A la mañana siguiente, desperté con una calma inusual, casi extraña. Apagar el teléfono, alejarme de los mensajes, de las llamadas y de los pensamientos sobre Alejandro y Zouse, había sido… liberador. Sentía como si por fin hubiera salido de esa tormenta que me había atrapado entre ambos, y ahora podía ver las cosas con más claridad. ¿Qué era lo que realmente quería? ¿A quién quería en mi vida? Mientras preparaba un café, recapitulé la última conversación con Zouse. Su sinceridad, la forma en la que me brindaba un espacio para ser yo misma, sin presiones ni exigencias… Y, por otro lado, Alejandro, con su intensidad, su arrogancia que rozaba la insolencia, y su habilidad para hacerme sentir viva, aunque fuera en medio del caos. Esa dualidad entre ellos me estaba desgastando, y por eso hab

