De pie en mi departamento, repasaba cada palabra que Alejandro me había dicho. "Solo una oportunidad", su voz resonaba en mi mente, como si fuera la única respuesta posible a la confusión que tenía dentro. Pero aunque sus palabras me habían dejado temblando, no podía negar que algo en mí anhelaba ese caos, esa chispa que él siempre traía consigo. Justo en ese momento, el teléfono sonó, interrumpiendo mis pensamientos. Miré la pantalla y, para mi sorpresa, era Zouse. Aún indecisa sobre si debía contestar, me quedé viendo el nombre en la pantalla hasta que finalmente, con un suspiro, deslicé el dedo para aceptar la llamada. —¿Anny? —su voz sonaba tranquila, pero había un dejo de expectativa. —Zouse… ¿a esta hora? —intenté sonar casual, aunque la incomodidad era palpable. —Perdona, sé que

