Capítulo 11

3065 Words
Zoe Miller ¿Por qué tuve que asomarme por esa ventana? ¿Por qué regresar a esa acción que era mi lugar seguro? Ver a Sam cada día de mi vida a través de mi ventana era mi momento de mayor felicidad. Nunca tuve una queja, nunca quise no verlo a la distancia. Pero hoy se siente justo así, a pesar de que hace semanas que nos mudamos y no había necesitado aparecer por aquí para calmar a los fantasmas que nos rodean. Miro a mi alrededor y soy una vez más esa niña que vivió aquí toda su vida sintiéndose amada. Sonrío con nostalgia, porque a pesar de todo nunca logré odiar este lugar o todo lo que me entregó; porque son demasiados recuerdos que atesoro como para odiar todo lo que representa. Solo la Navidad y su significado cambiaron mis propias emociones, mis expectativas. La habitación es todo lo que yo era: una niña feliz. Cuando decidí irme y alejarme de todo, no llevé conmigo nada, no tenía sentido, porque cada cosa que me rodea formaría parte de un pasado al que no quería regresar ni siquiera en recuerdos. Lo que es algo imposible, por supuesto. Más veces de las que quiero aceptar mis sueños se trasladan a esta habitación, a años de vida, años de recuerdos que no soy capaz de olvidar. Y que ahora se amontonan como si hubiera abierto una puerta al ver a Sam. Muchos, de todas las dimensiones...más relevantes, menos importantes, pero todos a su alrededor. Samuel Riley era el típico chico popular. Cualquier cliché imaginable, él lo llevaba como si fuera una novela de romance juvenil. Pero había una excepción en su propia historia. Él no era un imbécil. Era mi amigo, era mi todo…y no se empeñaba en ocultarlo a pesar de que muchos trataron de separarnos con el paso de los años. Nunca quise formar parte de su círculo, porque no me sentía cómoda entre ellos. Samuel era lo único que yo añoraba en ese instituto y la razón por la que mi vida no fue un infierno aun siendo parte de ese nivel escolar en el que se sientan los perdedores. Mi vida era sencilla porque lo tenía a él. Éramos la persona favorita del otro, independientemente de lo que cualquiera pudiera creer o no. De lo que alguien pudiera intentar hacer. Solo por eso me sorprendió tanto cómo terminaron las cosas. La manera en que se negó en rotundo a creerme, en que cerró de un portazo lo que habíamos sido y decidió que no había más nada que hablar. Nunca pregunté, no insistí. Me alejé de todo antes de que este pueblo me tragara y me hiciera trizas. Samuel era lo que evitaba el desastre. Al no estar, no tenía sentido intentarlo. Y yo no podía solo negar lo que estaba pasando conmigo. Estaba embarazada, eso no tenía forma de evitarse, ni a corto ni a largo plazo. La única solución posible ni siquiera la contemplé. Irme era más fácil. Pero ahora estoy de regreso diez años después y se siente como si no hubiera pasado el tiempo. Todo ha cambiado, sin embargo. Camino hasta mi armario y lo abro sintiendo una presión en el pecho. Sé todo lo que guardé tras esas puertas, en el escondite secreto que ni siquiera mi abuela conocía. Otra vez, Sam es el culpable de eso. «Fue capaz de hacer una casa del árbol para mí, ¿cómo no hacer una caja secreta en mi propio armario?». —Él hacía todo por mí —susurro y me atraganto con las palabras. Me sorprende escuchar mi propia voz, apagada y ronca. Como si hubiera llorado demasiado, pero no lo he hecho. Eso solo demuestra el nivel físico al que me afecta en realidad Samuel Riley. Diez años después, malditamente injusto, sigue siendo esa parte de mí que sentí que me faltaba. «Solo que ya es hora de aprender a vivir sin esa parte de mi cuerpo». Abro las puertas de madera, llenas de polvo después de todo el tiempo que llevan sin ser tocadas siquiera. Mi abuela nunca fue una cotilla, ella no entraría aquí sin mí. Y después de que nos trasladamos, bueno…ni siquiera yo me había aventurado a entrar a este cuarto. Algunas perchas con ropa se ven a ambos lados del espacio destinado por ello. Me río un poco al ver mis camisetas y jeans de esa época. Algunos vestidos de verano que no recordaba siquiera, pero que ahora me atraen en una red de molestos escenarios en los que los llevaba puestos. Sacudo la cabeza cuando los ojos azules de Sam aparecen ante mí como el recordatorio de que cada vez…él estuvo ahí. Sobre todo ese vestido blanco. Entre la oscuridad de la habitación, el blanco pulcro es un faro luminoso. Pestañeo varias veces para evitar las lágrimas. Muchas cosas cambiaron desde que llevé ese vestido puesto por primera vez. Ahora su color me lleva lejos, a momentos que sentí puros y reales, limpios. Pero al final del cuento de hadas no predominaron sentimientos hermosos, ni una luz pura que estaría bendiciéndonos siempre. Fue oscuro y doloroso. Solo por eso he querido olvidar cada cosa buena que viví con él. Es aún más difícil, porque nunca supe qué fue realmente lo que pasó. Y no me quedé el tiempo suficiente para averiguarlo. (…) Me miro al espejo y muerdo el interior de mi mejilla. Mi estómago se retuerce como nunca lo ha hecho, con nervios a los que no estoy acostumbrada, pero que se han hecho presentes en los últimos días como si fuera una manera de compensar ese hecho. Samuel me invitó a salir. Eso debería ser algo normal, sin embargo, no lo es. Porque esta vez no soy solo su mejor amiga. Soy algo…más. Algo más que me aterra, si soy sincera conmigo misma y también con él. Samuel es una constante en mi vida y el que todo cambie entre nosotros es algo a lo que todavía no presto la suficiente atención. Llevaba un tiempo sintiendo más que mariposas cada vez que él me tocaba, así fuera de las formas en que siempre lo hizo. Solo me negaba a entender la verdadera razón por la que eso estaba pasando. En algún momento, entre comer tierra a los cuatro años y dormir juntos en una de nuestras camas, mis sentimientos por Sam dejaron de ser solo amistosos para convertirse en algo mucho más fuerte, más intenso y más…pasional. Verlo con otras chicas, aun sabiendo lo que pensaba de ellas, comenzó a sentirse simplemente mal. Una cosa es no soportar a las barbies porque realmente ellas se hacen odiar. Otra muy diferente es sentir celos de chicas a las que nunca les envidié nada. Cuando me di cuenta que demandar la atención de Sam estaba siendo un problema, decidí ocuparme de ese asunto. Así fue como acabé en una cita con Kellan White. Así fue como acabé ganando la curiosidad de Sam. Así fue como acabamos besándonos. ¿O quizás yo me estoy perdiendo parte de la historia? —Estás hermosa. La voz de Sam, llegando desde la ventana, me hace chillar. Salto en el lugar y mi corazón palpita tan fuerte que creo podría escucharlo sin problemas a pesar de que está a unos cuantos pasos de mí. Con una mano en el pecho para intentar calmarme me giro y lo veo. Apoyado contra la ventana, sonriendo pícaro y con sus ojos tan brillantes que me deja medio hipnotizada. «¿Siempre fue así de hermoso?». Pestañeo muchas veces para concentrarme. Estoy cansada de mirar a Sam a la cara, sé dónde tiene una peca, sus hoyuelos o las motas de color en el azul vibrante de su mirada. Conozco todo de él y aun así, me siento como si ahora solo fuera un total desconocido. Alguien de quien debo memorizar sus rasgos porque me interesa absolutamente todo de él. ¿Cuándo esto se volvió tan extraño? —No sabía que podías ser tan adulador —me burlo, tratando de ocultar sin éxito lo que sus palabras provocaron en mis mejillas. Me sigo mirando al espejo para tratar de mantener mi vista fija en algún lugar que no sea todo él. La carcajada que deja salir es de las que ya conozco, de las que he escuchado toda mi vida, pero ahora se siente adictiva, me provoca cosquillas en el estómago y me da un vuelco al corazón. —Lo sabías, Zoly, solo que nunca notaste realmente lo que había detrás de mis…halagos. De una risa estridente y rica a una seriedad baja y ronca. «¿Él está diciendo exactamente lo que yo estoy entendiendo?». Tomo aire con fuerza, como si hubiera estado reteniendo el movimiento de mis pulmones, y me giro para mirarlo de frente. Somos amigos, nos conocemos y nos amamos por ello. No puedo dejar que ahora las dudas me llenen la cabeza. Siempre fuimos sinceros el uno con el otro, a partir de hoy no puede ser la excepción. —Y, ¿qué es lo que hay detrás de tus halagos, Sammy? La mueca que hace no estoy segura si es por el apodo que no le gusta o porque la pregunta es muy directa y le toca responder sí o sí; pero pronto relaja su expresión y vuelve a sonreír. Su espalda, antes recostada a la pared de mi habitación, se da un ligero impulso antes de ponerse en movimiento. Sus brazos cruzados caen a cada lado y sus pasos, largos y lentos, se sienten como un ultimátum. —¿De verdad quieres saber, Zoly? ¿Estás preparada para escucharlo? El tono baja tantas octavas que me estremezco. No dejo de ver a sus ojos, profundos, sinceros y coquetos. Asiento. El movimiento de mi cabeza es lento y nervioso. Por más que me frustre aceptarlo. Su sonrisa, ante mi aceptación, se vuelve más radiante. Ese hoyuelo se descubre y mis ojos se desvían unos segundos hacia esa muesca que siempre me ha parecido más tierna que sexy. Se detiene justo frente a mí. Las puntas de sus zapatos chocan con los míos. Sam se yergue en toda su altura delante de mí y tengo que levantar la cabeza para poder verlo a los ojos. Su boca más cerca de la mía de lo que hasta hoy hemos estado. «Aunque no es así, sinceramente, solo que hoy toma un sentido diferente». Levanta una mano y acaricia mi mejilla. El roce de sus dedos es electrizante, me recorre un escalofrío con solo sentir el tacto, por la anticipación, los nervios y las ansias de sentir lo que él y yo somos ahora. Es raro, pero no incómodo. Amo a Sam de formas que no puedo explicarle y contrario a lo que hubiera pensado antes, es esto lo que quiero de verdad. No tengo dudas de que esto es lo que tenemos que ser. —¿Sabes que eres mi lugar seguro? —pregunta y yo me quedo momentáneamente pensativa, tratando de entender a qué se refiere—. Eres todo lo que pienso cuando necesito mantenerme cuerdo. Cuando estoy nervioso, ansioso, enojado, frustrado, impotente...Pero basta que una imagen de tu rostro se forme en mi cabeza para que mi corazón se calme y mis respiraciones se coordinen. —Sus pulgares profundizan un poco más su toque en mi rostro—. ¿Entiendes el verdadero poder que tienes sobre mí? Trago en seco lo que eso me hace sentir. Siempre sentí esta conexión, no tenía dudas de que algo grande nos unía, pero saber la intensidad de este sentimiento en sí mismo, me desconcierta. Sobre todo, porque para mí se siente igual. Va más allá de depender de una persona, porque no es así como se siente. Es esa seguridad de que, en los peores momentos, hay alguien que siempre tendrá las palabras correctas para calmar lo que sea que sucede. Y si no está presente, la conexión es tan profunda que sabrás exactamente lo que diría si estuviera en ese momento. —Pero si solo se quedara ahí, entonces no estaríamos hablando ahora y yo no tuviera tantas ganas de besarte por segunda vez. Eres lo que añoro cuando algo me hace feliz, la primera persona en la que pienso cuando algo me sale bien en la vida. Eres lo que quiero cuidar, proteger. Quiero verte sonreír más que provocarte yo mismo esa sonrisa. Cada día te observo y veo a mi mejor amiga, pero también veo a la mejor mujer que he podido conocer, que he tenido el honor de contemplar. —Hace una pausa, sus ojos se enfocan en los míos con tanta profundidad que me corta la respiración—. De amar. Mi corazón se detiene. Muchas veces nos hemos dicho que nos amamos. Pero hoy es diferente. Hoy nos amamos de manera completa. Con cada una de las aristas del amor. «¿Será que es real?». —Sam… Él me interrumpe y niega con la cabeza, me pide que haga silencio unos minutos más. —No, déjame terminar. Porque hay mucho que debo aclarar aquí. Sé que piensas que todo surgió porque de repente te interesaste por alguien más. Podría decirte que eso no me pone celoso, pero te mentiría y tú sabrías verlo en mí. Esto es solo más…de lo que creía que podía controlar. ¿Desde que te besé debajo del muérdago no has pensado mil veces que esto puede ser un error? Su pregunta me hace sonrojar. Sí lo he pensado y obvio, él lo sabe. No porque se lo haya dicho, sino porque conoce perfectamente cómo soy y cómo suelo afrontar las situaciones. —Sé que sí, Zoly. Te conozco más de lo que yo mismo creo en ocasiones. Pero, ¿sabes qué me mostró ese beso? Niego con la cabeza. Recordar todo lo que sentí mientras me besaba me provoca cosquillas en las plantas de los pies y me hace querer retorcer las manos con nerviosismo. Mi primera vez no debía ser con mi mejor amigo, se supone que así no funciona, ¿o sí? —Que cada cosa que me confesaste quiero entregártela. Que deseo ser yo quien siga dándote esas primeras veces, como ha sido durante toda nuestra vida. Es egoísta, quizás, pero, ¿me culparías? Por querer darte lo que sé que apreciarás más que todo, porque me he dedicado por años a descubrir cada faceta de ti. Sam deshace la distancia ya de por sí escasa entre nuestros labios. Siento su aliento tibio mientras habla, como un beso no planeado que se abre paso por sí mismo. —Dime que no soy el único que se siente así —pide, con sus ojos ahora cerrados y una expresión extraña en su rostro. Está inseguro y eso de por sí es todo un acontecimiento—. Dime que esto es tan intenso para ti como lo es para mí. Es nuevo, pero a la vez se siente normal, como si hubiéramos sellado este destino hace tantos años y se haya arraigado bien profundo mientras crecíamos. Dime que no soy solo yo, Zoly. Tomo una profunda inhalación que hace rozar nuestros labios. El choque eléctrico me hace cosquillas en la boca. —No eres el único, Sam. —Mi voz se escucha carrasposa, ronca. Me robó hasta el aliento—. Y no puedo imaginar a alguien más cuando se trata de mis primeras veces. ¿Significa eso que estuvimos arruinados desde la más tierna infancia? Pensar en eso me hace reír de una manera que solo Sam entendería. Porque las cosas impensables que hemos vivido y soportado a lo largo de los años, no se parecen en nada a lo que esto es ahora. —Arruinados, no, mi Zoly. Destinados. Y sin poder contenerse más, me abre la boca con la suya e inicia un beso que me quita el inexistente aliento que ya me faltaba. Sus labios son tibios, suaves y a la vez, demandantes. No me besa como si quisiera mantenerme intacta, como si fuera algo frágil con lo que lidiar. Me besa con un hambre que desconocía, pero que no se siente innecesaria. Samuel Riley es mi lugar. Siempre lo fue y creo que lo supe desde que lo vi por primera vez, hace una vida atrás. (…) Toco mis labios y casi puedo sentir el roce de los suyos. Hay poco que he podido olvidar de esos tiempos felices. Aquella tarde todo cambió entre nosotros. Mucho más de lo que ya había cambiado después del primer beso. A pesar de amar a mi amigo con toda mi alma y no tener dudas de sus sentimientos, una parte de mí se sentía insegura. Y como nunca existió ni una omisión entre él y yo, le dije lo que pasaba por mi cabeza. Sam no estuvo de acuerdo cuando yo le pedí mantener lo nuestro para nosotros mismos, pero de igual forma lo aceptó. Por supuesto que las cosas en el instituto cambiaron y ya no me dejaba ir por mi cuenta. Abandonó todo lo que era su rutina popular y demostró a todos que yo era su prioridad. Nadie sabía, pero supongo que todos imaginaban el motivo. A lo largo de estos diez años he pensado que pude haber hecho las cosas de una forma diferente, pero luego estaba el recordatorio de cómo acabó todo y no le dedicaba más pensamientos dolorosos. Porque amarlo siempre fue la parte fácil. Entender que no debí hacerlo, fue más complejo de aceptar. Casi imposible. ***** Holaaa Para quienes no estaban al tanto, a principios de mes informé en mis redes que haría una pausa de todas las actualizaciones por situaciones personales. Una disculpa por no responder sus comentarios y por no actualizar, pero no estaba atravesando mi mejor momento. Desde ayer decidí retomar el trabajo y aquí les dejo el capítulo que habían estado esperando. Espero que lo hayan disfrutado y que entiendan un poco más cómo se dieron las cosas entre Sam y Zoe. Los invito a seguirme en mis redes para que estén al tanto de todo lo relacionado con las actualizaciones. Tenemos un chat grupal en Face.book y un Canal de difusión en What.sapp. Perfil oficial: Angie G Escritos Grupo oficial: Novelas de Dreame/Angie G. Insta.gram: @angieg.escritos El link del canal lo pueden encontrar en el perfil de Face.book
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