Samuel Riley
Recuerdo la expresión de Zoe aquella noche y vuelvo a sentir una mezcla de emociones extrañas. Las preguntas de entonces, regresan, pero sigo sin tener respuestas.
Miro el papel que tengo en la mano y no me atrevo a abrirlo. Todo lo que me da vueltas en la cabeza sigue sintiéndose mal, doloroso... pero ahora toma otro sentido.
¿Qué pasó realmente? ¿Por qué Zoe estaba en esa fiesta y Mariella me miró tan mal cuando yo fui preguntando por ella antes de aparecer en casa de Kellan?
Tapo mi rostro con ambas manos y suelto un suspiro cansado. Solo recordar lo que pasó me provoca dolor de cabeza.
Esa noche regresé a Boston sin decirle a nadie que estuve aquí. No llamé a Zoe para pedir explicaciones, lidié con mi decepción solo porque imaginar una vida sin la mujer que amaba era impensable y todavía no sabía qué hacer, porque no entendía nada.
Una semana después Zoe me llama y me pide que nos veamos, que es urgente. Casi que en contra de mi voluntad conduje de regreso y al verla, todos mis sentimientos, mis dudas, mis miedos, la decepción y la rabia, hicieron una espiral en mi interior.
Ella quería decirme que estaba embarazada. Yo le respondí que siempre había confiado en ella, pero que no podía creerle con esto. En mi estúpida cabeza pensaba que no podía ser mío. Solo me visualicé aún más aplastado bajo el peso de lo que sentía por ella, me dio rabia y no le creí.
Esa noche mi cortina se cerró después de la suya. Y ya no se abrió más. Eso fue lo que mi madre vio, la distancia entre nosotros que jamás había existido. Cuando regresé a Boston esa vez, lo hice sabiendo que ya todo había acabado, que todo se había arruinado para siempre.
Acabó el mes de preparación y aunque podía quedarme un tiempo más en mi nueva residencia, no lo hice. Le di muchas vueltas a todo, lloré la pérdida de mi novia, de mi mejor amiga, y cuando me cansé de autocompadecerme, pensé.
Hoy miro atrás y me siento tan idiota. Me gustaría tener la oportunidad de regresar al pasado, al menos, para estar ahí con ella. Sin que me importara lo que hizo o dejó de hacer, solo estando a su lado para tener una oportunidad. La oportunidad que ahora no tengo el derecho de exigir y con justa razón por parte de Zoe. Porque mi hija creció lejos de mí y ya no hay nada que yo pueda hacer contra esa verdad.
Vuelvo a mirar el papel en mi mano. Es una hoja desgastada, bien doblada, que dentro esconde una foto.
La última vez que salimos juntos nos metimos a una cabina de fotos y de la tirilla llena de nosotros haciendo muecas, yo me quedé con una. En la imagen, Zoe mira a la lente y yo la miro a ella. Era la última del carrete y yo estaba cansado de hacer muecas, solo quería ver a mi hermosa novia.
Acordamos que yo la llevaría siempre en mi cartera. Y a pesar de todo, aquí sigo con ella a cuestas.
Me decido y abro la carta. Ese trozo de papel que me entregó la abuela de Zoe cuando regresé después, arrepentido y dispuesto a, por lo menos, asumir mi parte de responsabilidad por el embarazo que podía ser mío.
Llamar a su puerta y encontrarme con el rostro iracundo de Mariella Miller fue desconcertante. Preguntar por Zoe nunca se sintió tan incómodo. Pero todo se volvió un infierno cuando ella me dijo que Zoly se había ido de la casa porque había perdido al bebé y necesitaba alejarse de todo lo que le dolía. Pero también me dijo que me había dejado una nota.
«Una nota que me rompió el corazón y que hasta el día de hoy, era mi manera de recordarme que ella y yo no habíamos estado destinados después de todo».
Trato el papel con sumo cuidado y recuerdo cómo me sentí entonces. Dudaba de mi paternidad, pero hice duelo a una pérdida que nunca fue real. Sintiendo miedo y rabia, me alejé de allí y fui hasta nuestra casa del árbol. Me encerré en nuestro espacio y allí, lloré cada palabra que leí de su puño y letra.
Una letra desordenada, apurada, que logró mostrarme a una Zoe agitada y dispuesta a huir.
No necesito leerlo para recitar cada una de sus palabras. Lo he leído tantas veces en estos últimos diez años, que me lo sé de memoria.
"Ya no te necesito, Samuel Riley. Cada cosa que vivimos juntos fue tan falso que da risa pensar que alguna vez creímos en ello. Tus amigos tenían razón sobre mí, soy solo una mosquita muerta, falsa y doble moral. Nunca te merecí. Nunca estuve a tu altura. Solo te utilicé y mentí cada segundo que estuve a tu lado. Fui una egoísta que jamás supo el verdadero lugar que ocupaba"
La nota está en una hoja arrancada de un cuaderno de forma descuidada. Cada vez que la veo, pienso en que ni siquiera merecía una despedida o, al menos, una hoja en condiciones donde ella quisiera decirme todo eso. Palabras que leí miles de veces en estos años y que ahora no tienen sentido. No importa que pueda decirlas de memoria, no las entiendo.
Abro la carta y ahí está la foto. Su rostro sonriente que nada tiene que ver con el odio mostrado en sus palabras.
Paso mi dedo por su rostro. El cabello enmarcaba su cara y la hacía parecer mucho más joven esa noche. Sus ojos brillaban de emoción, de amor, de alegría. ¿Es posible fingir eso? ¿Qué es verdad en toda esta historia? Porque ya no sé nada.
Paso demasiado tiempo perdido en la foto. Recuerdo todas las veces que he tenido que buscarla para calmarme. En momentos de estrés, situaciones en las que creí que no saldría, buscaba esta foto y como un amuleto, lograba dejar de lado todo lo que me preocupaba el tiempo suficiente como para concentrarme en lo que debía. Quizás no funciona como un amuleto y sí como un recordatorio de lo que logré luego de superar mi peor racha.
No lo sé. No sé qué poder tiene sobre mí, pero es magnético. Y es real para mí.
Incluso Sandra fue testigo de esto. Antes de que comenzáramos a salir, me vio una vez mirando la foto de Zoe. No le di detalles de dónde y cuando, pero le dije la verdad. Que esa chica había sido el amor de mi vida y que ya no estaba conmigo.
No sé cómo tomará ahora el hecho de que tengo una hija con esa mujer. Algo me dice que ella recordará perfectamente de quien se trata en cuanto la vea.
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Zoe Miller
Miro al televisor con los ojos inundados en lágrimas. Tengo conectada la USB que siempre llevo conmigo y donde cargo cada recuerdo que recopilé sobre la infancia de Sammy.
Su primera palabra, sus primeros dientes, los primeros pasos. Comiendo sola, bailando, dibujando...todo tipo de cosas cotidianas que decidí grabar pensando en el futuro. Un futuro en el que Sam se enteraría de su hija y me reclamaría por no estar presente.
Los primeros meses después de tenerlas, los vídeos todos eran dirigidos a él. Le hablaba como si de verdad estuviera ausente por un motivo real y no por ser un idiota que me rompió el corazón. Quizás siempre fui una estúpida que lo amó más de la cuenta, pero me convencía de que mi hija al crecer querría saber sobre él. Y yo, como la madre fuerte que sería, tendría que aceptarlo de vuelta en mi vida. Solo por ella.
Voy a esa carpeta oculta y busco el video que siempre me hace llorar. El primero, donde me rompí de todas las formas posibles y fui una madre asustada, solitaria y desesperada.
Me tiembla la mano cuando presiono el Play y mi rostro hinchado de tanto llorar aparece en la pantalla.
"Hola, Sam. No tengo idea de por qué hago esto, pero siento que debo desahogarme de alguna forma o terminaré loca. Se supone que esto debía ser nuestro, pero tú decidiste no creerme. Nunca pensé que sería madre tan joven, pero las pocas veces que me vi siéndolo, eras tú quien me acompañaba y me daba fuerzas cuando la maternidad debía ser priorizada, pero me podía el cansancio. Hoy quiero decirte que no puedo más. Sammy no duerme y yo, menos. No sé si es que me siento tan sola y que le transmito la emoción, que llora si no está en mis brazos. ¿Sabes lo que significa amar a alguien más que a ti mismo y aún así, sentir que nada está siendo suficiente? ¿En qué momento todo se arruinó? ¿En qué momento dejamos de mirar en la misma dirección?, ¿dejaste de conocer a la mujer que siempre fue la misma a tu lado? Nunca entenderé qué te pasó, solo me convenzo diciéndome que no me amabas lo suficiente y lo descubriste en cuanto te alejaste de mí por primera vez. Lo que sea que te haya pasado, yo no merecía tu desconfianza. Porque ahora estoy aquí con una bebé hermosa que es una copia fiel tuya, a quien no pude llamarla de otra forma que no fuera Samira porque necesito decirle Sammy y sentir que no estamos solas. Porque ya me imagino la historia que le contaré mientras crece y quiera saber quién es su padre. Una en la que tú serás el príncipe que recuerdo y esa versión tuya que no logro comprender, será el motivo por el que te mantienes lejos. Voy a fingir que sigues aquí, que puedes volver. No es sano, pero mi hija necesita un sueño. Y yo estoy dispuesta a todo para dárselo."
Después de ese me ocupé en documentar cada cosa. Le decía a Zoe la verdad, que sería para que su padre no se perdiera nada de lo más importante que ha vivido los últimos diez años. No volví a llorar frente a una cámara y me prometí que esa sería mi manera de seguir siendo yo misma. Porque ocultarle a Sam que tenía una hija, aunque él no me hubiera creído desde un inicio, era lo que me perseguía en sueños.
Jamás quise desearle el mal. Jamás dejé de amar al padre de mi hija. Y cada sonrisa en cada uno de sus vídeos, fue real y sincera, porque yo de verdad creía que sería para él.
Un ruido en el pasillo me hace reaccionar . Apago el televisor rápidamente y cuando salgo al pasillo, veo a Sammy caminando desde su habitación.
—Buenos días, mamá —susurra frotando sus ojos con los puños—. ¿Vamos a decorar el árbol antes de visitar a los Riley?
—Buenos días, mi niña —le doy un beso en la frente y le sonrío—. Por supuesto, pero primero debemos desayunar.
Treinta minutos después estamos sacando todo lo necesario para decorar el árbol. Sammy está muy entusiasmada y no deja de dar vueltas a mi alrededor para salirse con la suya.
—Mamá, ¿puedo hacerte una pregunta?
—Claro, cariño. Esa ya es una pregunta.
Me saca la lengua como una niña pequeña.
—¿Papá estaría orgulloso de mí?
Me atraganto con mi propia saliva al escucharla.
—Me gustaría conocerlo. Quiero saber si se verá como lo imagino. —Se queda en silencio un poco más—. Me gustaría que él fuera mi regalo de Navidad.