Esto era lo opuesto a mi rutina diaria. No estaba acostumbrada a una vida laboral tan exigente, tan cargada de formalidades que me generaban ansiedad. Me sentía pequeña e inútil en un mundo que Benet dominaba con absoluta naturalidad. No sabía si estaba preparada para esto, y el temor me carcomía por dentro. —¿Lo hice bien? —pregunté, incapaz de disimular mi inseguridad. —Mejor de lo que esperaba. Felicidades —Su respuesta provocó un alivio instantáneo que relajó mis hombros—. Aún eres joven, con el tiempo lo harás aún mejor. —Gracias. —Solo tómatelo con calma, Dian —dijo mientras presionaba el botón del ascensor principal. La reunión había finalizado después de cuatro agotadoras horas, durante las cuales no logré mantenerme concentrada ni treinta minutos seguidos. Mi mente divagó con

