CAPITULO 2 (PARTE 3)

1045 Words
—¿Qué deseas de mí? —Deseo el apoyo de tu gens llegado el momento, se que los Flavius no nos dejaran el camino fácil—Era obvio, la ambición dentro de los ojos de Crispo era palpable y ahora Vitellinus había tomado control de gran parte de su familia y Adrianus tomaba la palabra en el palco del senado como si se tratara de un senador con gran experiencia. Iluso. Nadie creía sus palabras y Licinius sabia que aquellos discursos eran preparados por alguien más, después de los rumores sobre lo que paso en Britania no confiaba en el como hombre y mucho menos respetaba su lugar como senador. Maximilian era un hombre capaz, su sola presencia como general en las provincias causaba pánico y a la vez confianza, no lo había pensado dos veces para marcharse con las legiones a Britania e impedir una masacre, después de tanto tiempo conviviendo con barbaros los había aprendido a descifrar. Había sido educado por los mejores maestros y filósofos griegos durante sus primeros años, era la combinación perfecta que hacia a un buen emperador, educación y estrategia militar heredada por un padre que profesaba el mismo amor por la guerra. —Fijemos una fecha, pero antes quiero ver a la mujer—Solicitó pues había escuchado que la hija menor era una chica joven—He escuchado que no cruza los veinte años. —Por su edad no debes preocuparte, se que Galia es joven, pero sabrá darte todo lo que necesitas—Licinus comprendido de inmediato a lo que se refería, el senador era un hombre mayor de casi cuarenta y cinco años pero a simple vista era un hombre con una virilidad incuestionable y tenia un atractivo singular con esos ojos cafés caros y su corto cabello castaño oscuro aun sin canas, pero lo que más atraía de un hombre como el era la manera en la que persuadía a la gente con un par de palabras. —Me estas prometiendo mucho Thiagus, espero y puedas responderme a la medida. —Se que has pasado por mucho últimamente. —Así es, Fannia era una gran mujer, cuando regrese no pude mirar lo que quedaba de ella, me alegra saber que Maximilian se hizo cargo de darles muerte a los culpables y además socorrió mi hogar que ahora cuando desee también será el suyo y el de toda tu familia—Sus palabras le agradaron al cónsul pues no espero que Licinius se dejara convencer tan fácilmente, lo que no sabia era que realmente el senador siempre había deseado formar lazos fuertes y estables con los Julius y Claudius, lazos que con su matrimonio con Galia Claudia quedaría sellado para siempre—La casa será levantada desde los cimientos, no quiero tener que vivir en la misma zona donde se libero una masacre y se que tu hija tampoco. —Licinius—Fátima le llamo de inmediato por su nombre en cuanto lo observo a lado de su esposo—Me alegra que nos visites el día de hoy. —Gracias por la hospitalidad—Levantó su copa de vino en su dirección, detrás de ella una chica de rostro inocente, pero con mirada segadora y para inhibida caminaba con elegancia portando un pegado vestido verde que resaltaba sus curvas, era joven pero muy bella, la había mirado en pocas ocasiones, dos o tres, durante los eventos, pero nunca le puso gran atención pues tenia a su esposa a lado. —Ella es mi hija, Galia—Los ojos de la mujer le miraron directamente a los ojos con cierto desafío en ellos mientras le dedicaba una sonrisa coqueta. —Un gusto verlo de nuevo senador, posiblemente usted no me recuerde, pero yo si—Licinius sonrió al ver lo vivaz que era y con que soltura le hablaba—Nos hemos visto en cuatro ocasiones, pero ninguna vez formalmente. Galia era de esa manera, al mirarlo muchos pensamientos le llegaron a la cabeza, era un hombre mayor pero demasiado bien conservado y con una fortuna tentadora para cualquier mujer así que supo que mejor partido no podría encontrar en Roma, incluso su hermana no pudo encontrar un hombre un par de años mas grande que ella, los hombres mayores en Roma eran valiosos pues eran poderosos y con mucho que ofrecer, no deseaba un niño, deseaba un hombre y al mirarlo de cerca supo que había encontrado lo que deseaba. Al carajo los deseos de mamá—Pensó al recordar que no le había gustado nada casar a Galia con Licinius no porque fuera un hombre de su desagrado si no parecía traumada con el pensar de que Gia le había arrebatado el mas grande premio de su hija, Galia intentaba seguir el juego pero ella sabia mejor que nadie que fue su misma madre al tomar el veneno quien le robo esa posibilidad, Gia no era mala, nunca lo había sido pero su mamá le había hecho saber siempre que debía ser mejor que ella para así ganarse el ferviente amor de su padre, pero ella sabia que su padre las amaba a ambas. No odiaba a Gia, su madre le había casi obligado a guardarle un rencor inexistente y a actuar como no deseaba con ella. Agradecía no haber siquiera mirado una vez a Adrianus porque de ser así ahora estaría enredada con un hombre que no valía la pena en lo más mínimo. —Lamento no poder decir lo mismo, pero me alegra conocerla de cerca. —Se porque está aquí. —¡Galia! —Le riño su madre. —¿Y qué piensa sobre ello? —Le preguntó el hombre mientras su padre rogaba porque no dijera alguna tontería que arruinara los planes que tenía. —En que seremos una gran pareja—El cónsul rio. —Galia es una mujer vivaz, siempre lo ha sido—Alagó su padre mientras que el senador le daba la razón—Se que será una gran esposa. —Y no tengas dudas, padre, en que daré lo mejor de mi para serlo, será un placer para mi unir a nuestras familias a través de este matrimonio, por la fortaleza de las gens y por la gloria de sus nombres en Roma.
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