La semana después de nuestra confrontación con Blanca fue intensa y llena de miradas inquisitivas en la empresa. Alejandro y yo intentamos mantenernos profesionales, aunque el hecho de estar juntos parecía ser el secreto peor guardado de todos. No faltaron los comentarios a media voz ni los susurros de desaprobación entre algunos empleados, claramente influenciados por la figura intimidante de Blanca. Para colmo, Zouse hizo su aparición estelar justo cuando todo parecía estar calmándose. Una mañana, mientras estaba ordenando unos documentos en la oficina, él entró con esa seguridad tan característica que me había molestado desde el primer momento. Con una sonrisa irónica, se apoyó en el borde de mi escritorio y me miró como si supiera algo que yo desconocía. —Anny, ¿te has dado cuenta de

