Con su cabeza recostada en mi pecho, su cabello cubriendo sus hombros Isabella se quedó dormida. Después de haberla hecho mía, de a ver disfrutado cada parte de su cuerpo, de tocar, de explorar, nos dimos un baño en la tina y ambos en un silencio que, aunque no pueda creerlo, no se tornó incómodo. Al volver a la cama nos metimos entre las sabanas, sus besos en mi pecho, sus dedos trazando cada tatuaje que llevo plasmado en mi piel, sentía que me quemaba con cada tacto de su parte. No cabe duda que ella es mi fuego, no puedo creer que la hice mía, que yo he sido la primera vez de ella, de esta chica que no ha hecho más que darme dolor de cabeza, de hacerme recordar el pasado. Mis dedos suben y bajan en su brazo, su pierna enredada entre las mías, la luz de la luna se cuela por las cortina

