—¿Quién le ha enviado esto?
—Mi primo.
Marius llevo las manos a su cabeza intentando encontrar el motivo por el que se estaban dando todas estas cosas, no debía ser bueno a menos que fuera un complot político para eliminar a los Flavius, era una gens odiada por su poder y mucho más por la corrupción con la que era dominada.
—¿Qué mas le ha dicho? —Preguntó el general mirándole.
—No ha dicho más.
—Sea lo que sea no debe ser algo bueno—Miro su nombramiento de reojo y se lo mostro al padre de Cornelia quien al leerlo sonrió, su hija iría muy lejos después de esto—Sin embargo, debe tener en cuenta de que lado debe de estar si lo que se esta formando es un bloque.
Su suegro levanto una ceja mientras asentía.
—Lo sé—Le hizo saber—Solo un loco le daría la espalda al emperador.
Aquella noche Marius miraba reacio el documento, estaba complacido pero inquieto, pensaba que había algo oculto en aquel documento que nadie le había dicho, lo que le había dicho el padre de su mujer le había dejado mucho mas preocupado de lo que ya esperaba, solo deseaba que fuera una estrategia de César para quitarse de encima a los que le agobiaban.
Sintió las manos de Cornelia acariciándole los hombres.
—¿Qué te pasa? —Le preguntó acariciando su cabello. Marius tardo en responderle.
—Algo no anda bien—Murmuró—Nada de lo que ocurre en Roma es casualidad.
—La suerte nos sonríe ¿Y tu crees que las cosas no andan bien? —Preguntó su esposa con notable curiosidad—Siempre has apoyado a Maximilian, no puedo evitar pensar que el tiene que ver algo con esto.
—Lo sé.
—¿Entonces?
—Hay cosas que están ocurriendo en Roma, parecen ser asuntos políticos sin importancia, pero se que hay algo mas y sin duda lo averiguare, dile a tu padre que si recibe alguna invitación de parte de un Claudio o un Julio que no dude en asistir, hazle saber cuál será la posición de ambos en esto.
—Me encantaría que en vez de ambos dijeras familia—Marius suspiro para después ponerse de pie, sujeto a Cornelia por las mejillas pues sabía que la tenía mal que a pesar de intentarlo muchas veces los dioses aun no le hubieran brindado un hijo.
—Ya, algún día no muy lejano tendremos una familia con numerosos hijos, tantos que no cabremos en esta casa y tendremos que ampliarla mucho más—Le dio un cálido beso en sus labios—No te presiones con ello se que tarde o temprano me harás el hombre mas feliz del mundo o bueno completaras mi felicidad porque ya soy feliz a tu lado.
Las palabras de Marius la tranquilizaron.
—No quiero verte de nuevo en peligro—Confesó ella—Cuando te fuiste a Britania con Caius pensé en que tal vez nunca te vería de nuevo y sufrí demasiado al darme cuenta que no tenía nada tuyo.
—Nada malo ocurrirá, el puesto de gobernador es más político que militar, después de lo que ocurrió en la isla no creo que nadie desee cuestionar al imperio—Cornelia asintió—Lleva las prendas mas acogedoras que encuentres porque sé qué hará frio.
Entonces la sostuvo por su moldeado trasero para subirla sobre él mientras tomaba sus labios con deseo, Cornelia había sido la mujer que los dioses le habían concedido y con o sin hijos ella era lo mas importante de su vida.
En Roma los acontecimientos que se estaban dando no eran menores, Licinius caminaba con esa elegancia que lo caracterizaba por los extensos pasillos de la casa de Thiagus mientras ambos hablaban de lo que ocurriría más adelante.
—Mi familia velara por los intereses de la tuya—Comentó el cónsul—No tengas dudas de mi lealtad para con mis amigos, pero espero lo mismo de ellos, mi lealtad con la gens Julia es ciega y se que tu tampoco confraternas con los Flavios así que propongo unir nuestra familia por un bien común.
—¿Planeas que me una a ti a través de tu hija?
—Planeo que te unas a mi y a Maximilian a través de mi hija—Mintió pues sabia que su yerno aun no tenia idea de lo que ocurría, pero su padre el emperador estaba preparando todo para que llegado el momento no pudiera negarse—Se que tenias roces con Crispo y ahora los tiene con Vitellinus, si me apoyas en esto vendrán muchos beneficios para tu familia.
Licinus sonrió al notar lo perspicaz que estaba siendo el hombre, noto por su tono de voz que las cosas que le prometía serían muy gratificantes.
—Se que no me estás diciendo todo.
—Te lo diré con una copa de vino y un buen entretenimiento—Cuando entraron a la principal ya les esperaban varias esclavas con voluptuosos trajes que meneaban de un lado a otro de manera seductora, los ojos de Licinus se alejaron un poco del martirio de los últimos meses cuando perdió a Fannia, había sido tan doloroso perderla y mucho mas sabiendo que llevaba a su hijo con ella, ese día estaba decidido a dar por terminado su pasado y enfocarse en el futuro y lo que el cónsul le dijo mientras bebían la copa de vino prometida le intereso.
—Se que sabes que César ya no es tan vigoroso como era hace diez años, su enfermedad no es tan pasajera como se creía y me temo que comienza a preocuparle su posición y quien quedara como su heredero—Licinius bufo, durante un tiempo estuvieron seguros, eran mas que obvio que Maximilian era le prospecto mas a fin y eso se reitero cuando lo mando a llamar para que regresara a Roma, sin embargo, desde que se había casado con Flavia había nacido un amague de duda, Adrianus podría también ganarse el favor de César.
—También se del lado de quien te pondrás—Inquirió el senador sonriendo mientras miraba de reojo a una mujer—Es obvio que preparas el ascenso de tu yerno como emperador ¿O me equivoco?
—No, no lo haces, date cuenta que si te unes a mi familia también lo harás a la suya. Tan solo imagina que tu esposa será la hermana de la Mater Patriae de Roma—La oferta era tentadora, podría llegar a ocupar un puesto demasiado bueno, incluso podría alcanzar ese sueño obstruido de ser cónsul.