Cenaron en silencio, como en un ritual que se repetía día tras día. Esa noche no hubo risas, a diferencia del mediodía. Fatima aún estaba tratando de lidiar con los sentimientos paradójicos que despertaba ese hombre en ella. Dividida entre un curioso deseo, y la represión aprendida después de casi toda una vida, pero especialmente, esos años de terror junto a su fallecido esposo. Al menos ya sabía que, tal y como dijo precisamente ese hombre que le llenaba la cabeza de inquietudes y el cuerpo de...prefería no pensar de que llenaba su cuerpo, sí podía desear. No estaba mal, ni fallada. — Eres joven, en algún momento querrás rehacer tu vida, no tiene nada de malo y sería muy sano...— le había dicho Chiara, su cuñada y mujer de Philip, durante una charla. Ella tenía buenas intenciones per

