CAPITULO 2 (PARTE 4)

1202 Words
—¿Iremos? —Preguntó Gia a Maximilian mientras miraba el papel—Seria descortés negarnos a aceptar su invitación. —Pero es muy lejos—Replicó Maximilian—La salud de mi padre no esta tan bien como desearía, además Flavia me genera desconfianza y que decir del estúpido de Adrianus. Iremos, pero cuando este seguro de que todo estará bien, daremos unos meses a Augusto para recuperarse y después le tomare la palabra a Magnus. —¿Piensas en cuales sean los motivos de su invitación? —No lo sé, espero que no piense en jubilarse tan pronto—Bromeó—No quiero a Germania como provincia cuando tenga que tomar posición en una. Gia le miro no muy convencida. —Aun piensas en hacer eso sabiendo cuales son los verdaderos deseos de tu padre, se que ya no te presiona, pero debes de saber también que sus deseos deben ser los mismos, no debes ignorarle, así como así—Le aconsejo a ella—Piensa también en tu madre, puedo casi asegurar que no dejo a tu padre deseando que tu futuro fuera ser emperador. Maximilian esta vez no pareció enojado por sus palabras, a veces le irritaba no poder complacer a un hombre que le había dado tanto pero también dudaba al saber los peligros a los que estaría expuesto en ese lugar, no era secreto para nadie que su padre tomaba pequeñas dosis de veneno para evitar que fuera envenado y así crear inmunidad en contra de cualquier intento de derrocamiento, siendo emperador no había paz. —Sera lo mejor para ambos. —¿Hasta cuándo? —Nadie te hará daño mientras no les estorbes. —Maximilian no debemos tener miedo—Gia se acerco a él—El pasado es pasado. El pasado es pasado. —¡Madre! ¡Madre! —El pequeño niño golpeaba con fuerza el baúl, era imposible abrirlo pues había colocado otro mas grande sobre el impidiéndole salir, con esos ojos color ámbar había mirado toda clase de cosas, la más difícil de ellas la violación de su madre—¡Madre! Había mirado con ojos llenos de pánico como su cuerpo era arrastrado fuera de su vista, con sus manos hecha puños golpeaba la madera intentando salir a buscarla, sin embargo, cualquier intento por hacerlo era destruido por el dolor provocado por los golpes y que no movía la tapa y lo que la bloqueaba ni un solo segundo. —¡Búsquenlo! —Ese gritó se escucho como un eco por los pasillos, una mujer desesperada lo buscaba por todo el palacio sin detenerse ni un solo momento—¡Caius Maximilian! ¡Maximilian! La preocupada voz de su tía le hizo golpear nuevamente mientras lloraba temiendo nunca poder escapar, sus ojos aguados denotaban el miedo. —¡Hic sum! (Aquí estoy) —Gritó con todas sus fuerzas—¡Hic sum! Los pasos poco a poco se acercaron en su dirección, escuchaba el sonido de las armaduras de la Cohortes Pretorianae y eso le causo miedo, un hombre de ellos le había hecho daño a su madre y eso no se le olvidaría nunca. —¡Maximilian! —¡Tia Livia! —Gritaba el niño hasta que observo por las pequeñas ranuras a un hombre asomarse dejando mirar unos zapatos de pretoriano que le hicieron callar, de inmediato el hombre comunico que pensaba haberlo encontrado y Livia hizo su aparición detrás de él0 ofreciéndole confianza. —Sáquenlo—Ordenó mientras los hombres caminaban para liberarlo, quitaron los objetos que obstruían el baúl y cuando lo abrieron la mujer llorando lo sujeto por los hombros para sacarlo y apegarlo su pecho—Por los dioses, estaba tan preocupada de que te hubieran hecho daño. —¿Mamá donde esta? Livia se quedo callada sin saber que decirle, lo mejor seria hablar con la verdad pues no podría mentirle. —Aurelia, ella—Livia sintió que un nudo se creo en su garganta—Ella ha muerto. Los ojos del niño comenzaron a soltar un llanto cargado de dolor mientras miraba con ira al hombre que le había ayudado a escapar, uno de ellos le había hecho daño a su madre, Livia lo supo interpretar y rápidamente negó con la cabeza. —Han traicionado a nuestra familia, pero el hombre que lo ha hecho ya fue capturado, este hombre es leal, no debes pensar que todos son como el, pagara lo que le ha hecho a tu madre y también a tu padre, aunque se que solo se ha dejado engañar por Agripina—Livia lo apego a su pecho mientras lo abrazaba—Tu tío regresara pronto cuando sepa lo que ha pasado, pero tu estas bien. Lo alejo de su cuerpo para mirar su rostro buscando alguna herida. —Todo estará bien—Livia lo adoraba, era su sobrino y se le había permitido formar un lazo con el al no tener hijos, Aurelia le había permitido acercarse desde que era un bebé y eso había provocado que fuera cercana al niño de ojos color ámbar. La imagen horrible que estaba en el jardín fue inevitable de ver, su padre había muerto de una manera terrible que no se le deseaba a ningún ser humano. Livia le había encontrado cuando aún vivía, aunque de su boca brotaba sangre. —Ma…—Intentaba hablar Paolus mientras su cuñada le sujetaba. —Tranquilo—Livia no pudo evitar llorar mientras observaba al hermano menor de su marido dar sus últimos suspiros en este mundo—El dolor se desvanecerá—El hombre le sujeto fuertemente la mano para llamar su atención mientras intentaba no dejarse doblegar por el dolor y ahogarse con su propia sangre. —Mátenla—Articuló—Mátenla, Agripina debe morir—Con esos ojos abiertos lleno de impotencia le transmitió todo le vacío que sentía a la mujer que seria la ultima en mirarle con vida, mientras sentí que la vida se escapaba de su cuerpo recordó lo que había ocurrido, Agripina le había dicho que lo hacía por él, sin Maximilian y sin Aurelia ambos podrían hacer su vida pero lo que ella no sabia era que Paolus se negaría y que escogería morir antes de ver perecer a su hijo y esposa sin pelear. —Mátame a mí—Le dijo mientras Quintus lo sujetaba—Pero no te atrevas a tocar a mi hijo. Aurelia ya estaba muerta en ese momento, le mataron frente a sus ojos para hacerlo sentir miserable e impotente al no poder hacer nada para salvarla más que llorar su muerte. —El niño, el niño—Repitió Agripina—Morirá igual que todos. Mientras sentía como su cuerpo perdía movilidad miro a los ojos a Livia. —Maximilian debe ser emperador—Manifestó casi con su penúltimo aliento—Esa mi ultima voluntad y los deseos de Aurelia, eso era lo que mas deseaba y es lo que debe de pasar para que muera en paz…Prométemelo. Livia miro como se hacía a un lado para expulsar sangre por su boca. —Promételo. —Te lo prometo, lo prometo—Ratificó—Mi voluntad es la tuya desde ahora.  
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