Al bajar a la sala de juntas, Blanca nos esperaba con una mirada seria y un leve gesto de desaprobación. Alejandro y yo intercambiamos una rápida mirada de complicidad, tratando de ocultar las sonrisas que amenazaban con delatarnos. Sin embargo, el leve rubor en mis mejillas me traicionó. —¿Todo bien, Anny? —preguntó Blanca, mirándome con un destello de suspicacia. —Sí, claro, todo en orden —respondí, aclarando mi garganta e intentando sonar más tranquila de lo que en realidad estaba. Blanca asintió lentamente, como si supiera algo más de lo que mostraba en su expresión, y comenzó a explicar el motivo de la reunión. Era una presentación importante para un nuevo cliente, y, como siempre, esperaba perfección. Alejandro se mostró atento, escuchando cada detalle, pero de vez en cuando, sent

