Horas más tarde Carolle caminó con pasos inseguros hacia el hospital, con la cabeza llena de pensamientos confusos. Había algo que la atormentaba desde hacía horas, una incomodidad persistente que no podía ignorar. No quería llamar a Camila, aunque sabía que su amiga la escucharía sin juzgar, pero con Marcela no era lo mismo. Si le contaba, su juicio caería como una amenaza sobre ella, y eso era lo último que necesitaba. Al llegar al hospital, se dirigió al departamento de ginecología y se unió a la fila de pacientes. Miró las paredes blancas y estériles, el ruido lejano de las conversaciones en el pasillo, todo parecía intensificar su nerviosismo. Cuando llegó su turno, sus piernas temblaban ligeramente, pero trató de mantener la compostura. Una enfermera de rostro serio le en

