenan de lágrimas instantáneamente, nublando la vista. Me llevo la mano a la boca para ahogar un sollozo. ​—¿Hola? —repite Jasper. Se oye el sonido de la televisión de fondo, un partido de fútbol—. ¿Quién habla? ​Muerdo mi nudillo con fuerza. Quiero gritar. Quiero decirle: "¡Mi amor, soy yo! ¡Mamá te extraña! ¡Mamá va a volver por ti!". Pero las palabras se atoran en mi garganta, bloqueadas por el miedo y la vergüenza. ¿Qué le voy a decir? ¿Que hui cobardemente cuando no pude enfrentar que su padre me engaña con su tía? ¿Que no puedo ir a buscarlo todavía? ​El silencio se alarga a través de la línea. Un silencio pesado, eléctrico. Y entonces, ocurre lo que más temía y lo que más deseaba. ​—¿Mamá? —pregunta él. Su tono cambia. Ya no es curioso, es esperanzado, el sabe que soy yo, lo sabe. y su voz tiembla un poquito—. ¿Mamá, eres tú? ​Cierro los ojos con fuerza, y una lágrima rueda por mi mejilla hasta mi barbilla, mientras tapo con más fuerza mi boca como si con eso quisiera bloquear el dolor que oprime mi pecho, casi dejándome sin respiración. Él sabe. Es mi hijo. Conoce mi silencio. Siente mi presencia incluso a través de los kilómetros de cable. ​—Mamá, ¿dónde estás? —insiste, y su voz se quiebra—. Te extraño... ​El sonido de su tristeza es insoportable. Es una daga física en mi pecho. Si sigo escuchando, me voy a romper. Voy a confesar, voy a correr hacia allá y David me va a tener enfrente hasta que yo sepa que no me voy a quebrar, hasta que pueda verlo a él y a Zoe para enfrentarlos sin romperme en ese momento, hasta que yo sea fuerte. ​—Mamá... ​Presiono el botón rojo. La llamada se corta. El silencio vuelve a caer sobre el departamento, más denso y cruel que antes. ​Apago el teléfono inmediatamente. Con movimientos frenéticos, casi violentos, abro la tapa trasera, saco la batería y arranco el chip nuevo. Y entre lágrimas que corren sin que yo pueda detenerlas lo miro con odio como si el pedazo de plástico tuviera la culpa de mi dolor. Lo parto en dos con mis uñas, doblándolo hasta que el circuito se rompe. ​Tiro los pedazos a la basura y me abrazo las rodillas, meciéndome en la oscuridad. ​—Aún no —susurro, con la voz ronca por el llanto que no me da tregua y entre sollozos dolorosos miro hacia su foto en la cómoda, donde me abraza vestido con su toga y birrete, con esa sonrisa que me hace tanta falta ver y le hablo a esa imagen inerte—. Perdóname, mi vida. Pero aún no puedo, no puedo ir a qué me veas destruida, no puedo. ​Tengo que ser más fuerte. Tengo que ser más poderosa. Tengo que ser intocable. Hasta que no sea capaz de enfrentar a David, no puedo volver por Jasper. No puedo darle falsas esperanzas para luego volver a perderlo. ​Miro hacia la ventana, hacia las luces de la ciudad donde Blackwood Corp se alza como una promesa de que podré recoger mis pedazos rotos y construir alguien que David no volverá a tocar con su maldad disfrazada y donde pueda enfrentar a Zoe sin sentir que el corazón me sangra. Ellos no se tentaron el corazón, yo tengo que aprender a no hacerlo también. Jasper me dio la motivación que me faltaba. Ya no es solo por dinero. Ahora es una guerra por no perder más de lo que ellos me arrebataron. ​
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